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CULTURA

Rosa Luna: vedette, activista afro, feminista, wilsonista y de Nacional

Rosa Luna denunció activamente las vulnerabilidades de la población afrouruguaya y de las mujeres. Será homenajeada en llamadas de San Baltasar.

Por María Fernanda Souza @
05 de enero de 2018, 09:07hs

La hija de "la Chunga" nació en 1937, entre las varias paredes del Conventillo Mediomundo, en Cuareim 1080. Rosa Amelia Luna fue el nombre escogido, que operó como un conjuro sobre esta mujer que florecería y brillaría en las noches de verano.

Rosa Luna fue la vedette más popular de la historia del Uruguay, y esta es su faceta más conocida, pero Rosa fue un personaje público de gran calado en la sociedad montevideana, con fuertes convicciones morales y sociales, y la disposición para luchar por ellas.

Mujer, negra y pobre, no terminó la escuela porque su padrastro la obligó a desempeñarse como sirvienta.

Abandonó esa vida para enredarse en el mundo del hampa de la noche montevideana, entre fiolos y prostitutas, donde forjó su carácter. En 1968 protagonizó un hecho de sangre en el Café Antequera, y consiguió su libertad cuando todos los testigos señalaron que fue en defensa propia.

Fue uno de los primeros casos de defensa propia en la historia judicial del país.

Dueña de una gran conciencia social, Rosa Luna denunció activamente las vulnerabilidades de la población afrouruguaya y de las mujeres. Sobre eso escribía en su columna semanal en La República.

Rosa Luna decía que los hombres no miraban sus ojos, y que se enamoró y se casó con el único que sí lo hizo: José Raúl Abirad, 20 años menor que ella.

Juntos adoptaron a un niño años después. Tener una casa, perros y un hijo, eran los humildes anhelos de esta mujer a la que le cantaron Jaime Roos, Horacio Guarany, y tantos otros ilustres.

Rosa también era militante del Partido Nacional, ferviente admiradora de Wilson Ferreira Aldunate, con quien incluso se reunió cuando tuvo desavenencias en ocasión del plebiscito por el voto verde.

Manteniéndose wilsonista, "la negra más blanca", como ella misma decía, trilló las calles convenciendo a la gente de votar en contra de la Ley de Caducidad.

Quienes la conocieron hablan de una bolsilluda rabiosa, que nunca faltaba a los partidos de Nacional, e incluso los seguía desde el exterior.

En su faceta más conocida, la vedette embrujaba con su exuberancia y su baile sagrado al ritmo de los tambores.

Emprendedora y aguerrida fundó su propia compañía, con su propia banda. Creaba coreografías, trajes, compuso canciones y las cantó.

En 1993 Rosa Luna viajó a Toronto, Canadá. Allí su corazón falló, y la encontró la muerte. Miles de personas recibieron su cuerpo y lo acompañaron al sitio de su descanso final al ritmo de tambores.

"Los dos varones negros parecían padre e hijo. Pero no lo eran. El veterano era alto y corpulento, totalmente calvo y con unos espesos bigotes blanquecinos. El joven tenía casi su misma altura, las motas prolijamente cortadas y un aro en la oreja izquierda. Ambos vestían trajes oscuros con corbatas negras, y tenían la misma mirada triste. Caminaban despacio, como si tuvieran todo el tiempo del mundo, por Isla de Flores, cargando tambores en sus espaldas. -¿Cómo te sentís? -preguntó de repente el veterano. El joven movió la cabeza de un lado a otro. -Más o menos. Es la primera vez que toco en un entierro. -No será la última, te lo puedo garantizar. Lo hiciste muy bien. Hoy los tambores han llorado como nunca antes".

Con este pasaje que evoca su propia vivencia comienza la novela más reciente de Jorge Chagas, "La Diosa y la Noche: la novela de Rosa Luna".

Chagas es novelista, politólogo, historiador y periodista, y un referente de la comunidad afrouruguaya.

En las llamadas de San Baltasar de este sábado 6 de enero, que avanzarán por Isla de Flores, los tambores sonarán otra vez en honor a Rosa Luna.

Si no puede ver el video, cliquee aquí.

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