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Milvana Salomone fue secuestrada por parte de la "Banda del Tacoma"

Estuvo secuestrada donde vivía una pareja y dos hijos. El dueño de casa era un "pesado" pero en el barrio creían que ya no era delincuente

 

El 6 de junio, el día de su cumpleaños número 48, a casi dos semanas de su pública desaparición, Milvana Salomone recibió un inesperado regalo de sus secuestradores: una botella de Sprite Zero.

La cautela y los buenos modales de los secuestradores dejaron entrever que sabían lo que hacían. Salomone no recuerda haber visto ninguno de los rostros de los hombres y mujeres que la mantuvieron retenida allí durante 29 días.

El predio tiene una casa al frente y otra en la parte de atrás. En esta última estuvo la víctima todo el tiempo.

La tenían en un sótano de 2 metros por 2, y de 1.80 metros de altura, por lo que estuvo todo el tiempo molesta, sin posibilidad de descansar bien.

Sin embargo, sus captores le dieron comida y la trataron con respeto todo el tiempo. Incluso se ocupaban de comprar las frutas y verduras que ella solicitaba.

Precisamente este dato llamó la atención de la comerciante que solía vender artículos de almacén a la familia que vivía en la misma casa en la que estaba secuestrada la ginecóloga, según informa una crónica de El País.

La escena del secuestro está ubicada en la calle Watt al 1663 frente a la cooperativa Comuvi, entre camino Casavalle y Mauricio Maeterlink. 

Según Búsqueda, el titular de la casa es Gustavo Lepere, un hombre que había salido de la cárcel un año antes. Los vecinos dijeron a La República que nada hacía prever que el sujeto -considerado un “pesado” en la esfera policial- hubiera vuelto a sus antiguas actividades.

Vivía allí con su pareja, una adolescente en edad liceal y un niño a quien también se veía salir todos los días a la escuela.

Todo parecía normal en esa casa. Salvo que en las últimas semanas compraban manzanas, dijo la comerciante. “Uno no sabía por qué era, claro”, agregó.

Detrás de esa fachada más o menos distractiva, la banda llevó a Milvana Salomone en la tardecita del domingo 17 de mayo.

La habían abordado en la puerta de su casa en Parque Batlle. Ella regresaba de Florida, la ciudad en la que viven sus padres. Tenía pendiente una visita a una paciente en el Hospital Británico, pero decidió pasar por su casa, situada a pocas cuadras del lugar.

Se había jugado el clásico de Clausura entre Peñarol y Nacional. Ella sabia que habría tumultos por su relación de vecindad con el Estadio Centenario. Parte de su familia estaba viendo el partido en la propia cancha.

ANTE LA VISTA DE TODOS. Cuando Salomone se acercaba a su casa, unos 60 hinchas subían por la calle Rafael Pastoriza desde avenida Ricaldoni, informa El País.

Frente a ellos y a una guardia policial especialmente asignada para controlar hinchas violentos, Milvana Salomone fue abordada por dos sujetos en capucha y con el rostro cubierto.

Uno se quedó en el auto y otro redujo a la mujer con un arma de fuego, y la colocó en el asiento trasero. Ella, que es una mujer de carácter fuerte, dejó que sucediera por una buena razón. Antes de entrar a la casa vio que su hijo y su esposo ya habían vuelto. Si ella se rebelaba también podrían pasarla mal.

La Policía sabía que el lugar del secuestro había sido frente a su casa, mediante el GPS de la camioneta que apareció incendiada luego en la zona de Sayago.

Un dato que advirtieron los investigadores fue que la camioneta cambió “el patrón de manejo” después del ataque. La camioneta dio una vuelta manzana y desde entonces tenía un andar extraño. El coche “corcoveaba”. En principio, la Policía creyó que era porque se habían trabado en lucha. Pero en realidad, ahora se sabe que el secuestrador que tomó el volante no sabía manejar vehículos con cambios automáticos, informa El País.

Salomone estuvo consciente todo el viaje. Lo primero que le dijeron es que iba a “pasar unos días” con ellos. Luego, otros integrantes de la banda se deshicieron de la camioneta.

BANDA DEL TACOMA. Los secuestradores habían planeado con esmero todo el proceso. Habían compartimentado las tareas para evitar filtraciones. Unos trabajaron en el secuestro, otros en la comunicación con la familia y otros en la contención de la víctima.

La Policía se dio cuenta que estaba frente a experimentados delincuentes prontos para el mediano y largo plazo. La primera comunicación coincidió con el día de la muerte de la madre de Milvana Salomone. La familia -que estaba abocada a las honras fúnebres- recibió el llamado del almacenero de la cuadra. Los secuestradores habían llamado allí y le habían indicado una dirección en la calle Sambucetti. Allí estaría la primera carta escrita por Salomone solicitando el rescate. La orden era que el esposo de la víctima debía retirar el sobre en forma urgente.

Luego hubo más cartas más con el mismo modus operandi. Algunas no llegaron a destino, según la Policía. 

Pero un elemento de importancia fue el intercambio del dinero para el rescate. Fue el viernes en la zona del Molino de Pérez, una zona sobre la rambla con un importante retiro. La familia debía dejar el dinero en ese lugar.  Un hombre en una moto de alta cilindrada pasó a buscar el dinero y huyó.

Para entonces, la Policía sabía bastante más de lo que decía a la opinión pública. Apenas producido el rescate, salió a buscar a los presuntos responsables.

Este miércoles, la justicia procesó a cinco personas y debió liberar a los restantes siete detenidos por falta de pruebas.

El perfil de algunos de los procesados lo dice todo acerca de la preparación de la banda. El diario El Observador publica en tapa este jueves la foto de Gustavo Lepere, uno de los líderes que fue procesado.

Ayer, la justicia lo encontró responsable por secuestro en concurrencia fuera de la reiteración real, y de un delito de incendio.

Lepere es un viejo conocido de la Policía. Tiene antecedentes por homicidio en Italia y en Uruguay. También tiene antecedentes por narcotráfico y rapiña.

En 2006, estuvo involucrado en el asesinato del capitán Walter Carmona y de la joven Mariana Denis en la ruta 8, en las cercanías de Soca. El primer delito se cometió el 11 de enero de ese año, y tres días después el segundo.

El exmilitar Carmona  tenía entonces salidas transitorias y se dedicaba -según decía- al rubro inmobiliario. Ya había sufrido un intento de asesinato tiempo antes.

Ambos crímenes -Carmina y Denis- estaban relacionados entre sí. Un punto en común era el ejecutor Lepere, por entonces un recluso del Tacoma con salidas transitorias. Pero también había otro nexo: un recluso del establecimiento  de baja seguridad: Washington De María, expolicía que había formado parte de la guardia personal del presidente Julio Sanguinetti y que en los 80 lideró varios casos de alto perfil. Hasta entonces, era considerado un héroe dentro de la corporación.

Con una pena de 30 años de cárcel estaba recluido en un lugar de mínima seguridad y se dedicaba a reclutar gente. Con Lepere, por ejemplo, tenía un proyecto para robar 3 millones de dólares.

Carmona y Di María habían sido procesados en 1993 a la pena máxima por el asesinato de Luis González, un poderoso empresario riverense del rubro free-shops. Su cadáver fue encontrado en un aljibe en Los Cerrillos.

Ambos delincuentes se encontraban distanciados, y se temían uno al otro. Pero De María pegó primero.

RECUERDOS DE SUPERBANDAS DE LOS 90. En 2006, el expolicía seguía preso y resultó procesado nuevamente por las muertes de Carmona y Mariana Denis al comprobarse que fue el autor intelectual de ambas ejecuciones. Ella era novia de un policía involucrado en la muerte del empresario González. Los mandó matar porque tenían datos de casos en los que De María estaba involucrado, lo extorsionaban. El operativo encargado a Lepere incluía además la muerte de ese policía, cuyo cuerpo nunca fue encontrado.

Gustavo Lepere también fue procesado por el asesinato de Denis. Mientras él fue enviado a Cárcel Central, su "jefe" De María fue enviado a la Celda 154 del sector 1ª B del Penal de Libertad. El lugar era conocido como "La Isla". Allí estaban los más peligrosos delincuentes del sistema penal como "El Rambo".

La Banda del Tacoma fue un resabio de las superbandas, tupabandas y polibandas de la década de los 90. En aquel entonces asaltaban bancos, locales de cobro y financieras

Por entonces el Código Penal uruguayo reforzó las penas para los delitos de rapiña, es decir el robo con violencia. Desde entonces, muchos de ellos siguieron yendo a prisión por los mismos delitos, aunque algunos ingresaron al narcotráfico como el es el caso de "Betito" Suárez.

Ahora varios de los integrantes de la “Mafia del Tacoma” fueron detenidos e interrogados por el Caso Salomone. 

Según la fiscal María Camiño, tenían infraestructura que indica que pensaban continuar secuestrando gente.

La prensa insiste hoy que hasta ahora ninguno de los procesados confesó cómo se eligió a la médica ginecóloga. El delito de secuestro cuenta con pocos antecedentes en Uruguay. Es un delito que requiere ciertas destrezas, tareas de inteligencia y buena logística.

El Ministerio del Interior planea pedir un agravamiento de la pena de secuestro ante un eventual escenario de que haya nuevos casos.

Uno de los líderes de la banda, junto a Lepere, sigue prófugo.

Mientras tanto, la familia Álvarez-Salomone se recupera del episodio. Silvana Goicoechea de Subrayado reporta desde el cerrojo policial realizado en torno al domicilio de la víctima.

 

Foto principal: Paola Botti

 

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