Primaveras confusas

Ya con este segundo violento aguacero, que dejó caminos cortados, provocó accidentes en rutas y puentes, y complica a la producción, es suficiente como para asumir de una vez por todas que la primavera no es la estación bucólica y floreciente que nos enseñaron en la escuela. Por el contrario: es una estación complicada, cambiante, imprevisible, con calor y frío (con “inviernillo” incluido), falta de agua seguida de lluvias violentas.

En la economía suceden cosas parecidas. Los datos desestacionalizados del PBI muestran que el PBI se estancó: no creció ni en el segundo (abril-junio) ni en el tercer trimestre (julio-setiembre). En la comparación interanual avanzó 2,1%, pero esto incluye el efecto de la reapertura de la refinería de ANCAP, sin lo cual el crecimiento es un modesto 1,2%.

Aun así, hay análisis que destacan la resiliencia de la economía. El CINVE plantea que, dado lo agudo de la crisis regional, que Uruguay no haya caído en recesión es un logro. En este contexto, además, surgen algunos datos positivos. La Confianza del Consumidor (según el Índice de la Cátedra SURA, de la U. Católica y Equipos) se recuperó por tercer mes consecutivo, pese a que está claramente abajo del año pasado. Las exportaciones (con fluctuaciones) cerrarán el año con “empate”, a pesar de la caída drástica en las ventas de soja. La recaudación va frenando su aumento, pero se sostiene en niveles aceptables. ¿Será que lo peor ya pasó?

No tan rápido: a mi juicio, buena parte de esta sensación de mejora responde a la estabilidad del dólar en las últimas semanas. El aumento de la tasa de interés internacional no sería tan fuerte como en un momento se temió, lo que reduce la presión alcista sobre el billete verde; la economía de EE.UU. no está tan firme como para subas contundentes, lo que –desde este punto de vista- es un mejor escenario para el Uruguay, cuya deuda está subiendo.

Pero la economía tiene debilidades que no se superan solo con una buena primavera. El déficit fiscal sigue alto si se aparta el efecto “cincuentones”, la competitividad está notoriamente erosionada y el empleo no levanta cabeza. La temporada no será buena y nuestros vecinos aún están procesando ajustes y devaluaciones que –más que generar demanda que nos ayude- generarán oferta que nos compita.

Es cierto que si las cosechas se recuperan y las obras del Ferrocarril Central arrancan pronto, el PBI tendrá cierto impulso. Pero todos los analistas prevén que esto no alcanzará para retomar el ritmo y proyectan que el PBI crecerá menos en 2019 que en 2018. Una golondrina no hace verano.

Dejá tu comentario