Contra el Mundial 2014: quiénes son y por qué protestan

30 millones de brasileños que salieron de la marginación preguntan por qué gastar  casi US$ 20.000 millones en fútbol cuando se necesitan ervicios, salud y educación

El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) de Brasil fue uno de los grupos que han convocado a las protestas anti-copa.

Pero aunque se bajó de las protestas (negoció beneficios con el gobierno para viviendas sociales) su nombre sigue apareciendo en las calles de San Pablo como estandarte.

El Movimiento sin Tierra y el grupo hacker Anonymus son otros de los grupos que aparecen liderando esta masa crítica de brasileños que vienen movilizándose desde hace meses en más de 30 ciudades del país contra el gobierno y contra el Mundial

Estos grupos encauzaron el descontento de millones de ciudadanos con o sin filiación política: estudiantes, amas de casas, obreros y la inefable clase media verdeamarelha, una especie en extinción en los años 70, 80 y 90.

Brasil no es país cualquiera. Tiene más de 200 millones de habitantes que, si se enojan, pueden llevar a cabo graves estragos.

El gigante sudamericano ha crecido a tasas astronómicas para el mundo. En 2007, por ejemplo, con Lula Da Silva como presidente, la economía tuvo un incremento del 6%. Esas tendencias -si bien se han atenuado- no se revierten. Más de 30 millones de brasileños salieron de la pobreza en este período.

Esta situación financiera e institucional hizo que FIFA se volcara a favor de Brasil para organizar la Copa del Mundo.

Según un estudio de la Universidad de San Pablo se habrán invertido 18.000 millones de dólares en infraestructura y organización del evento.

Unos 14,000 millones de dólares deberán ser pagados por los 194 millones de brasileños a través impuestos y otros instrumentos de política económica, se informó.

La primera señal de descontento se vio los días 6 y 7 de junio del 2013, previo a la inauguración de la Copa Confederaciones.

Las calles de San Paulo se llenaron de manifestantes. El argumento fue el aumento de 7% en el precio del transporte, sino también por el costo de eventos como el Mundial y los Juegos Olímpicos.

¿Por qué no gastar ese dinero en educación y obras para la gente?, se preguntaron millones de brasileños al conocerse los detalles del gasto público en el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016.

Jesús Sánchez Díaz, delegado de Solidaridad Internacional, organización que trabaja por la justicia, equidad y los derechos humanos, dijo que Brasil debería mirarse en el ejemplo de Sudáfrica 2010.

“El resultado fue unos ingresos de 3,000 millones de dólares para la FIFA y 3,000 millones de pérdidas para Sudáfrica”, dijo en un informe del semanario El Economista.

Un 61% de los brasileños creen que el Mundial traerá perjuicios al país, según un relevamiento hecho en abril por Pew Research Center. El dinero, dijeron, debería haber sido volcado a educación, salud y servicios públicos. Sólo 34% aseguró que la copa del mundo, la cual se desarrollará en 12 ciudades del país, podría crear empleos y ayudar a la economía.

El Comité Popular reporta que las viviendas que el gobierno brasileño destinó para los desplazados no se encuentran, en su mayoría, en las zonas que se beneficiarán de las inversiones para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos 2016, sino que están ubicadas en las periferias de las ciudades que tienen una baja cobertura de servicios públicos e infraestructura.

Dicho presupuesto está dividido en ocho ítems, a saber: movilidad urbana, estadios, aeropuertos, seguridad, puertos, telecomunicaciones, equipamientos complementarios y turismo”, explica Airton Saboya Valente, economista del Banco do Nordeste y profesor de la Universidad de Valencia.

Un reporte de Ernst&Young Terco y la Fundación Getulio Vargas estima que la organización del Mundial ha tenido un impacto económico de 64,000 millones de dólares, entre el 2010 y el 2014, pero en su mayoría se deben a inversión indirecta y sólo 10,161 millones de dólares habrían sido destinados para asegurar la infraestructura adecuada para el evento.

La tensión social se ha incrementado pese a las mejoras en las condiciones de vida de los habitantes. Los analistas señalan que paradójicamente el progreso es una explicación para que estos nuevos ciudadanos eleven la apuesta frente al gobierno. Salieron de la marginalidad, tienen un trabajo estable y ahora van por más. Es a ellos que deberá escuchar Dilma Rousseff y el resto del sistema político si quiere mantenerse en el poder en los próximos años.

 

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