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En el norte de Kosovo, los serbios se sienten "peones" en primera línea

En la ciudad kosovar de Mitrovica, banderas serbias y pinturas nacionalistas copan las calles. Los miembros de esta comunidad se sienten en la primera línea del conflicto latente entre serbios y kosovares que a veces estalla en esta ciudad.

En la ciudad kosovar de Mitrovica, banderas serbias y pinturas nacionalistas copan las calles. Los miembros de esta comunidad se sienten en la primera línea del conflicto latente entre serbios y kosovares que a veces estalla en esta ciudad.

Durante las últimas dos décadas, este enclave en el norte de Kosovo acoge la inflamable frontera entre albaneses y serbios, patrullada por tropas de la OTAN para vigilar la paz entre estas dos comunidades separadas por el río Ibar.

La ciudad es un microcosmos de la persistente tensión entre Pristina y Belgrado, que se niega a reconocer la declaración de independencia proclamada por esta provincia en 2008.

Las intermitentes negociaciones han aportado poco o ningún progreso en años recientes. Las comunidades albanokosovares y serbias desconfían una de otra tras la guerra estallada a finales de los 1990.

Mitrovica ha presenciado frecuentes episodios de agitación durante los años. Unos disturbios el mes pasado renovaron los temores de mayores hostilidades.

"Hay una opinión generalizada de que el conflicto es inminente", dice a AFP Jovana Radosavljevic, directora de la oenegé local New Social Initiative, advirtiendo que las tensiones se encuentran en su pico en una década.

La activista de 33 años culpa de la situación a la encendida retórica del nuevo gobierno kosovar del primer ministro Albin Kurti, aunque también señala a la desconfianza sembrada por las autoridades serbias.

"Somos peones en esta partida", asegura.

La proximidad de Mitrovic a la frontera de facto de Serbia en el norte ha transformado este enclave en una sucursal de Belgrado, donde pueden fomentar los disturbios y aplicar presión indirectamente contra Pristina.

Durante siglos, los serbios vieron Kosovo como cuna de su cultura y su fe ortodoxa, dificultando un eventual acuerdo.

En la principal carretera del municipio, una imponente estatua del rey medieval serbio Lazar apunta desafiante con su dedo hacia el sur, donde vive la mayoría de los 70.000 albaneses de la ciudad.

"Kosovo es nuestra y seguirá siendo nuestra", dice el residente serbio Stefan Miljkovic, de 28 años.

- "El Salvaje Oeste" -

Los serbios en Mitrovica, como los de otros enclaves en esa zona, rechazan categóricamente la independencia de Kosovo y se niegan a pagar impuestos y recibos de suministros o evitan cruzar el puente para interaccionar con sus vecinos.

Sus habitantes usan dinares serbios en las tiendas y los niños estudian en escuelas con el programa educativo aprobado en Belgrado.

"Esto es el Salvaje Oeste", dice Dejan Nedeljkovic, un economista de 38 años.

Con una población estimada de 12.000 serbios en Mitrovic, el enclave y otras áreas del norte de Kosovo están controladas por la formación Srpska Lista (SL), vinculada al Partido Progresista del presidente serbio Aleksandar Vucic.

La mayoría de la minoría serbia trabaja para instituciones financiadas por Belgrado y las posibilidades de conseguir empleo mejoran si uno se implica en la SL, según varios testigos.

"Puedes ser tan listo como quieras, ir haber ido a todas las universidades. Si no eres miembro de este grupo político, tienes cero opciones de conseguir un trabajo en una empresa pública", asegura Nedeljkovic.

Y desviarse de la línea oficial puede costar más que el trabajo.

La fiscalía kosovar sospecha de un grupo criminal dirigido por antiguos responsables de SL por el asesinato en 2018 del líder opositor Oliver Ivanovic, una de las pocas voces críticas con Belgrado.

- "Insoportable" -

"Tuvimos muchos problemas después del asesinato. La presión era insoportable", dice Ksenija Bozovic, asesora cercana de Ivanovic.

"Tratamos de optar al cargo nosotros mismos y mira qué pasó. Un líder opositor, defensor de la democracia y el diálogo, fue asesinado a plena luz del día", explica.

Aun así, en las recientes elecciones ha sumado fuerzas con la dirigente SL alegando la necesidad de unidad entre los serbios.

Las negras perspectivas en Mitrovic han llevado a muchos jóvenes serbios a emigrar.

"No veo ningún futuro para mis hijos en Kosovo", dice Nedeljkovic. "Cuando terminen el instituto a los 18, los voy a enviar a Serbia central y luego tendrán que apañárselas, probablemente en Europa Occidental", añade.

En los años posteriores a la guerra, las profundas divisiones entre albaneses y serbios no han hecho sino calcificarse, dejando poco margen para el diálogo entre ciudadanos que en muy pocas ocasiones hablan el mismo idioma.

Pero no siempre fue así.

Antes del conflicto, los habitantes de esta ciudad vivían en armonía en barrios mixtos, recuerda Naser Dribani, un gitano de 52 años que dejó Mitrovic en 1999 y ahora vive en Francia.

"Antes, no había razas", lamenta, señalando que recientemente volvió a su ciudad para vender su casa.

"Eso no es vida. No podemos volver a vivir allí".

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FUENTE: AFP

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