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Lo que dejó el recital de Roger Waters en Uruguay

Unos 40.000 uruguayos vibraron con la música del mítico artista inglés, que reivindicó su discurso político.

Unas 40.000 personas quedaron impactadas con el despliegue musical y audiovisual que se instaló en el Estadio Centenario en la noche del sábado. Como suele hacerlo, el británico Roger Waters aterrizó en Uruguay para brindar un nuevo concierto en el marco de su gira Us+Them, con una infraestructura nunca vista en el país.

Varios minutos de calma, fueron preparando al público al inicio del recital, con una imagen de una mujer sentada mirando al mar. El sistema de sonido envolvente, transmitía el silbido del viento que acompañaba la proyección. La joven que contemplaba el paisaje de espaldas a la cámara, y por lo tanto al público, lucía una campera y una burca que tapaba su cabeza. Al inicio el cielo estaba celeste, y muy lentamente comenzó a cubrirse de un rojo apocalíptico que abruptamente trajo los primeros acordes de "Breathe".

Allí apareció el mítico artista de 75 años, uno de los creadores de una banda que marcó la historia del rock. Su edad no le impidió dar casi tres horas de recital, que incluyó el recorrer varias veces de punta a punta, el escenario que se montó a lo largo de la cancha del estadio centenario, a espaldas de la Tribuna Amsterdam. Incluso sobre el final de recital bajó a la tribuna y caminó de una punta a la otra, entre sus seguidores que lo rodearon con sus celulares.

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Entre el repertorio interpretado, hubo temas de los discos The wall, Animals, e incluso de su último trabajo: Is this the life we really want?.

No faltó el clásico "Another brick in the wall", que estuvo sobre el cierre de la primer parte del recital, con la participación del coro de niños y adolescentes de Giraluna. Los pequeños lucieron un mameluco naranja, simulando los trajes que utilizan presos en la cárcel de Guantánamo, con una capucha negra que se sacaron cuando empezaron a cantar. Sobre el final, se sacaron el traje y mostraron una remera que decía "Resist".

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Otra mención a Uruguay fue sobre el final. Waters se puso una camiseta con la leyenda "Todos somos familiares", de la organización Familiares de detenidos desaparecidos en dictadura. Previo a ésto, comentó que el viernes luego de la charla que dio en la sede del Pit-Cnt, dialogó con una activista por los derechos de los charrúa. Contó que le dieron la camiseta que estaba luciendo, reivindicó los derechos de los pueblos originarios, los inmigrantes y los afrodescendientes. Así como repudió los crímenes de guerra, pero no mencionó nada respecto a los desaparecidos en la dictadura militar uruguaya.

El clásico cerdo volando entre las tribunas, una proyección láser de la icónica portada del disco "Dark side of the moon" y las humeantes chimeneas de fábrica que se desplegaron desde atrás de la pantalla para completar las estructuras del escenario, fueron otros de los atractivos que tuvo este recital marcado también por un discurso contestatario. La continua crítica al presidente estadounidense Donald Trump, así como la mención a los ataques contra Palestina por parte de Israel, la crisis de refugiados a nivel mundial y la contaminación, fueron otro de los temas que marcaron el recital. También se mencionó el rechazo al espionaje digital y la censura, en una lista con blancos de resistencia encabezada por Mark Zuckerberg, creador de Facebook. Así como se mencionó la censura a Julian Assange, entre otras personalidades.

"Confortably numb" fue el tema que cerró el recital, con las chimeneas de una fábrica humeando, el cerdo escondido entre las estructuras y una bola inflable plateada, que flotaba en medio de la cancha.

Aquella mujer que desapareció en medio de un cielo apocalíptico al inicio del recital, que buscaba a su hija y solo encontró un muñeco a la orilla de la playa, sobre el final se reúne con la niña que estaba jugando en la arena. Así se despidió el artista británico.

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