"Cualquier día hago algo gordo y saldrá en los diarios"
La uruguaya , había tenido tres intentos de suicidio -el último este año- y se le había diagnosticado un trastorno bipolar. Un reportaje se pregunta cómo nadie se enteró
"No sabéis lo mal que estoy. Cualquier día hago algo gordo y saldrá en los periódicos".
Con esta frase encabeza El País de Madrid un reportaje sobre Graciela Lilián Baravrán, la uruguaya enviada a prisión por el asesinato de tres niños discapacitados.
La confesión se le atribuye a Graciela y su testigo fue Mariángeles García, su amiga española. El comentario, a cuenta de una tragedia impensable, fue realizado un mes antes de la masacre de Beocillo, Valladolid.
El lunes pasado las amenazas de Graciela se habían cumplido. Los diarios habían publicado su nombre tras hallarla herida en una bañera y en las habitaciones contiguas a tres cadáveres de 3. 9 y 14 años, presuntamente asfixiados por ella.
Pocos podían creer que Graciela iba a hacer algo así. Su amor por los niños era incontrastable.
Sin embargo, había señales, rastros de que las cosas no iban bien en su cabeza. En los últimos meses, sus vecinos la veían mal: había bajado 20 kilos, tenía los ojos hundidos, apenas salía para hacer la travesía entre su casa y el hogar de acogida "Nuevo Amanecer", dice la crónica de El País de Madrid.
Meses atrás, a Baravrán se le había diagnoticado un trastorno bipolar lindante con una depresión crónica.
La uruguaya, de 55 años, le dice al personal de la penitenciaría que se matará en cuanto pueda. Desde que fue internada no prueba bocado. Y dice que no recuerda nada de lo que pasó.
Diecisiete grapas en la cabeza le cerraron la herida autoinfligida con una trincheta.
Ahora todos los expertos en cuidados paliativos se dan cuenta que casos como Graciela puede haber más en un ambiente sin esperanzas como el de la salud y el tratamiento de la dispacidad.
"Probablemente sea necesario hacer tests psicológicos a los monitores que se encargan de los niños con discapacidad", aventura Javier Font, presidente de la Federación de Asociaciones de discapacitados en la Comunidad de Madrid.
¿Alguien sabía de la situación psicológica de la presunta asesina? Al parecer nadie. Con su hija la relación se habia enfríado meses antes.
Había tenido tres intentos de suicidio. El último fue a principios de año, antes de que le diagnosticaran un trastorno bipolar.
Al parecer, nadie en Beocillo se enteró del tema. Incluso estuvo internada en el centro de día del Hospital Provincial de Ávila, a 10 minutos de su casa, pero pidió el alta voluntaria luego de 24 horas de internación: "Eso está lleno de locos. Yo allí no pinto nada, no me gusta", dijo, según El País.
Nunca siguió un tratamiento psiquiátrico regular y empezó a automedicarse armando soluciones con los medicamentos que le recetaban.
Graciela había trabajado anteriormente cuidando a personas, pero no había estudiado para ello.
Nacida en Uruguay en 1956, estudó en el Liceo Zorrilla, y emigró primero a Argentina donde conoció a su marido, Héctor González Aspián, de 62 años, el padre de su única hija, Claudia. El matrimonio se radicó en España en 2001.
Héctor encontró un trabajo en la empresa de reformas BM3. Los costos en Madrid se hacían altos, por lo que unos amigos le recomendaron irse a otra ciudad, más chica.
Graciela encontró en Ávila una casa de familia donde trabajar. Allí acompañaba a los enfermos, hacía la comida. Jamás miraba el reloj para irse, dicen quienes la empleaban.
En 2003 su marido sufrió un accidente laboral. Por ello Hector recibe una pensión de 900 euros. En 2006 Graciela consiguió trabajo en la ONG Mensajeros de la Paz como cuidadora de niños discapacitados.
Cobraba 1000 euros mensuales por su trabajo.
Ella no negaba a nadie que su hija, quien tiene un cargo ejecutivo en la ONG, le había conseguido el empleo.
"Me quitan a mi niña", recuerda Mariángeles que solía decir cuando hace dos años una familia adoptó a una niñoa a la que la uruguaya quería como si fuera suya. La nueva familia de la niña, que reside en Madrid, siguió llevando a la pequeña a Ávila para que viera a su antigua cuidadora, dice El País. "No te impliques tanto, Graciela, no son tus niños, sino de la Junta", le aconsejaban.
"Nadie los cuida como yo", respondía siempre.
INUNDADOS DE TRISTEZA. Miguel Ángel, Dáimer, y David eran los únicos niños en Boecillo aquella madrugada.
El guineano Dáimer era el favorito de Graciela. "Mi negrito da unos abrazos tan fuertes que te hace daño", solía decir, según El País de Madrid.
Lo de Daimer fue un parto complicado. Esto podría ser la causa de su discapacidad psicofísica. Su padre, que vive en Guinea, no se había hecho responsable del niño y su madre, Milagrosa, decidió emigrar a Burgos.
La mujer trabajó en la hostelería, donde tenía otros familiares. Hace aproximadamente tres años decidió renunciar a su custodia e ingresarlo en un centro, según fuentes de la familia citadas por el matutino español.
Según el reportaje, Dina, una tía del niño que es monja, contactó con Mensajeros de la Paz para que recibiera los cuidados necesarios.
Milagrosa estaba de viaje en Guinea cuando se enteró de lo de su hijo. Volvió justo para sus funerales.
El otro asesinado, Miguel Angel, de 14 años, fue enterrado junto a su madre María del Carmen Cuenca, quien murió de cáncer hace dos años.
Según la autopsia, el adolescente fue el único que se resistió en la madrugada del domingo.
El tercer fallecido, David, de 3 años, iba a ser adoptado por una de las cuidadoras del centro Nuevo Amanecer.
Había nacido sin ninguna discapacidad, en un parto por cesárea tras el que pasó unos días en la incubadora. Un mes más tarde ingresaba en el hospital con una lesión cerebral grave que lo dejó inmovilizado. Un año después, la justicia le sacó la custodia a los padres por malos tratos.
Joaquín García, el padre del menor, asegura que "son acusaciones sin fundamento". Josefa, la madre, había perdido años antes la custodia de dos de los tres hijos que tuvo con su anterior marido.
El hijo mayor de ese matrimonio murió de cáncer cuando tenía nueve años, mientras que el padre está en prisión desde varios años.
Graciela no dejó explicaciones de por qué los mató. Dice la crónica que la Policía apenas encontró una carta, de improbable sintaxis, dirigida a su hija pidiéndole perdón por el suicidio que no fue.
Fue trasladada desde la cárcel a un hospital la hermana de Sebastián Marset
Lo más visto

Dejá tu comentario