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La codicia convirtió a la profesora de biología en triple asesina

Una líder comunitaria se convirtió en criminal a espaldas de su esposo. Pagó $40.000 por el trabajo de los sicarios. Ella asfixió al niño sentándose encima

 

Una profesora de iniciales P.F.B y de 40 años de edad, fue quien planificó el sangriento crimen de Rivera en el que murió el matrimonio de Fernando Gau y Zully Aguirre, y su hijo de 3 años, Inti Gau Aguirre, en los primeros días de agosto.

La mujer, cuñada de Gau, daba clases de Biología en el Liceo Nº1 de Rivera, en el CERP del Norte y en el Colegio Saint Catherine. Allí, “se encargó de publicitar el desprecio que sentía por el hermano de su compañero y por la esposa de aquel, a quien llamaba despectivamente `esa negra´”, detalla el fallo del juez Marcos Seijas.

“Su ira por la situación y su interés por hacerse de una casa en pleno centro de la ciudad de alto valor económico por su sola ubicación, la llevó a planear las tres muertes”, dice el magistrado.

La casa era herencia de los hermanos Gau al igual que un campo estimado en medio millón de dólares. Pero hasta el momento los bienes eran usufructuados por el matrimonio fallecido.

La homicida comenzó a planear las muertes en el cumpleaños de su marido. Aprovechó un descuido de su concuñada para robarle las llaves de la casa y hacer copias. De esa forma pudo entrar sin problemas cuando fue a terminar con sus vidas. 

La mujer sufre de cleptomanía pero esta enfermedad, que venía siendo tratada, no implica que no reconozca el carácter ilícito de sus actos, explicó el juez. 

LOS CRÍMENES. Para concretar su idea contrató a un joven de 19 años, de iniciales F.G.P, a quien conocía desde hacía tiempo porque hacía tareas de jardinería. Le prometió el pago de $ 40.000 y le pidió que consiguiera a un amigo que lo ayudara. 

Éste se contactó con B. A de 17 años de edad, pero como su físico era pequeño le propusieron la idea a R. D. L. de 16 años, quien aceptó.

Cerca de las 20 horas del 7 de agosto, la cuñada de Gau pasó a buscar a dos de los jóvenes, el de 19 y el de 16, y los llevó a la casa. Tenía llave apropidada. Ambos se escondieron en un pasillo del patio sin que desde dentro de la vivienda los pudieran ver. 

La mujer tocó timbre desde la calle y su cuñado Fernando Gau salió para abrile. En ese momento, los masculinos lo toman por la espalda y por la fuerza lo ingresan a su vivienda. Dentro de ella, lo tiran al piso, lo inmovilizan y el muchacho de 19 años le da una puñalada mortal en su cuello.

El niño, Inti Gau, fue muerto por asfixia por la propia tía política. La mujer manifestó a los sicarios que “ella misma pondría fin a la vida del infante para que no fuera como el padre, no quedaran herederos y así creer que podía hacerse de la casa familiar”. 

“Lo colocó sobre la cama matrimonial, le apretó la boca con las manos, luego le puso una almohada en el rostro para sentarse sobre él hasta que el niño dejó de respirar”.

“Con el mismo cuchillo que habían matado a su marido” ultimaron a Zully Aguirre. Su concuñada “lo tomó y comenzó a asestarle puntazos en el pecho (espcialmente sobre los senos), mientras que la insultaba”. Como no lograba el cometido, el joven de 16 años tomó el arma blanca y le dio una puñalada en el cuello. Ante ello, la mujer “le pegaba al mango del cuchillo para que la herida fuera mas profunda”.

EL PAGO Y EL FALLO. Les abonó la suma de $ 40.000 que se repartieron por mitades. Con su parte, casi en forma inmediata, el joven mayor de edad cambió su moto. Los dos jóvenes contratados confesaron su accionar, mientras que la mujer mantuvo una cerrada negativa.

Por el caso el juez procesó con prisión a cuatro personas: a la mujer, por tres delitos de homicidio especial y muy especialmente agravados, en reiteración real y en calidad de autora; al jardinero de 19 años, por dos delitos de homicidio especial y muy especialmente agravados, en reiteración real y en calidad de autor; a los menores de edad se los envió al INAU por 60 días y se les inició procedimiento por homicidio uno en calidad de autor y otro en calidad de cómplice.  

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