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Pasión futbolera en Uruguay: la hinchada, la Celeste y la música

Cada partido de la Selección es clave. Eso se ha reflejado en canciones de murga, de tango, de rock, y de cumbia, con alusiones a ese sentimiento.

Uruguay vive como país, como sociedad, un día muy especial en cada partido clave de la selección de fútbol. Y eso se ha reflejado en canciones de murga, de tango, de rock, y de cumbia, con alusiones a esa relación de pasión futbolera.

Otra vez la Celeste a la cancha, es la casaca que nació del barrio, del picado callejero, de los baldíos, del campito, del potrero, de los recreos, en la escuela, con pelota de papel.

Los futbolistas y la hinchada, lo sienten así. Con la celeste luciendo en el pecho siempre se juega a ser campeón. Porque la camiseta la transpira el corazón.

Las emociones, unidas se agigantan y el Uruguay ya no cabe en las gargantas.

Porque en el fondo de todo, es la ilusión de un pueblo cada vez que juega es rebeldía, y pasión cuando se entrega. Algo más que el simple hecho, de ganar o de perder.

Juega Uruguay y vibra un país, un país que es una mezcla de inmigrantes, tano y español.

Un centro, un cabezazo, un tiro libre... Todo parece que tiene música.

Es un milagro que abraza en el minuto final y canta.

El hincha sueña y pide un gol... Algo, lo que sea.

Este es un tiempo muy especial. El fútbol es el arte del país. Crece bajo el sol de fraternidad y es un momento especial, un super momento.

Juega Uruguay y el hincha deja su camiseta de lado y se pone la celeste.

Y llega otro partido, y hay que esperar con confianza. Porque la hinchada quiere levantar el sol y agitar la bandera.

Siempre se espera la victoria, hasta el pitazo final, porque hay algo que sigue vivo, que renueva la ilusión, y en el último suspiro, en el último suspiro espera el gol.

Será en otoño o en invierno, pero siempre la pasión se vive con un cielo de verano, con la energía de un trueno de tambor, con la pícara cara de un murguista, cuando llega al tablado bajando del camión.

Así va el equipo a la cancha, sintiendo que lo acompaña una hinchada grande como un país entero.

Y la gente lo ve en su casa o se junta en bares y boliches para estar en compañía. Y es todo un país.

Está por comenzar el partido y ahora, son 11 contra 11, y nadie más.

Y desde la tribuna improvisada en cada casa, se sufre, se festeja, se espera.

El mundo no puede ignorar, la mística que tiene tu color, y en épicas contiendas, tus triunfos son leyendas.

Otra vez más, la celeste a la cancha y un pueblo espera celebrar.

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