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Periodista reveló por qué no informó las palizas que Richard Nixon le daba a su esposa Pat

El premio Pulitzer Seymour Hersh lanzó un libro en el que contó la duda ética que tuvo al confirmar la noticia. Una nueva mirada a la luz del #MeToo

A los 82 años, el periodista de investigación Seymour Hersh reveló tener firme la versión de que el expresidente estadounidense Richard Nixon daba brutales palizas a su mujer, Pat, que determinaron su hospitalización en varias oportunidades.

Hersch, premio Pulitzer, uno de los cronistas más apreciados en Washington, contó que nunca dio la noticia porque no sabía como contrastarla con la información pública disponible sobre la gestión del mandatario que salió por la puerta trasera tras el escándalo de Watergate.

Estas disquisiciones salieron publicadas en "Reportero", las memorias de Hersh que acaba de publicar la Editorial Península

Ahora, a la luz del movimiento #MeToo, el consagrado investigador entiende que a lo mejor pudo haber sido información relevante para el público.

Poco después de que Nixon fuera destituido en agosto de 1974 regresó a su casa en San Clemente, California, en primera línea de mar.

Al cabo de unos días una fuente llamó al periodista para contarle que Pat Nixon había sido ingresada en urgencias con señales de haber sido duramente golpeada.

"Puedo decir que la persona que me hablaba manejaba una información muy precisa sobre el alcance de las lesiones y sobre la indignación del facultativo de guardia que la trató. Yo no tenía ni idea de qué hacer con aquella información, si es que debía hacer algo, pero me mantuve fiel a la vieja máxima del City News Bureau: «Si tu madre te dice que te quiere, contrástalo»", dijo Hersch.

Sin embargo, el investigador siguió trabajando en el tema.

"Había llegado a conocer bastante bien a John Ehrlichman (principal confidente de Nixon) , así que le llamé. Me asombró respondiéndome que tenía conocimiento de dos incidentes previos en los que Nixon había agredido a su mujer. La primera vez fue diez días después de perder las elecciones a gobernador de California en 1962, momento en que declaró amargamente ante la prensa que aquella era su última contienda electoral".

Nixon dijo tras aquella resonante derrota (que siguió a las elecciones perdidas con Jack Kennedy) que "ya no se dejaría apalear más"

Ehrlichman contó que una segunda agresión tuvo lugar durante los años de Nixon en la Casa Blanca.

Yo no publiqué la noticia en su momento y no recuerdo haber hablado de ella con los redactores de la delegación de Washington. Sí pensé en convertir lo que sabía en una nota al pie de un libro posterior sobre Kissinger, pero finalmente decidí no hacerlo. Abordé el hecho una vez más durante una charla que tuvo lugar en 1998 con colegas periodistas en la Fundación Nieman", sostuvo el periodista.

La explicación que dio es parte de un debate que sigue hasta hoy sobre la deontología del periodismo sobre vida pública y vida privada.

"Expliqué que habría publicado lo de las agresiones si hubieran sido un ejemplo de por qué su vida personal afectaba a sus políticas, pero no había prueba del vínculo. Añadí que no se trataba de un caso en el que Nixon hubiera ido en busca de su mujer con intención de golpearla y, al no encontrarla, hubiera decidido bombardear Camboya".

Su explicación no confirmó a periodistas más jóvenes que le han recriminado su silencio.

Hersh recibió como respuesta que las agresiones se consideran delito en muchas jurisdicciones y no entendían que no hubiera optado por denunciar un delito. «¿Y si hubiera cometido otro delito?», me preguntaron. «¿Y si hubiera atracado un banco?», le dijeron.

Y agregó: "Lo único que pude responder en aquella época, en mi ignorancia, es que no veía el incidente como un delito. Entonces no comprendía, como sí comprendían las mujeres que me cuestionaban, que lo que Nixon había cometido era un acto delictivo. Yo debería haber informado de lo que sabía en su momento o, si al hacerlo hubiera comprometido a mi fuente, haberme asegurado de que lo hiciera otra persona".

Hersh es nombre propio en Washington desde finales de los 60, cuando cubrió escándalos de la CIA o la matanza de May Lai (Vietnam), y su carrera ha seguido vigente hasta la actualidad. Sus relevaciones sobre las condiciones infrahumanas de los prisioneros en Abu Ghraib o la cacería que dio muerte a Osama Bin Laden todavía es una referencia sobre cómo la investigación periodística juega un papel fundamental en las sociedades.

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