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El PBI en revisión

Varias novedades en la actividad económica están poniendo en duda la proyección de crecimiento del 3% en el PBI del Uruguay para este año, número que –hasta hace poco- era un consenso general entre los analistas y el propio gobierno.

Por un lado, el derrumbe de la producción de soja, vapuleada por el clima, que caerá casi 2 millones de toneladas (un descenso del 60% respecto a 2017), lo que recortaría cerca de U$S 600 millones al ingreso por exportaciones (más de 1% del PBI). A esto hay que agregar una previsible reducción en la faena, luego de un arranque a buen tren en el primer trimestre.

A nivel industrial, los datos son mixtos: la refinería de ANCAP volvió a operar y sumará al aumento de la actividad, después de la parada del año pasado (más larga de lo planeado, por problemas gremiales). El resto de la industria, sin embargo, arrancó el año con una caída de 4,4% en el primer trimestre y parece difícil una recuperación de tal magnitud que compense el arranque.

Lo de la refinería es paradójico, pues si bien su retorno a la actividad suma al PBI, es dudoso que sume a la productividad general y el agregado de valor en la economía. Por si fuera poco, el aumento en el petróleo llevará –casi seguro- a un aumento en el precio de los combustibles, otro factor más de dificultad para el consumo y la producción.

En el comercio el panorama es mixto: en el primer trimestre las ventas en varios rubros subieron, particularmente por las colocaciones de productos importados. Pero otros sectores retrocedieron. Las ventas de supermercados (un indicador amplio) subieron 2,4%.

Este escenario comercial puede variar en forma significativa a partir de la suba del dólar, que encarece los productos importados y tiende a desestimular las compras de bienes durables (electrodomésticos, automóviles, inmuebles). Las ventas de automóviles 0 km ya cayeron 7% en el primer cuatrimestre y con la suba del dólar parece difícil una recuperación que lo compense.

Además, la suba del dólar no se ha dado solo en Uruguay: la crisis cambiaria argentina (reflejo de problemas de fondo en la economía vecina), y la suba del dólar en Brasil, harán que la región nos juegue más en contra que a favor en lo que resta del año.

Así, en una primera aproximación, parece difícil que la economía crezca 3% como se proyectó en un principio. Por más que el espíritu mundialista contagia alegría y optimismo, el partido está difícil.

Estos cambios seguramente afectarán la recaudación, que ya no tiene el empuje que le dio el ajuste fiscal de 2016/2017. El aumento del dólar, además, seguramente afectará la recaudación de impuestos al consumo (IVA e IMESI), si es que se concreta una moderación en las ventas.

Es ineludible incorporar este nuevo escenario en la próxima discusión sobre la Rendición de Cuentas, porque el gasto ya tiene un aumento “inercial”, predefinido, y todo indica que no habrá más para disponer si no se quiere empeorar la situación fiscal. Más por el contrario, puede haber menos…

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