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Los desafíos de enfrentar el mar: el sacrificio de ser pescador y la pasión por el buceo

Con el objetivo de tomar conciencia sobre la importancia para el ser humano y el respeto que se le debe tener, hoy se celebra el Día Mundial de los Océanos.

Hoy se celebra el Día Mundial de los Océanos, una jornada designada por las Naciones Unidas con el objetivo de tomar conciencia sobre la importancia para el ser humano y el respeto que se le debe tener.

Son la mayor parte de nuestro planeta, ocupan el 71% de la superficie terrestre y absorben grandes cantidades de dióxido de carbono, siendo claves para controlar el impacto del calentamiento global.

Según datos de la ONU, el sustento de más de tres millones de personas depende de la biodiversidad del mar.

En Uruguay, se estima que cada persona genera un kilo de basura al día. Colillas, bolsas, botellas y empaques plásticos, entre otros materiales, terminan en mares y ríos y de ellos al océano. Por eso, se estima que para el 2050 un 99% de las aves marinas habrá ingerido plásticos.

Con más de 600 kilómetros de costa entre el Río de la Plata y el Océano Atlántico, cientos de pescadores, entre profesionales y artesanales, a diario tiran sus redes.

Víctor Olivera habló del sacrificio de ser pescador, cuando un temporal los sorprende en el mar o por el mal tiempo no pueden salir o saliendo no pescan y van en gastos.

Es en ese sacrificio que muchas veces también van pérdidas humanas. Es el caso de Lucrecio Veiga, quien falleció a los 26 años. Salió del Puerto de La Paloma, dejando tres hijos a su espera.

Su hermana Aida contó a Subrayado que se tiró a rescatar a un compañero que había caído al agua. Ambos murieron por hipotermia.

Y en este Día Mundial de los Océanos, Zenón Pereya, un buceador de La Paloma cuenta su experiencia, entre el amor al océano y el temor de lo desconocido cada vez que se sumerge.

Bucear en una pasión, se siente o no, señala Zenón, quién jubilado del cuerpo de buceo y salvamento de la Armada, sigue buceando, siendo referente en búsquedas en la zona.

Una cosa es sumergirse en el agua a 23 grados en el medio de un arrecife de coral o junto a flora, peces, rocas, próximo a algún barco hundido, y otra, muy diferente, es meterse por una emergencia.

Para sumergirse lo mejor es siempre hacerlo de a dos, pero si se está solo, señala Zenón, estar concentrado, pensar en la boca, los pulmones, en el tanque de oxígeno y no entrar en pánico, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

TESTIMONIO OCEANO

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