Sociedadsituación de calle

"Esto es horrible, yo solo quiero un techo", dramático relato de mujer que vive en calle

Subrayado recorrió Montevideo junto a "Luceros", un movimiento que reparte comida caliente y abrigo a los más necesitados, y conoció algunas historias.

El movimiento “Luceros”, de origen católico, pero abierto a voluntarios, entrega comida a personas en situación de calle, los días lunes y miércoles.

Un equipo de Subrayado con Noelia Etcheverry y Fernando Castro recorrió distintos barrios de Montevideo junto a “Luceros”.

En este invierno, el movimiento le acerca un plato de comida caliente y abrigo a gente que se encuentra en situación de calle.

ENTREGA COMIDA

En la recorrida conocimos algunas historias.

Thelma tiene 66 años, su esposo falleció hace 3. En octubre del año pasado tuvo que entregar su apartamento y desde entonces vive en la calle junto a su hijo de 39 años.

Recibe 9.000 pesos de pensión de su esposo y no le alcanza para pagar una pensión y comer. Actualmente, tramita una jubilación con la esperanza de salir de la calle.

Para Thelma los 9 meses en la calle han sido eternos, los días son largos y las noches más aún. Duerme con un hierro, porque ya la han robado varias veces.

Por las noches se refugia bajo el techo de un comercio en el barrio la Aguada, de día lleva todas sus cosas a la vereda de enfrente y así todos los días.

Pero, la gran mayoría de las personas que están en la calle no conciben otra manera de vivir y se resisten en ir a los refugios.

Miguel tiene 62 años, y durante la mitad de su vida ha recorrido diferentes barrios de Montevideo buscando un lugar.

Desde hace meses vive en una esquina del barrio Goes, solo.

Tiene una enfermedad por la que no puede caminar y está en silla de ruedas.

Se resiste a ir a los refugios, solo quiere vivir en la calle pese a las bajas temperaturas.

HOMBRES SITUACION DE CALLE

Julio tiene 62 años y padece Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Hace 5 años perdió su casa y desde entonces vive en una esquina de su barrio la Aguada.

No está solo, tiene dos compañeros con los que vive.

Cada tanto aparece algún amigo que le da un lugar para bañarse, comer algo calentito y luego vuelve a la calle.

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