Nadie sabe muy bien qué es lo que pasa en Brasil. Ni el mismo gobierno entiende por qué hay millones de personas en las calles tomando por asalto sitios públicos, cuando el gobierno pasa uno de los momentos de más popularidad de la historia.
La larga lista de promesas que sepultó el Mundial de Brasil
El gobierno había prometido multimillonarias obras de transporte e infraestructura. Pero muchas se suspendieron por ineficacia e irregularidades.
El jefe de Gabinete, Gilberto Carvalho, declaró que el Gobierno no consigue entender las manifestaciones, que son complejas y múltiples y que se necesita humildad para interpretarlas.
Un posible origen está en la promesa iniciada en 2011 por el entonces ministro de Deportes, Orlando Silva, quien justificó el enorme costo que derivará la infraestructura del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de Río 2016 porque el mismo redundaría en importantes obras de infraestructura para el país.
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“La Copa del Mundo funciona como un catalizador”, dijo Silva. “tenemos una gran oportunidad de ejecutar planes de inversión u mejorar la calidad de los servicios en las grandes ciudades, sobre todo en transporte público”.
El documento elevado por el Ministerio de Deportes prevía 50 megaobras de infraestructura por 11,5 billones de reales para las doce ciudades sedes de la copa del Mundo.
De esas 50 obras ya fueron canceladas 13 en diez ciudades. Otras fueron sustituidas por trabajos de menos impacto, según una investigación de la Agencia Pública, un bureau de periodismo de investigación especializado en cuestiones de Estado.
El enojo que comenzó hace dos semanas con una tímida protesta de 2.000 personas llevada a cabo por una casi anónima ONG llamada Pase Livre, ahora se convirtió en una marea humana de millones y tiene jaqueado al gobierno de Dilma Rousseff. Lo que comenzó por el aumento del precio del boleto en San Pablo, se extendió a todo Brasil y a hoy conforma una intensa agenda de asuntos que casi todos desembocan en el gasto público y en la gestión de los gobiernos locales, estaduales, e involucran a la tercera administración en manos del PT.
El poeta Ferreira Gullar escribió en O Estado de Sao Paulo que en sus 82 años de vida nunca vio unas protestas de tal proporción y durante tanto tiempo.
E gobierno tiene serios problemas para analizar los datos de la realidad. Nunca tantas personas hablaron al mismo tiempo de tantos temas a la vez. Y además, por si fuera poco, es una maroma humana que no tiene líderes, no sigue protocolos y los dictados de su plataforma reivindicativa es tan amplia como inefable.
Aturdida, Roussef tardó 12 días en pronunciarse desde la primera marcha del 6 de junio. Lo hizo sí con mucha energía. Fue a San Pablo y obligó al alcalde a bajar el precio del boleto, pese a que Fernando Haddad había dicho que el subsidio costaría fortunas (2.000 millones de euros), además de ser una medida de corte populista. Este informe de Subrayado te muestra qué fue lo que pasó con el boleto en San Pablo. Haddad es del Partido de los Trabajadores, igual que Lula, igual que la presidenta.
Los brasileños no recuerdan que haya pasado algo similar en 28 años. La Policía tuvo que afrontar el paso de las masas en el presidencial Planalto e Itamaraty -sede de la diplomacia brasileña- , dos símbolos de la majestuosa modernidad de Brasilia.
Ayer Rousseff se reunió con sus ministros y convocó a los jefes estaduales. Después grabó un video de 11 minutos para pedir calma y hablar de las marchas.
“Estamos siguiendo con mucha atención con mucha atención las manifestaciones que suceden en el país. Ellas muestran la fuerza de nuestra democracia y el deseo de la juventud de hacer avanzar a Brasil”, dijo.
Según una crónica de El País de Madrid, Dilma le habló también a la mayoría silenciosa que espera en sus casas la dilucidación de este episodio, esta suerte de “invierno brasileño” -la contracara de la primavera árabe- que está a punto de desmadrarse.
“Si dejamos que la violencia nos haga perder el rumbo estaremos no sólo desperdiciando una gran oportunidad histórica, sino corriendo el riesgo de perder muchas cosas. (…) Brasil luchó mucho para convertirse en un país democrático. Y también está luchando mucho para convertirse en un país más justo. No fue fácil llegar adonde llegamos, como tampoco es fácil llegar adonde desean muchos de los que salieron a las calles”.
El objetivo de ese pacto será diseñar un plan de movilidad que privilegie el transporte colectivo.
La presidenta dijo también que se destinará el 100% de los recursos del petróleo a la educación y aseguró que traería de inmediato a miles de médicos desde el extranjero.
Algunos analistas como Igior Gielow, de Folha de San Pablo, escribieron al día siguiente que se trata de “música vieja para nuevos oyentes”. Los más críticos con la presidenta, tanto desde la izquierda como desde la derecha, indicaron que Rousseff ofreció un discurso banal, sin soluciones claras, sólo con el objetivo de aplacar las protestas y contentar al mayor número de gente.
Este sábado las protestas continuaron. Hubo intercambio de agresiones. Muchos se preguntan quiénes están detrás de esta manifestación desestabilizante.
También estñan quienes se preguntan por qué el gobierno brasileño no puede cumplir sus promesas de mejores obras públicas. Agencia Pública sostiene en un informe que algunas de los megaproyectos debieron ser interumpidos por sospechas de irregularidades. Es el caso de un tren que uniría Brasilia con la terminal rodoviaria Asas de Sul. Las obras comenzaron en 2009, pero en 2010 fueron detenidas ante la denuncia de la fiscalía sobre un presunto fraude al favorecer a dos empresasDalcon Engenharia y Altran. Según la denuncia, son la misma empresa, y el expresidente del servicio de Metro-DF, gaspar de Souza, fue acusado de mantener vínculos estrechos con el grupo económico. La licitación fue cancelada y luego nunca más se pudo volver a convocar. El propio gobernador pidió que la sacaran del plan maestro de infraestructura.
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