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Monimbó: una fortaleza ciudadana en la lucha contra el gobierno de Ortega

Monimbó es un barrio histórico que participó activamente en la insurrección que los sandinistas encabezaron contra la dictadura de los Somoza.

Las barricadas se multiplican en las calles de Monimbó, un pueblo rebelde de la sureña ciudad de Masaya, que hace 40 años se enfrentó sin temor a la dictadura somocista, y donde desde hace más de un mes se atrincheran manifestantes opuestos al gobierno de Nicaragua.

A Monimbó "lo tenemos sitiado, está bajo el control nuestro para evitar que las masacres vuelvan a ocurrir en Masaya (...) nosotros no nos movemos de las barricadas", dice a la AFP un hombre que custodia una trinchera y se tapa el rostro para proteger su identidad.

Las barricadas, algunas de más de un metro, fueron construidas para repeler a las fuerzas antimotines y han cerrado prácticamente el acceso a Monimbó, reduciendo su actividad económica desde que comenzaron en abril las protestas antigubernamentales en Nicaragua.

La gente se mantiene alerta, porque los policías "no pierden tiempo, si nos ven un poco descuidados van a buscar la manera de desplazarnos de la lucha que tenemos y (hasta ahora) se les ha hecho imposible", comenta el hombre.

A mediados de abril, cientos de monimboceños salieron a las calles a protestar contra una reforma al seguro social decretada por el gobierno que aumentaba las contribuciones laborales y patronales, cuando fueron repelidos con gases lacrimógenos por policías antimotines.

La reforma fue retirada poco después por el presidente Daniel Ortega, pero la represión enfureció a este pequeño vecindario de raíces indígenas que, bajo el grito de "¡pueblo únete!", comenzó masivamente a enfrentar a la policía con piedras y morteros, en medio de prolongadas batallas campales con decenas de heridos.

Al menos 76 muertos y 868 heridos han dejado en todo el país las protestas contra el gobierno desde que comenzaron el 18 de abril, según un informe publicado el lunes por una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que visitó Nicaragua.

Para disolver las protestas los "antimotines utilizaron armas de fuego, pistolas de balas de goma y gases lacrimógenos en forma indiscriminada", denunció el organismo.

En Monimbó, el mayor enfrentamiento ocurrió el 11 y 12 de mayo, cuando éste y el resto de barrios de Masaya fueron asediados por la policía y grupos afines al gobierno dejando más de un centenar de heridos, muchos negocios saqueados, y la alcaldía y otras propiedades incendiadas.

"La policía está matando al pueblo", denunciaron los pobladores en medio de las refriegas.

Desconfían de policías

Desde entonces, las trincheras a lo largo de Monimbó se multiplicaron, y aunque la violencia en general ha disminuido a raíz del diálogo que inició hace una semana entre el gobierno y sus opositores, los monimboceños no bajan la guardia.

"Nos sentimos más protegidos con la ciudadanía que con las autoridades policiales, porque se han vuelto un organismo de delincuentes, no confiable, la policía se ha vuelto corrupta", dice a la AFP otro encapuchado.

La policía nació después de la revolución sandinista de 1979 formada por excombatientes, muchos ya retirados, que hasta hace dos años gozaban de la confianza del 61% de los nicaragüenses, según M&R Consultores. Ahora han sido tildados de "asesinos".

A varios metros de las trincheras en Monimbó están los campamentos que los manifestantes instalaron con médicos voluntarios para atender a los heridos o quitar los puntos a quienes han recibido suturas.

Mientras que en la calle principal, cerca de la iglesia, los pobladores levantaron un altar para rendir homenaje con flores a los caídos en las protestas, la mayoría jóvenes.

Monimbó es un barrio histórico que participó activamente en la insurrección que los sandinistas encabezaron contra la dictadura de los Somoza (1934-1979) y famoso por sus marimbas, un instrumento de percusión típico del folclor nicaragüense.

En este sitio fue asesinado en 1978 por la ex guardia somocista el guerrillero Camilo Ortega, hermano menor del líder sandinista, el presidente Daniel Ortega.

Monimbó, símbolo en aquel entonces de la resistencia del sandinismo, pide ahora la renuncia de Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, la pareja que dirige la nación centroamericana desde hace 11 años y cuya salida del poder es petición central de los manifestantes también en otras partes del país.

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