La uruguaya acusada del triple crimen en España niega la autoría
La mujer se recupera en el módulo psiquiátrico de un penal de Valladolid. Había tenido un intento de suicidio dos años atrás.
"Cuando uno se moderniza todo se quiere de prisa". Esta es la frase que Graciela Lilián Baravrán Hanitzcsh, de 55 años, colgó en su Facebook como cita preferida.
En su perfil, ella advierte algo sobre su situación sentimental: "es complicado".
El síndrome del quemado puede llevar a conductas "monstruosas"
Había llegado a España en 2001 y desde 2006 trabajaba en el hogar de acogida de Boecillo, una ciudad satélite de Valladolid de 4.000 habitantes. El centro "Nuevo Amanecer" es financiado por el municipio de Castilla y León, y es gestionado por la ONG Mensajeros de la Paz.
El domingo dejó su auto, como siempre, en la entrada del hogar. Unas horas después apareció bañada en sangre y con tres niños muertos con sus cabezas envueltas en papel celofán. Dos estaban en un cuarto, y otro en uno contiguo,de la casona de piedra que la ONG ocupa desde hace 18 meses.
Graciela no puede reconstruir el pasado inmediato, apenas rememora su angustia personal rumbo al camino de Almendros. En el medio no sabe lo que pasó. No lo recuerda. Todavía no puede creer lo que le atribuyen.
Ahora está bajo custodia en el Módulo Penitenciario del Hospital Clínico de Valladolid.
En su primera declaración dijo que su única motivación era clara: "Sólo quería quitarme la vida", dijo la mujer, según consigna el diario El Mundo de España.
El juez ordenó la internación y por el momento se recupera de las lesiones que se autoinfligió en las muñecas y cuello con una trincheta. Se estima que el juicio va a ser en pocos días.
Esta tarde, en Boecillo, una marcha de 300 personas recordó a los niños fallecidos. El tema fue reflejado en la tapa de todos los diarios de circulación nacional.
Se trata de niños discapacitados de 3, 9 y 14 años. Los tres tenían un 95% de sus capacidades bloqueadas por distintos problemas congénitos.
El menor de los fallecidos, Daniel G. C, tenía 3 años. Había nacido en Salamanca e ingresó en un centro de acogida a los pocos días de nacer porque sus padres eran adictos a las drogas.
Miguel Ángel S. C, tenía 14 años y era natural de Burgos. Por su parte, Daimer E. Q. de 9, había nacido en Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial.
Había un cuarto niño, David, que en los últimos días había sido destinado a otra cuidadora y salvó su vida de milagro.
MADRE SUSTITUTA. Baravrán era una suerte de madre sustituta para ellos. Los bañaba, les daba de comer, los ayudaba en sus tareas, los paseaba por un parque. Desde que ellos llegaron se había hecho cargo de los tres.
Pese a que todos sabían que ella había tenido problemas de depresión, para sus compañeros era una funcionario modelo.
Según la ONG Mensajeros de la Paz tenía un curriculum impecable. Sus evaluaciones eran de las mejores del personal de salud, dice a Subrayado Vicente Álvarez, director de la ONG Mensajeros de la Paz.
Álvarez, que ha estado varias veces en Haití y en otros países como misionero, recuerda que se trata un trabajo que requiere una "gran fortaleza emocional". Para trabajar entre 8 y 12 horas con niños con esas problemáticas es difícil mantener un equilibrio psicológico constante.
De hecho, los funcionarios que trabajan en el hogar son monitoreados todo el tiempo para conocer su estado psíquico, dice Álvarez.
¿Cómo no salió a luz el estado emocional de Graciela Baravrán? Bueno, nadie lo sabe.
El Padre Ángel, de Mensajeros de la Paz, dijo que la uruguaya nunca había pedido bajas médicas en sus cinco años de trabajo.
El diario El Norte de Castilla publicó la versión de que la uruguaya tiene una hija que tiene un alto cargo en la ONG. Consultado sobre el tema, Álvarez prefirió no dar información: "es parte de la vida privada de la imputada y creo que no corresponde".
Lo cierto es que en la nota se sugiere que en estos días había mucha tensión con el personal, porque estaban despidiendo a algunas cuidadoras, casi todas ellas inmigrantes en trámite de ciudadanía española.
El dirigente de la ONG dice no querer adivinar lo que pasó por la cabeza de la uruguaya. "Son todas conjeturas".
El Padre Ángel, supervisor de Mensajeros de la Paz, pontifica: "debe ser un caso de locura".
En los diarios españoles también se habla del síndrome del quemado, los desequilibrios que genera trabajar a tiempo completo con personas enfermas, en un clima de desesperanza permanente.
Según los expertos, en su más extrema expresión puede dar lugar a "conductas monstruosas y antinaturales" como las que se presentaron en Beocillo.
La simbiosis del cuidador con su paciente, el fuerte entorno emocional, la inconmensurable rutina pueden determinar este tipo de episodios.
¿Locura o asesinato piadoso?
Lo más visto
video

Dejá tu comentario