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Mineros de carbón en Bulgaria se preparan para un "desastre"

Hace doce años que trabaja en una mina de carbón, situada en el "corazón energético" de Bulgaria. Nikolay Dinev sólo tiene 34 años, pero sabe que su carrera está llegando a su fin. ¿Y después? Gran incertidumbre...

Hace doce años que trabaja en una mina de carbón, situada en el "corazón energético" de Bulgaria. Nikolay Dinev sólo tiene 34 años, pero sabe que su carrera está llegando a su fin. ¿Y después? Gran incertidumbre...

"Será un desastre", explica, vistiendo su ropa de minero recién lavada en este día de descanso.

Este país balcánico, el más pobre de la Unión Europea, es también uno de los más dependientes del carbón. Desde su entrada en la UE en 2007, Bulgaria ha intentado en numerosas ocasiones retrasar el plazo, pero ante la urgencia climática -que se debate actualmente en la COP26 de Glasgow (Escocia)- los mineros no se hacen ilusiones.

En octubre protestaron en la capital Sofía para pedir que se preservara un sector que emplea a cerca de 30.000 personas, pero sin éxito. Según el plan de transición ecológica presentado por el gobierno para satisfacer las exigencias del "pacto verde" de Bruselas, la salida del carbón se perfila de aquí a 2040.

Esta fuente de energía contribuye a una gran proporción de las emisiones de carbono en el mundo, lo que la convierte en una amenaza importante para la limitación del aumento de la temperatura a +1,5 C.

"El cierre es inevitable", afirma a la AFP el joven moreno, en las afueras del gigantesco complejo de Maritza Este (centro), que mantiene viva la región desde hace décadas.

El yacimiento, descubierto por un geólogo francés a mediados del siglo XIX, fue desarrollado posteriormente por ingenieros soviéticos. Cada día, 12.000 trabajadores acuden a las minas a cielo abierto y a las centrales eléctricas con chimeneas humeantes, que producen más de un tercio de la energía del país.

- Iré al extranjero -

Lo que Nikolay Dinev lamenta sobre todo es "la incertidumbre".

"Algunos dicen que perderemos nuestro empleo en 2026, otros en 2038", destaca. A él le gustaría "retrasar el proceso 30 años". El tiempo necesario para llegar a la edad de la jubilación.

Hasta hace poco albergaba esperanzas e incluso había empezado a estudiar a distancia en una universidad minera y geológica para ascender profesionalmente. Su objetivo era "convertirse en jefe de equipo".

Pero ahora esboza otros proyectos. "Probablemente iré al extranjero", comenta, al igual que millones de otros búlgaros que partieron en búsqueda de una mejor situación en Occidente después del fin del régimen comunista en 1989.

Quizás debería haber seguido siendo soldado, profesión que ejerció brevemente en su juventud antes de desviarse hacia las minas. Como su padre, 31 años de trabajo y cuya casa de la infancia fue absorbida por la expansión de los yacimientos de carbón.

"Renuncié al ejército porque recibía 500 levas (296 dólares) al mes, y aquí me ofrecían el doble. Pienso que quizás cometí un error", cuenta. Actualmente gana 1.500 levas (888 dólares) por 12 horas de trabajo al día reparando herramientas, monto que representa la remuneración media en Bulgaria.

"No está mal para la región", estima.

- Quiero tener una idea clara-

Con este dinero, ha construido a lo largo de los años una casa para sus padres, su mujer y su hija de 10 años, que hace visitar con orgullo. En el gran jardín, cultivan frutas y verduras, crían gallinas y conejos. Su sueño de una "gran piscina".

"La construiré cuando sepamos lo que sucederá con las minas", afirma confiante.

Más allá de su caso personal, teme el impacto en todo Bulgaria. "No son sólo los trabajadores de la mina, sino todos los que dependen de ella. Incluso mi mecánico está preocupado", subraya.

"La situación no buena", abunda, en un eufemismo, Zhivko Demerdjiev, de 40 años y con casi 20 años de experiencia como ingeniero eléctrico en el mismo complejo minero.

También él deplora la vaguedad y la ausencia de propuestas concretas de las autoridades sobre la reconversión de la región.

Su esposa trabaja en las minas como contable. Todos los días, ambos se levantan al amanecer para tomar el autobús a las 5H50 en punto. Y son los últimos en recoger a sus tres hijas al final del día en la escuela.

"Hay mucha información, rumores. No sabemos lo que es verdad y lo que no lo es", lamenta. "Todo lo que quiero es tener una idea clara de lo que va a pasar y saber si podré seguir trabajando", resume.

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FUENTE: AFP

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