Policialesrehenes en peluquería

De principio a fin, qué pasó dentro de la peluquería y el rol clave de la dueña

Todo comenzó a las 13:30, cuando Brian entró armado y exigió hablar con su ex. "Tengo al diablo en el cuerpo, los voy a matar a todos".

Eran las 13:30 del jueves 10 de enero cuando en la peluquería “Amor Mío” de la avenida Soca y Gestido habían 14 personas, entre empleados, clientes y la dueña del local Mónica Fernández, que tendría un rol clave en las próximas cinco horas.

A esa hora entró a la peluquería Brian Gastón Machado, soltero, de 24 años. Vestía pantalón de jean, una remera azul oscuro y campera gris. Pelo corto, ojos claros y un arito en su oreja izquierda.

En un morral tenía dos armas de fuego: un revólver Tiver calibre 22 largo, con ocho balas y la numeración limada, y un revólver Smith & Wesson calibre 32 largo con tres balas y el número 535767 impreso.

Ni bien entró exigió a los gritos hablar con una de las empleadas de la peluquería, de 18 años, que era su ex novia.

La dueña del local, Mónica, se acercó y le dijo que su ex estaba trabajando, que cuando terminara de hacerle las uñas a una clienta podrían hablar y que mientras esperara afuera.

La respuesta del joven fue violenta. Saca las dos armas y grita: “todos al piso”. “Quiero hablar con ella y al que se mueva le pego un tiro”, agregó según contaron luego a la Policía varios testigos que estaban dentro del local. Tenía 14 rehenes en la peluquería.

El viernes 11 Machado fue enviado a prisión por cinco delitos.

LLAMADAS AL 911

Mónica, la dueña de la peluquería, se aleja rápidamente, toma un teléfono y marca el 911 de emergencias policiales. No habla, pero lo deja descolgado, escondido en un escritorio, para que se pueda escuchar lo que pasaba dentro del local.

Por otro lado una clienta logra esconderse y desde su celular le manda un mensaje al novio. Le pide que llame a la Policía, que estaba secuestrada en la peluquería.

Mientras tanto, Brian seguía gritando, amenazando a su ex novia y a todas las personas que había dentro del local.”Te voy a matar a vos y me voy a matar”, le dijo a su ex, según contó la testigo a la Policía casi cinco horas después.

PRIMER ESCAPE

Una de las empleadas, manicura, estaba con dos clientas en el fondo del local cuando todo comenzó.

Escuchó a un hombre gritar que todos se tiraran al piso y pensó que era un asalto. También escuchó a varias de sus compañeras gritar y dos estruendos que creyó eran disparos. En ese momento decidió escapar por el altillo hacia la azotea. Una vez allí se tiró hacia un corredor lindero que da a unos apartamentos y huyó.

LA POLICÍA Y LOS DISPAROS

Para entonces la Policía ya estaba en la vereda, frente a la peluquería. Al llegar vieron a un hombre joven parado cerca de la puerta del local, con un arma en la mano apuntándole a una chica joven que tenía retenida.

Dio unos pasos hacia atrás y disparó hacia la calle dos veces, una de ellas a través de los vidrios de la puerta. De casualidad no hirió a ningún agente.

En ese momento Brian ordenó a las empleadas de la peluquería que cerraran la puerta y bajaran las persianas metálicas de las ventanas.

“Yo soy el demonio, no se metan conmigo porque estoy loco”, gritó, según el testimonio de una clienta.

“Yo estoy loco y los voy a matar porque ella me engaño”, dijo Brian, señalando a su ex novia.

A partir de allí fueron varios minutos de caos y pánico. Él le recriminaba a ella haberlo engañado y le exigía que le mostrara las fotos y los mensajes que supuestamente había intercambiado con la otra persona.

Todo fue muy violento. Él le pegaba en la cara, con el arma y con las manos. Según los testigos, varias veces la tiró al piso y le pegó patadas. “Viste lo que generaste, por tu culpa, por ser una puta”, le dijo, mientras la golpeaba.

En un momento pensó que la Policía estaba entrando por el techo. Se acercó a la puerta y gritó que si entraban los mataba a todos.

SEGUNDO ESCAPE

A todo esto las dos clientas que estaban con la manicura en el fondo del local (una madre con su hija de 12 años) decidieron escapar por el mismo lugar que se había ido la empleada.

Se dieron cuenta que la manicura no había vuelto, por lo que seguro había podido escapar. Del baño pasaron a la escalera que da al altillo y a la azotea. Una vez allí buscaron por dónde bajar pero no pudieron.

La niña intentó saltar por el pretil hacia el frente de la peluquería, pero su madre se lo impidió. Corrieron sin saber para dónde hasta que vieron la forma de pasar hacia otra casa, por los fondos de la peluquería. Luego de unos minutos un vecino les abrió una ventana y pudieron entrar a su casa. En el apartamento del vecino había policías que fueron a buscar a la madre y a su hija cuando las vieron escapar por el techo.

Brian había escuchado ruidos en el techo, entonces le pidió a un empleado de la peluquería que subiera a ver si había alguien y que cerrara la puerta de la azotea. “Subí a la azotea y fijate quien esta arriba, no me vayas a mentir ni cubras a nadie sino te mato”, le dijo.

ES AHORA

Otra clienta que estaba en la peluquería envió un mensaje a su hermana pidiendo que llamara a la Policía. Aprovechó que tenía las manos tapadas con una bata. Bajó el brillo y el volumen del teléfono.

Rato después la hermana de la clienta le dice que estaba afuera, con el negociador de la Policía, que para entonces ya había entablado contacto con Brian.

La clienta le pidió a su hermana que le dijera al negociador que entraran en ese momento porque el agresor estaba parado solo en la recepción, alejado de todos.

En ese momento Brian le dice al negociador que solo aceptaría que entrara su hermano a la peluquería, y que así dejaría salir a algunos rehenes.

Según esta clienta, Brian le dice al negociador que se entregaba si lo llevaban a la cárcel de Punta de Rieles, donde está su primo.

Al cortar la comunicación, Brian le dijo a los rehenes que “ni loco” iba a ir a la cárcel y que todo lo que dijo era mentira.

LA EX NOVIA

El testimonio que dio a la Policía la ex novia del agresor resulta clave para entender lo que pasó.

Cuando Brian llegó a la peluquería ella lo quiso calmar y le ofreció hablar a un costado, lejos de las clientas.

Pero él se descontroló y comenzó a golpearla, a insultarla y a amenazar a todos. “Decía que veía al diablo”, contó ella.

Según su relato, él dijo varias veces que se iba a matar, al tiempo que filmaba todo con su celular. Este tipo de ataques de ira ya los había visto antes, cuando eran pareja. Por un tiempo lo aguantó. Él le pedía disculpas. Pero en los primeros días de este año, tras cinco años de relación, decidió dejarlo.

Brian tuvo momentos de mucha furia dentro de la peluquería, y en otros se calmaba y se sentaba, o hablaba en voz baja. Por momentos parecía tranquilo, y de golpe se irritaba.

Según el testimonio de otra clienta, él le pedía explicaciones de por qué lo había dejado. “Si yo te di todo, ¿por qué?”, le decía.

Esa testigo contó que en un momento Brian habló con su madre por teléfono (o eso creyó escuchar) y ahí le decía que no iba a perdonar a su ex.

La ex novia no había radicado denuncia por violencia doméstica. Argumentó que Brian sufría de esquizofrenia y que tomaba medicación.

Cuando decidió dejarlo se fue a vivir a la casa de la dueña de la peluquería, que le dio contención, además de trabajo.

MÓNICA, LA DUEÑA

Mónica Fernández contó luego a la Policía que nunca había visto a Brian, pero que había hablado varias veces con él por teléfono.

Ella se ofreció para hablar con él y varias veces (antes de este jueves 10) le dijo de buenas maneras que ella necesitaba tiempo, que era chica y que la dejara tranquila, y que si ella necesitaba algo lo iba a llamar. Intentó varias veces arreglar la situación entre ambos.

Mónica incluso llegó a hablar tiempo atrás con los padres de Brian para que su hijo recibiera asistencia profesional.

En una de las conversaciones previas, Brian le dijo a Mónica que él quería “hacer las cosas bien”. “No quiero que terminen mal las cosas”, le dijo. Ella tomó esta frase como una advertencia de lo que podía pasar.

Según contaron varias de las personas que estaban en la peluquería, desde el principio Mónica intentó calmar a Brian, y muchas veces logró hacerlo.

Para distender la situación le pidió permiso para lavarle el pelo a las clientas, y él aceptó.

En un momento, a pedido de Mónica, el agresor dejó salir a una clienta que se sentía mal y le temblaban las piernas. También logró que las dejara tomar agua e ir al baño.

EL FINAL

Después de casi cinco horas, momentos de extrema tensión y otros de sorpresiva calma, Brian decidió entregarse.

Ya había dejado salir a dos de las rehenes tras hablar con el negociador de la Policía y Mónica, había logrado calmarlo.

Según su testimonio, en ese momento ya no era las persona violenta y desequilibrada que había ingresado con dos armas y a los gritos. Una de las dos armas que tenía ya la había dejado en un sillón.

Sobre el final de la negociación, Brian dijo que se entregaría si lo llevaban a la cárcel de Punta de Rieles, con su primo.

Allí le dijo al negociador que él estaba enfermo, que necesitaba medicación y atención. Más tarde su madre contó a la Policía que su hijo tomaba Ketiapina y Alprazolam.

Mónica fue a buscar la nota firmada por el negociador y por el jefe de Policía de Montevideo que establecía el acuerdo de enviarlo a Punta de Rieles.

Cuando Brian leyó la carta dijo que faltaban cosas. Amenazó con “transformarse” y volvió a amenazar a todos, pero luego se calmó, con la ayuda de Mónica.

Finalmente dijo lo que estuvieron esperando durante horas. “Abran la puerta y váyanse”.

Todos los rehenes salieron mientras él les pedía perdón, entre lágrimas.

Una clienta se acercó a Brian y le pidió una de las armas. Él se la dio y ella la entregó a la Policía en la vereda.

Él quedó solo dentro de la peluquería, sentado en el piso. Luego se levantó, caminó hacia la puerta y levantó las manos.

El negociador le pidió que se sacara la campera, que se subiera la remera y girara. Luego bajó la escalera y fue detenido.

Dejá tu comentario