Rusia, cuya patinadora Kamila Valieva se sometió a un control de dopaje en diciembre que resultó positivo durante los Juegos Olímpicos de Pekín, ha estado sumida en un gran escándalo de dopaje durante años.
Tras el caso Valieva, Rusia salpicada otra vez por el dopaje
Rusia, cuya patinadora Kamila Valieva se sometió a un control de dopaje en diciembre que resultó positivo durante los Juegos Olímpicos de Pekín, ha estado sumida en un gran escándalo de dopaje durante años.
Estos casos repetidos salpicaron incluso a altas esferas del estado, lo que supuso a Rusia en 2020 una exclusión de dos años de las principales competiciones internacionales.
En los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, como los del pasado verano en Tokio, los deportistas rusos que han dado negativo por dopaje pueden competir bajo bandera neutral. La bandera no se muestra ni el himno suena.
Altos cargos rusos, incluido el presidente Vladimir Putin, tienen prohibido asistir a las competencias a menos que sean invitados, como fue el caso el 4 de febrero para la ceremonia de apertura de los Juegos por parte de los líderes chinos.
En una escala sin precedentes en la historia del deporte, el escándalo ruso dura desde 2010 e implica a los servicios secretos y al Ministerio de Deportes. Además, ha alentado las tensiones entre Moscú y los organismos deportivos internacionales, descritos por los rusos como instrumentos de la política antirrusa occidental.
El Kremlin siempre ha negado la existencia de un sistema estatal de dopaje, mientras que Putin había colocado el deporte en el centro de la política de prestigio rusa.
Todo comenzó en 2014 cuando la corredora rusa de medio fondo, Yuliya Stepanova, y su marido Vitali, excontrolador de la agencia rusa antidopaje (Rusada), alertaron a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) del dopaje institucionalizado en Rusia. La pareja lo confesó a la cadena alemana ARD, que llegó a difundir a partir de diciembre de ese año una serie de documentales devastadores.
A raíz de estas revelaciones, la AMA denunció en 2015 casos de dopaje en el atletismo ruso que "no habrían podido existir" sin el consentimiento del gobierno, suspendiendo a Rusada.
El escándalo se convirtió en novela de espionaje cuando Grigori Rodchenkov, obligado a dimitir del laboratorio moscovita que dirigía y refugiado en Estados Unidos, reveló en la primavera de 2016 haber orquestado durante años la disimulación del dopaje ruso en coordinación con el Ministerio de Deportes.
Según la AMA, este "sistema estatal de dopaje" involucró a 30 deportes entre 2011 y 2015 e implicó a los servicios secretos rusos (FSB), que durante los Juegos Olímpicos de Sochi de 2014 reemplazaron muestras de deportistas dopados con otras "limpias" almacenadas anteriormente.
A pesar de negarlo Rusia, el Comité Olímpico Internacional (COI) suspendió al Comité Olímpico Ruso y prohibió de por vida la participación en los Juegos Olímpicos a unos cuarenta atletas y al exministro de Deportes Vitali Mutko, sanciones que luego redujo el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).
El escándalo pareció llegar a su fin en septiembre de 2018, cuando la AMA levantó la suspensión de Rusada con la condición de que pudiera acceder a la base de datos del laboratorio antidopaje de Moscú.
Pero un año después, la AMA anunció que los datos del antiguo laboratorio de Moscú transmitidos a sus investigadores habían sido falsificados.
Como resultado, en diciembre de 2019, la AMA excluyó a Rusia de los Juegos Olímpicos durante cuatro años para castigar a Moscú por haber hecho trampas repetidamente, penas reducidas a la mitad por el TAS.
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FUENTE: AFP
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