Échenle la culpa a Molenbeek, barrio de Bruselas semillero de yihadistas

La tercera generación de musulmanes se radicaliza en Francia, pelea en Siria y vuelve a Bélgica para subir el último peldaño de la guerra santa

Los atentados de París pusieron en el ojo del público a Molenbeek, el barrio musulmán de Bruselas. De allí es Salah Abdeslam, el terrorista que dio apoyo logístico a los suicidas y decidió él mismo eximirse de ser un kamikaze a último momento.

Su hermano ismail, con quien convivía, se dejó morir para matar a decenas de desconocidos en Bataclan.

Salah desapreció. estivo prófigo por seis meses hasta que lo encontraron escondido el viernes último en Molenbeck.

El barrio ya había estado en la agenda pública en 2004, cuando se supo que algunos de los terroristas del atentado en Atocha habían pasado por allí.

También vivieron en la zona los autores del salvaje ataque a Charlie Hebdo, preanuncio de las cosas que pasarían en Francia meses después.

Y Molencbeek volvió a estar otra vez en la mira del mundo, cuando se supo que allí se planeó y empezó a ejecutarse la siniestra obra que tuvo lugar este martes en el aeropuerto y el metro de Bruselas.

De ese barrio partieron los cuatro terroristas que mataron a 36 personas e hirieron más de 130 personas. Un taxi los llevó al destino final con tres bombas. la cuarta no entró en el coche, por lo que la dejaron en el departamento.

Hablar de Molenbeek es hablar también del "lobo solitario" que supuestamente mató a cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas.

La Policía de Bruselas admite no tener control del barrio. En realidad son dos zonas en una.

El alto es una zona residencial que nada tiene que envidiar a las de otras capitales.

El bajo es la zona problemática. De sus alrededor de 100.000 habitantes, 40.000 son de origen marroquí, como los hermanos Abdeslam.

Son en su mayoría los hijos de una inmigración que ha ido aglomerándose en el barrio en los últimos 40 años y que sufre una tasa de desempleo superior al 40%.

Mucho más que la media de la población belga, que se situó en enero por debajo del 8%.

En el bajo Molenbeek, el francés es una lengua residual y el árabe domina las conversaciones. De los alrededores de la estación Conde de Flandes cuentan quienes los han recorrido que se parecen más al zoco de cualquier medina del Magreb que a un distrito en la capital de la Europa unida.

A primera vista, para el visitante no se trata de un lugar peligroso. Durante el día se puede pasear con tranquilidad por sus calles.

Solo al caer el sol, el menudeo de drogas callejero se percibe como amenaza. Pero lo peor es lo que no se ve. En Bélgica ha proliferado en los últimos tiempos un contrabando de armas automáticas que tiene en Molenbeek su mercado con más demanda.

Su auge se ha visto favorecido por las lagunas derivadas de la descentralización de la vigilancia policial, consecuencia de la división cultural y administrativa entre flamencos y valones, las dos comunidades del país.

También han arraigado en los últimos años centros de predicación salafista en los que las ideas fanáticas de Daesh 8o ISIS, o estado islámico) y otras marcas yihadistas encuentran eco y llegan a oídos de jóvenes de origen magrebí que no se han integrado.

Como explicó en las páginas de «The Guardian» el sacerdote Johan Leman, que trabaja en su inserción social, «una muerte heroica les hace, al menos una vez en la vida, ser alguien a ojos de sus camaradas y a ojos de Alá».

Con once millones de habitantes, Bélgica tiene medio millón de residentes musulmanes. De los que viven en Molenbeek, cuenta Leman, la inmensa mayoría de ellos son gentes de paz que perciben el discurso extremista como dañino para el futuro de sus hijos.

Sin embargo, es el país con mayor aporte al terrorismo islámico.

George Dallemagne, diputado belga, describió el cricuito: "Se radicalizan en Francia, van a Siria a combatir y, cuando regresan, encuentran en Molenbeek el apoyo logístico y las redes necesarias para realizar sus ataques terroristas".

A media hora escasa de tren de alta velocidad de París, Bruselas se ha convertido en la mejor plataforma logística para los golpes del califato en la Unión Europea

Nunca antes Bélgica había sufrido tanto, pero nadie puede asegurar que no vaya a hacerlo en el futuro. Como dice, el diario ABC de España: no, mientras Molenbeek siga siendo el vivero inagotable del odio.

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