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Discapacidad intelectual y los desafíos de la autonomía: Pablo tiene síndrome de down, trabaja y se independizó

"Estoy fascinado con vivir solo, me motiva a seguir creciendo", afirma Pablo, de 38 años. Para su madre, es una nueva demostración de todo lo que es capaz de lograr su hijo.

Pablo González tiene síndrome de down y es uno de los pocos jóvenes con esta condición en Uruguay que vive solo.

Además, Pablo trabaja, tiene novia y sueña con poder formar una familia.

"Yo me llamo Pablo González, tengo 38 años. Me gusta bailar, me gusta escuchar música y tomar mate", cuenta en entrevista con Subrayado. "Hacía un tiempo quería vivir solo. Lo principal es tener mi propio hogar", agrega.

A lo largo de su vida, Pablo cruzó obstáculos y cumplió metas. "Después decía 'cuando sea grande me quiero ir a vivir solo, porque yo ya soy un adulto, un hombre'. Todo perfecto, eso lo vas a poder hacer cuando vivas solo y tengas tu casa. Conversaciones que se hacían", relata su madre, Rosario Aggero.

Pablo dice que a sus padres al principio "un poco les costaba", pero lo acompañaron.

"Limpió, pintó puertas, pintó ventanas, lavó vidrios. Todos los días hacía algo. Yo como mamá obviamente que también porque había mucha cosa que hacer. Y hay mucha cosa para hacer. Pero la felicidad que le dio cuando se mudó", añade su madre.

"Estoy fascinado con vivir solo, me motiva a seguir creciendo", confiesa él.

Para su mamá, este paso es una nueva demostración de todo lo que es capaz de lograr su hijo y la oportunidad de afrontar de otra manera la incertidumbre de futuro.

"Yo, cuando nació, ese mazazo que te dan, todo eso así, pero en mi mente enseguida dije, él no va a ser igual a todos, va a salir adelante. Como mamá, cuando me lo dieron en brazos pensé en que lo iba a tener siempre conmigo, y no sabía qué iba a hacer, pero él me ha demostrado a mí", dice Rosario.

En la vida de Pablo hay una persona especial, Sabrina, su novia. Ella también tiene síndrome de down y están en pareja hace 12 años. Pablo y Sabrina sueñan con vivir juntos en un futuro, pero por ahora se conforman con las visitas.

"Él hizo un cambio. Yo noté una madurez que le gustó estar solo", afirma su madre. "No debemos ponerles barreras ni techos, porque nos sorprenden", agrega.

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