Bonjour Monsieur le Président

El análisis del primer día de Emmanuel Macron como presidente de Francia y los desafíos que le esperan.

Por Lic. María Bocchi Rodríguez

Esta mañana cerca de las 10, en un departamento cercano al Palacio del Elysée, un grupo de jóvenes saluda desde el balcón mientras una de las chicas sostiene una cartulina que reza: “Bienvenue à mon nouveau voisin” (Bienvenido a mi nuevo vecino). El “nuevo vecino” es nada más ni nada menos que Emmanuel Macron, quien luego de una breve y sencilla ceremonia en el Elysée se convirtió en el octavo Presidente de la Quinta República Francesa, sustituyendo a quien fuera su “mentor” político, el socialista François Hollande. Con apenas 39 años, Macron, filósofo y ex – asesor financiero graduado en la ENA, conquistó la Presidencia de Francia luego de una vertiginosa carrera que comenzó hace poco menos de un año, cuando renunció a su cargo como Ministro de Economía, para formar el partido “En Marche” y postularse como una opción, que trascendiendo los usuales clivajes izquierda – derecha, se situaba en el centro del espectro político.

Su audacia, su espíritu inquebrantable y una buena dosis de suerte sortearon con éxito los escollos en un país en que muchos le auguraron un fracaso estrepitoso bajo la premisa de que era prácticamente imposible construir un liderazgo por fuera de los partidos tradicionales, con poca experiencia política y habiendo formado un partido hacía apenas un año. Por otra parte, su exceso de optimismo sobre el futuro, en un contexto en donde el discurso dominante, no sólo en Francia sino en Europa, estaba teñido por el desaliento y la desesperanza, fue observado por algunos con cierto desdén y como una muestra de ingenuidad en su visión de la sociedad y el mundo. Pero quizás fueron precisamente ese optimismo, esa auto-confianza y esa suerte de “impermeabilidad” hacia las críticas (no sólo en su vida política sino también en su vida personal) los motores principales de su trayectoria hacia el Elysée.

Como es tradición en la República francesa, Macron llegó al Palacio del Elysée en la mañana en donde fue recibido por François Hollande con quien sostuvo una reunión en privado de casi una hora, reunión en la que es usual además que el Presidente saliente le entregue a su sucesor los códigos de las armas nucleares.

Posteriormente y luego de recibir el collar de oro que le convierte en Gran Maestro de la Orden Nacional de la Legión de Honor, Macron ofreció su primer discurso como Presidente de Francia. En él, volvió a retomar la idea de la necesidad de una Francia próspera y fuerte que sea modelo para el mundo. Y también, como lo hiciera el domingo pasado luego de conocerse los resultados electorales, apeló a la esperanza afirmando tener la certeza de que “juntos podemos escribir una de las más bellas páginas de nuestra historia”. De la mano de Macron los valores republicanos franceses vuelven a ser referencia para el mundo. “El mundo necesita eso que las francesas y los franceses le han enseñado siempre: la audacia de la libertad, la exigencia de la igualdad y la voluntad de la fraternidad”.

En su primera aparición como Presidente, Macron pareció una vez más, preocupado por contagiar a los franceses con su optimismo sobre el futuro, ese espíritu que según el filósofo Régis Debray encarna la “americanización” de la política, en donde “la búsqueda de la felicidad” aparece como un elemento central, desconocido hasta ahora en la política francesa. Optimismo que además contrasta con la suerte de pesimismo y apatía que había inundado a la Francia de Hollande, cuyo gobierno fue visto como incapaz de hacer frente a los problemas que aquejaban al país. Hollande, considerado como el presidente más impopular de la Quinta República, se retira dejando detrás un legado con más sombras que luces: una alta tasa de desempleo (10%), una Francia con una fuerte polarización entre las ciudades y las zonas periféricas, las de los “olvidados”, y un país en el cual el terrorismo se ha convertido en una amenaza permanente.

Pero quizás lo que más ha impactado en el balance negativo de su gestión no haya sido tanto lo que ha hecho o dejado de hacer en términos de políticas sino la percepción generalizada de un Hollande gris, tibio, más parecido a un abuelo bonachón que a un líder capaz de hacer frente con firmeza a la crisis y la incertidumbre.

Macron pareció haber comprendido esto desde el inicio de su campaña y su discurso hoy en el Palacio del Elysée confirma no sólo que ha interpretado como ninguno el sentir de la mayoría de los franceses sino que es consciente que, tal vez, uno de los mayores retos que enfrenta es luchar contra el pesimismo y el desaliento provocado por la falta de liderazgo de su predecesor que devolvió una imagen de Francia débil y sometida a los vaivenes de un mundo que no puede controlar.

Recuperar el liderazgo perdido de Francia, la grandeza de la República, parece ser el primer objetivo que se ha planteado Macron. No es casualidad que una semana atrás, luego de conocerse los resultados electorales, la imagen de Macron caminando en soledad hacia el estrado fuera idéntica a la protagonizada por François Miterrand en el Panteón, en mayo de 1981. Su camino hacia el Louvre no era precisamente el de un “outsider”, el de un “self-made man” sin arraigos en el sistema político francés, sino el andar de un auténtico líder anclado fuertemente en la historia política francesa de la mano de quien fuera una de sus figuras centrales, François Miterrand y que parecía devolver la imagen de brillo y poder de la República perdida. Al mismo tiempo, su reunión de este lunes en Berlín con Angela Merkel, apenas unas horas después de haber asumido la Presidencia de la República, es una clara señal de que su objetivo es recuperar para Francia un lugar predominante en el esquema europeo.

Hoy, mientras el ya ex – Presidente Hollande era acompañado por Macron hasta el auto en el que se retiraría del Palacio del Elysèe, era inevitable no recordar la frase de Antonio Gramsci con la que muchos, con cierto aire pesimista, buscaron describir la actualidad europea y el auge de la ultraderecha. “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.
Hollande parece ser hoy parte de ese viejo mundo, de esa vieja política que agoniza en Francia, con el descalabro de los partidos tradicionales y su incapacidad para hacer frente a los desafíos del presente. En el otro extremo, el entusiasmo de Macron, su juventud, su espíritu audaz pero también la defensa férrea del orgullo de la República son la imagen perfecta de esa nueva Francia, ese nuevo mundo que parecía tan esquivo, y que, luego de haber derrotado a los monstruos, parece finalmente resurgir entre las sombras.

Foto: AFP

*La Licenciada María Bocchi es Politóloga y Directora de Proyectos de LCB - Marketing Político.

 

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