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Tras estar internado en CTI y superar el Covid, homenajeó al personal médico con una carta

El empresario gastronómico y relator Gabriel Bialystocki hizo un antes y un después y contó su experiencia de estar 8 días en el CTI.

El relator y empresario gastronómico Gabriel Bialystocki relató un antes y un después de estar 8 días en el CTI con Covid-19 en una carta, para contar la experiencia en la que llegó a pensar en el final de su vida y para homenajear al personal médico.

“El lunes 14 de diciembre amanecí temblando de fiebre. Dos días después, me enteré que era positivo de covid-19. Contagie a mi esposa, mi hermano, a mi hija y a su novia” expresó en la carta.

“Estuve nueve días seguidos con fiebre, apenas comía algo una vez por día pero sí tomaba agua abundante para estar hidratado. La atención de COSEM fue impecable. La indicación era que si en algún momento tenía dificultad para respirar, llamara inmediatamente a la emergencia” contó el empresario.

El relato relató que al séptimo día ir a la cama lo dejaba exhausto, “nunca entendí que eso era falta de oxígeno”.

“Al noveno día sentí que no podía levantar los brazos para enjabonarme en la ducha; no tenía fuerzas. Llamé a la emergencia y me llevaron al sanatorio” agregó.

“La doctora tratante me dijo: te vamos a subir al CTI, ahí tenemos una máquina con lo que llamamos oaf (oxígeno de alto flujo)” contó Bialystocki y agregó: “tengo la inmensa suerte, bendición a esta altura, de haber heredado la cabeza fría de mi viejo”. “Créanme: mantener la calma es el 50% del partido. Obviamente, después viene la biología pero eso va por otro lado, y la manejan los médicos”.

“En el momento en que me dicen vas al CTI, ahí si la cabeza se me fue un poquito. Vi pasar toda mi vida en fotos, como diapositivas, una detrás de otra. Eran todas fotos lindas. No pensaba que me iba a morir, pero era algo como ‘ok, fue esto, cincuenta y cuatro años de todas estas imágenes. Si fuese que llegamos solo hasta acá, no estuvo mal’” y agregó que “solo sentía como una pena de si no llegase a haber nada más”.

“Así que ahí marché al cti, donde estuve durante ocho días enchufado al bendito OAF”.

En la carta, el empresario comenzó a relatar su experiencia con el personal médico y la atención en el Hospital; y sobre esto aseguró que “es primer mundo, y del bueno”. “Ya ni hablo de las instalaciones, los protocolos de limpieza, la comida, (que está muy bien) sino, fundamentalmente, de la parte humana que es impresionante”.

“Acá hay un equipo de leones y leonas que me cuidaron como si fuese un hijo, siempre explicando cada cosa, siempre dando para adelante, dándome la mano enfundados en sus trajes de astronauta (que son bien incómodos y calurosos), teniéndome confortable arreglándome la cama a cada rato, limpiándome, bañándome como a un bebé en la cama” agregó.

"Esto obviamente no lo hacen solo conmigo" contó el relator, quien agregó: "los vi hablarle y acariciar a un paciente sedado y entubado, diciendo «dale, Trujillo» (espero que hayas terminado bien, Aníbal), «vas a andar bien, vas a salir». Se me pone la piel de gallina mientras lo escribo, cuando lo escuché lagrimeaba". "Esta gente es anónima, muchachos. Nadie sabe quién es Soraya, ni Sebastián, ni Franco, ni David, ni Natalia, ni Agustín, ni Walkira. Nadie conoce a Lucía, ni a Majo. Tampoco a Carolina", contó.

"Nadie sabe que una tiene dos nenas, que otra no ve a sus padres desde hace meses porque son mayores y no quiere exponerlos, que casi todos trabajan en al menos dos lugares, que casi todos entran y salen de cuarentena constantemente (¿te imaginás el stress solo de eso?), Que muchos ya se contagiaron, que varios pasaron las fiestas solos, o acá trabajando".

"Son un ejército de amor, peleando silenciosos por nosotros contra este bicho de mierda. Les pido que piensen aunque sea un minuto, en todos ellos. Por ellos y por ustedes, porque si llega el momento en que los precisas, van a hacer lo mismo por vos también. Yo, ahora, tengo el privilegio de conocerlos a todos. Y se quedan conmigo para siempre" agregó.

"Ocho días más tarde salí del CTI. Después de tantos días acostado, tu musculatura simplemente se evapora.- Me di cuenta de que las piernas me habían quedado como escarbadientes, y sin fuerza alguna". "Pasar de la cama a sentarme en el sillón, ¡un triunfo!" expresó el empresario, quien contó que unos días después, con un caño de oxígeno de varios metros, logró caminar hasta el baño de la habitación. "Ayudado por un enfermero, pasito a pasito, y parando varias veces. Y cuando me pude sentar en el wáter, con su ayuda, después de trece días a esa altura… no podía creer".

"Esos son los detalles, créanme. Todas las cosas que hacemos sin pensar, en forma automática, y que damos por sentado. Un día o dos más tarde ya estaba caminando por la habitación, yendo al baño y a ducharme solo, y demás. La puta gloria, créanme".

"Ahora bien, para qué escribo esto. Porque si no lo hiciera, sería un pelotudo importante. Para que se sepa qué hay atrás de este virus del orto, que esto no es joda, que hay que cuidarse, que cuidarse es cuidar al resto. Obviamente cada caso es distinto, pero hay generalidades también. Tuve mucha, pero mucha suerte" agregó.

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