Opinión

Desacoplados y preocupados

Para Uruguay, el FMI ajustó a la baja su proyección de crecimiento para este año, de 3 a 2%

El Fondo Monetario Internacional redujo la proyección de crecimiento de la economía mundial de 3,9 a 3,7%, por las preocupaciones que genera la guerra comercial lanzada por el presidente estadounidense Donald Trump. En la región, proyecta un escenario complicado por la crisis económica en Argentina y las serias dificultades de Brasil.

El organismo estima que Argentina tendrá dos caídas consecutivas del PBI, este año y el próximo, que acumulan un retroceso de casi 5%. Recordemos que el Fondo está directamente involucrado en el apoyo a Argentina para que supere este trauma, otorgando financiamiento a cambio de que se reduzca el déficit fiscal. Para Brasil, estima que su PBI crecería tibiamente (no mucho más de 1% anual), con un déficit fiscal que se mantendrá altísimo (7-8% del PBI).

Para Uruguay, el organismo ajustó a la baja su proyección de crecimiento para este año, de 3 a 2%, aunque estima que nuestra economía retomará ritmo el año próximo, con un avance de 3,2%. Sin embargo, esto puede pecar de excesivo optimismo: la situación fiscal es delicada y la situación regional descripta puede frenar aún más el crecimiento uruguayo, que fue de 2% en el último año móvil, y frenando.

Uruguay está notoriamente mejor que sus vecinos, pero esto es un pobre consuelo: Brasil y Argentina son casos emblemáticos de corrupción sistémica e irresponsabilidad económica, con los cuales compararse es una trampa. Hemos crecido más y mejor, nos hemos “desacoplado” de la tortuosa y crítica trayectoria de Argentina y Brasil, pero seguimos en el mismo barrio y con problemas serios.

Si el crecimiento afloja y el déficit sigue alto, la relación DEUDA / PBI (indicador clave de sostenibilidad económica) subirá y puede tornarse insostenible. En este plano, hay dos asuntos que me preocupan. Por un lado, parece difícil reducir el déficit sin que eso tenga consecuencias en la economía. Los ajustes fiscales (vaya novedad) son recesivos; al menos a corto plazo.

Lo segundo es que este escenario de mayores dificultades llega casi un año y medio antes de que asuma el próximo gobierno, mucho tiempo. Así, sería insensato dejar para la próxima administración la tarea. Sin embargo, esta parecería ser la idea de muchos decisores políticos; particularmente en el gobierno –que tiene la responsabilidad directa-, pero también en la oposición. Que los actores políticos eviten costos electorales en sus decisiones es lógico. Pero eso puede traer votos hoy y serios problemas mañana: demorar decisiones duras acumula deuda y problemas. Sino, pregúntenle a Macri.

Uruguay tiene buen acceso al financiamiento con grado inversor (aunque la calificadora Fitch nos hizo una ‘advertencia’ antes de sacarnos la amarilla) y también solidez institucional. Pero conformarse con eso puede ser el mejor camino para perderlo.

Más allá de la coyuntura, parece claro que el país necesita encarar reformas e iniciativas más profundas. Por un lado, una nueva reforma de la seguridad social, factor principal del déficit fiscal. Por otro lado, una política comercial más dinámica e independiente, que permita generar más comercio, abriendo mejores perspectivas para la economía y el ingreso de los uruguayos. Sería un verdadero desacople.

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