Nacional

Tres rayos de luz y choque de cinco con Paul McCartney

Un seguidor de Subrayado, Jorge Luis Cravino, describió su encuentro de manos con el ex beatle luego de una temeraria carrera por los alrededores del Sheraton

A continuación, la narración que hizo el seguidor de Subrayado:

"A las 15 horas del domingo 15 de abril llevo a mi hijo Agustín a jugar un partido de baby fútbol a las canchas de la rambla a la altura del Shopping de Punta Carretas. No había un sólo lugar para parar el auto en la rambla, entonces, dejé a Agus y su mamá y seguí con el auto buscando lugar.

Allí, seguramente un rayo de luz me indicó que fuera a dejar el auto al estacionamiento del Shopping, total, estaba a 5 cuadras y, en bajada hacia la rambla.

Sucede que doblo por la calle del Sheraton y había un gran revuelo, con gente en la puerta. Dejo el auto en el estacionamiento y vuelvo hacia la rambla, no sin antes pasar por frente al Sheraton, donde sabía estaba Paul.

La gente maquinaba sobre si él saldría por allí o por el estacionamiento subterráneo, donde el Sheraton tiene la entrada para proveedores. Decían que como autos y motos estaban allí, saldría por la puerta principal.

Nadie sabía la hora. Uno del hotel dice que no saldría hasta las 4 y media o 5.

Me quedo un cachito y sigo hacia la rambla. Allí, hablando con gente viendo el partido de Agus, les comento que si yo fuera de la seguridad de Paul, no lo llevaría con ninguno de los autos estacionados en la puerta del Sheraton, sino que vendría con un auto desde la rambla, entraría derecho al estacionamiento subterráneo, lo levantaba allí y seguía.

Parte de esto sería verdad. Estoy viendo mucho CSI. Pues bien, en determinado momento del partido pasa frente a la canchita, por la rambla, viniendo como de Pocitos, un auto gris, un BMW, al que abrían paso dos motos policiales.

Allí me bajó el segundo rayo de luz y vi, absolutamente vi que ese era el auto para Paul.

Dejé el partido y salí corriendo hacia el Shopping, sólo que esta vez eran 5 cuadras en subida. Cuando inicié la carrera vi que el auto doblaba hacia arriba por García Cortinas.

¡Gulp!  ¡Hacia el Shopping!! Aún con tres angioplastias (una por cada rayito de luz) me pegué flor de pique.

Llegué exhausto a la puerta del Sheraton. A la puerta es un decir, llegué a pararme detrás de las varias filas de fans de toda edad que hacían guardia allí.

Parte de mi teoría se desvanecía, por suerte. El auto gris estaba parado allí en la puerta, no había ido hacia el estacionamiento subterráneo.

Si lo hubiera hecho, yo no hubiera llegado a tiempo, pues, según mis elucubraciones, habría levantado a Paul y rajado. Yo no contaba que Paul saldría lo más campante por la puerta principal, saludando a uno y otro lado antes de subir al auto.

Eso fue lo que ocurrió. Estando yo aún agitado tras la carrera y apostado detrás de la turba, sentí un griterío infernal, y no solamente femenino. Para un investigador de mi calaña era un juego de niños reconocer que estaba saliendo el pinta.

Me paré como bailarín clásico  y levanté lo más que pude mi celular. Salió entonces Paul, de saco gris y lentes negros y allí la multitud enloqueció. Era imposible mantener el celular derecho.

En esos escasísimos segundos me cayó el tercer rayo de luz, el de luz más clara. Me mostraba que tenía que salir corriendo hacia García Cortinas, pues las motos policiales estaban alineadas hacia ese lado y por ese lado saldría el auto gris.

En millonésimas de segundo vi claro como el auto tendría que bajar su velocidad al llegar a esa esquina y doblar y esa sería mi chance de encontrarme con Paul, de verlo de cerca y, quizás, saludarlo con un vaivén de manos. Giré entonces hacia mi izquierda y me lancé a correr, con el celular aún grabando en video, pero, apuntando a cualquier lado, siguiendo el braceo en plena carrera.

Cabeza gacha y embalando paso a tres motos estacionadas a la cabeza de la comitiva y llego a la esquina. Allí me paro en solitario. No había nadie. Yo estaba en el aire y ni siquiera advertí que unos pocos se paraban detrás de mí.

Uno me pregunta de atrás si venía Paul y cómo era que yo sabía. No le iba a hacer la historia de los rayitos de luz, porque la caravana se me iba.

Le dije que las motos estaban alineadas hacia aquí. En milisegundos, una de las tres motos pasa y corta el tránsito por García Cortinas. Y empezaron a sonar las sirenas en la puerta del Sheraton.

El coso seguía con sus preguntas. Le digo, sin mirarlo, ni saber quién era, que el auto doblaría aquí mismo y luego tomaría por Bulevar. El tipo me preguntaba a qué hora era el recital. Tendría que haberle dicho “No sea nabo, qué importa eso si el tipo le va a pasar ahora frente a sus narices”.

Pero le contesté “a las ocho y media”. No daba tiempo para más, la comitiva se nos venía. Me arrimo al cordón, me pasan dos motos y un auto blanco y atrás viene el gris.

Instintivamente me largué a la calle, con el celular siempre grabando, y no sé qué cosa me empujó a levantar la mano y ofrecerle los cinco.

Paul sacó su mano y...chocamos los 5!!!! VAAMOOOOS!!! JOJO!!, grité y el celular apuntaba al cielo y al suelo.

Choqué los 5, espontáneamente con un Beatle, en mi país, sin haberlo planificado, yo, un tipo del montón, sin contacto con la producción, sin contacto con la seguridad, sin contacto con el hotel, sin pagar un “meet and greet”.

Si sólo había ido a llevar a mi hijo a un partido de fútbol infantil. Sin nada de eso, pero con tres rayitos de luz. El reloj de Paul marcaba poco antes de las 4 menos 10 del 15 de abril. El día antes había sido mi cumpleaños. ¡Gracias por el regalo!"

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