InternacionalesAsesinatos | Ana Julia Quezada

Comenzó el mediático juicio en España a Ana Julia Quezada, la mujer que mató a su hijastro

La dominicana participó de la búsqueda del cuerpo. El niño le dijo: "negra feo, tú no me mandas". Se declaró inocente de los cargos. Su brutal relato.

La justicia española empezó este lunes a juzgar la muerte de Gabriel Cruz, un niño de ocho años asesinado por su madrastra dominicana que podría recibir la máxima pena posible en España.

El proceso en la Audiencia Provincial de Almería (sureste) comenzó con la conformación del jurado popular y deberá seguir con la declaración de Ana Julia Quezada, quien ya confesó los hechos durante la investigación.

La defensa de la acusada, que llegó esposada y seria al tribunal en medio de un fuerte despliegue de seguridad, califica el suceso como un homicidio imprudente.

En cambio, la fiscalía y la acusación particular lo entienden como un asesinato con alevosía y reclaman para ella la máxima pena posible, prisión permanente revisable.

Esta condena, incluida en el código penal español en 2015, supone un mínimo de 25 años de encarcelamiento prolongables de forma ilimitada si el reo no muestra señales de haberse rehabilitado.

Gabriel Cruz desapareció el 27 de febrero de 2018 en la pequeña población de Las Hortichuelas, a pocos kilómetros de las paradisíacas playas del Cabo de Gata de Almería, después de haber estado en casa de su abuela.

Durante doce días se desplegó un dispositivo de búsqueda del pequeño, hijo único de padres separados, cuyo cadáver finalmente se encontró en el maletero del coche de Quezada con síntomas de haber sido asfixiado, según la documentación judicial.

Los investigadores sospecharon de la madrastra después de que fuera ella quien encontrara una camiseta del niño a cuatro kilómetros de donde desapareció, en una zona que ya había sido batida en dos ocasiones.

El comandante de la Guardia Civil en Almería Juan Jesús Reina la describió en 2018 como "una persona con una frialdad máxima (...) posesiva, egocéntrica" y "bastante manipuladora".

Si la desaparición del pequeño Gabriel y la desesperación de sus padres conmovió España, el presunto papel de su madrastra despertó coléricas reacciones contra ella.

Muy seguido mediáticamente, el proceso debe alargarse hasta el 18 de septiembre y una parte se celebrará a puerta cerrada a petición de la familia.

"LO MATÉ PERO SOY INOCENTE"

"Inocente". Así se ha declarado esta mañana Ana Julia Quezada respecto de la muerte de Gabriel Cruz, de ocho años, el 27 de febrero de 2018. "¿Dio usted muerte a Gabriel Cruz ese día?", le ha preguntado la Fiscal. "Sí", ha contestado ella.

Quezada tratará de convencer al tribunal de que la muerte del pequeño se produjo de forma accidental.

"Me llamó 'negra fea', le tapé la boca y no recuerdo más; sólo quería que se callara", afirmó llorando.

La homicida confesa de Gabriel Cruz contó que conoció a Ángel Cruz el 24 de diciembre de 2016, y a su hijo Gabriel una semana después. "Era un niño muy educado", dijo.

Pero luego marcó matices. "Una vez sí dijo: 'Qué nariz tienes tan fea, parece que te han dado una hostia', pero no lo tomamos en cuenta, nos reímos".

Ana Julia Quezada fue consultada sobre su participación en la búsqueda del cuerpo del niño.

La fiscal preguntó: "¿Recuerda usted una conversación con una persona que se identifica como Miguel Ángel, el 5 de marzo de 2018, en plena búsqueda, dijo: 'La madre es una hija de puta, mala persona, debe mucho dinero a la gente y la están investigando'?"

"No lo recuerdo", contestó Ana Julia.

Acto seguido, de pedido de la fiscal, se emite un audio que demuestra que la mujer estaba mintiendo descaradamente.

"Se reconoce usted en esa conversación?". "Sí, soy yo", respondió.

¿QUÉ PASÓ?

La acusada relató lo que ocurrió de aquel 27 de febrero de la siguiente manera:.

"Ángel se fue a trabajar, yo me hice un café, Gabriel se levantó y le pregunté si quería que le hiciera el desayuno, me dijo que sí y le hice un colacao y un bollo. Se vistió él solo, no es cierto que le vistiera yo. Al levantarse le dijo a la abuela: 'Qué ropa me pongo'. 'La que te pusiste ayer'. Él salió a la calle y yo le dije: 'Ponte una chaqueta que hace fresquito'. Se fue y regresó luego, y se volvió a marchar".

"Luego comimos los tres. Macarrones con tomate y bonito, creo. La abuela hizo algo rápido. Acabamos de comer y la abuela le dejó ir después de 10 minutos. Serían las tres y media. Lo vi antes de irse en la verja. Yo estaba en la puerta de la casa", contó.

"Llegamos a la finca. Él se baja y da vueltas por el jardín, yo quito la alarma y ventilo la casa. Luego entró Gabriel por la habitación del medio. Entra Gabriel con un hacha en la mano. Le digo: 'Deja el hacha que te puedes hacer daño'. 'Calla, que tú no me mandas, que eres fea, que yo no quiero que estés con mi padre, que yo quiero que mi padre se case con mi madre, vete a tu país'".

"Dijo: 'Negra, fea, que te calles, que tú no me mandas...'. Y yo sólo quería que se callara, sólo quería que se callara...".

"Yo le tapo la nariz y la boca, y de lo demás no me acuerdo", sostuvo.

"Cuando le solté le puse la mano en el pecho y ya no respiraba. Me quedé ahí un rato y después me puse a fumar como loca. Salía, entraba, no sabía lo que hacía. Veo una pala y decido hacer un agujero", señaló.

"La pala estaba al lado de la alberca, en el jardín. No me costó, lo hice sin esfuerzo", dijo ante la audiencia.

"Luego vuelvo a la habitación y decido quitarle la ropa, no sé muy bien por qué. Lo cojo de los dos bracitos, y lo llevo fuera al agujero", señaló.

"Yo no lo saqué con cuidado ni nada, simplemente le arrastré".

"Fui a coger el hacha porque se le quedó una manita fuera a Gabriel... Le golpeé con la zona cortante. Creo que le di uno, con la cabeza girada, mirando a otro lado... No pude y ya le tapé con la tierra. Se veía un bulto y yo lo allané, lo emparejé", dijo.

"Mi intención era que se callara. No llamé a nadie porque no pude decírselo a nadie... Si yo llevé gente alli con la intención de contárselo... Al hijo de mi pareja, cómo se lo digo yo", ha gritado sollozando.

DIAZEPAM PARA "CALMAR MI CONCIENCIA"

Tras eso, Ana Julia guardó la ropa del niño en un armario de la casa de la abuela en Las Hortichuelas.

"A las seis me llama Ángel y me dice que su madre no encuentra al niño. Yo fui a casa de Juancar, un amigo nuestro".

Ha admitido que ahí comenzó a participar en la búsqueda: "Me tomaba cuatro y cinco pastillas de diazepam diarias para poder calmar mi conciencia".

OTRA SOSPECHA

La frialdad con la que actuó Ana Julia Quezada la deja a las puertas de otra investigación criminal: la de una de sus hijas.

En 1996, la niña de 4 años cayó desde un balcón en Burgos. El caso fue cerrado por accidente.

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