Estrellas caninas de Hollywood que vivirán por siempre en nuestra memoria

Uggie, Rin Tin Tin, Lassie y Hachiko, solo algunos de los perros que llegaron al corazón de miles de televidentes en todo el mundo.

Por Jackie Rodríguez Stratta.

El film “El artista”, que ganó 5 Oscars, tuvo un personaje llamado Uggie que acabó por eclipsar a los actores y conquistó a los espectadores. El simpático perrito falleció hace algunas semanas en Los Ángeles y su desaparición ha sido ampliamente divulgada en las redes sociales.

Pero no fue el único perro que ha hecho historia en la pantalla grande.

Rin Tin Tin fue el primer can que vivió y triunfó mucho antes que naciera la TV. Encontrado en 1918 en un campo de batalla por un soldado estadounidense, fue entrenado por su propio dueño. El éxito y la celebridad le llegaron en los estudios Warner. Un perro heroico y también un inmigrante. El primer animal murió en 1932 y todo el país lo lloró. En 1954 lo resucitó la TV con otro ejemplar, y llegó a realizar 164 episodios, con reposiciones en color en los años 70.

Luego apareció Lassie, una perra collie, con historias ideadas por un británico y adaptadas al cine a partir de 1943. Los estudios Metro la ubicaron al lado de una niña prodigio de futuro prometedor llamada Elizabeth Taylor. Su posterior y galardonada serie de TV obtuvo el premio Emmy y durante 20 años existieron una sucesión de animales descendientes del canino original, fallecido en 1958.

En las últimas épocas han pasado por el cine otros caninos muy populares, y recientemente nos conmovió la historia del perro japonés Hachiko, llevada al cine por Richard Gere. Un dócil y cariñoso animal que esperaba a su dueño en la estación de tren. Fiel a su amo y luego de la muerte sorpresiva de este, siguió yendo todos los días, invierno y verano, a la espera de su recordado amigo.

Hoy las redes sociales recuerdan a Uggie, el can más famoso de esta década, quien logró estampar sus patitas en Hollywood y fotografiarse al lado de grandes estrellas. Cuando el celuloide ladra siempre se hace sentir, porque sus aullidos no pasan indiferentes: siempre llegan a nuestro corazón.

 

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