Economía

Dos visiones, una realidad

Todos los analistas y técnicos de instituciones financieras proyectan que la economía uruguaya crecerá menos en 2019 de lo que lo hizo en 2018: el aumento del PBI pasará de 1,9% a 1,2%. Sin embargo, el gobierno tiene una visión diferente: proyecta una moderada aceleración, con un crecimiento que se ubicaría entre 2,5 y 3,0% el año próximo, según señaló el presidente Vázquez en ADM.

La diferencia de visiones es relevante porque el Estado uruguayo tiene un alto déficit fiscal (4% del PBI) y si la economía crece poco (como esperan los analistas), también lo hará la recaudación y –por tanto- será más difícil achicar el rojo en las cuentas estatales. Esto llevaría a un mayor endeudamiento, con el riesgo de entrar en un círculo vicioso: más deuda, más intereses, más déficit.

A mi juicio el gobierno tiene un exceso de optimismo. Es cierto que en 2019 habrá factores que jugarán a favor: las cosechas agrícolas –si no sucede alguna calamidad excepcional- se recuperarán, lo que generará más actividad en el campo, las rutas y los puertos. Además, se espera que arranquen las obras del Ferrocarril Central y otras vinculadas al proyecto de UPM, lo que impactará en el empleo y parte de la industria.

Pero la región sigue complicada: Argentina tendrá otro año malo y hay argumentos para pensar que el impacto negativo en Uruguay será mayor en 2019 que en 2018. Por lo pronto, la temporada turística pinta difícil: las reservas para la segunda quincena de enero y febrero cayeron ostensiblemente respecto al año pasado. No se trata de un “derrumbe”, ni cerca, pero sí un ajuste que jugará en contra.

En Brasil el nuevo gobierno de Bolsonaro (que asume en enero) generó un fuerte optimismo a nivel empresarial y financiero por la expectativa de reformas y medidas pro mercado. Pero una cosa son los deseos y otra las realidades: Brasil crece poco y tiene un déficit fiscal de más de 7% del PBI. Necesita un ajuste importante, que se daría a través de una reforma de la seguridad social y reducciones de gastos, incluyendo privatizaciones. Todo lo cual conllevará costos políticos y sociales.

Así las cosas, todo indica que Argentina y Brasil, más que impulsar la economía uruguaya, pueden estar afectándola, además de competir más con sus productos en terceros mercados. A nivel global, China y EE.UU. crecerán menos, lo que también generará restricciones. Además, en 2019 ya no estará el ‘efecto ANCAP’, que este año sumó más de medio punto de PBI al poner en marcha nuevamente la refinería.

Por todo esto, parece razonable esperar un crecimiento más cercano al 1% que al 2%. Más de eso, sería para celebrar. En cualquier caso no se plantea un escenario grave: persistirán las dificultades de empleo y competitividad, pero Uruguay gozará de un tiempo más para procesar cambios imprescindibles, en la seguridad social, en la política de empleo y la política comercial. ¿Se concretarán? El año electoral no parece ser el ambiente más favorable. Pero si no se encaran los problemas pronto, pronto estaremos en problemas.

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