A dos semanas de unas elecciones legislativas que pondrán fin a sus 16 años al frente de Alemania, la poderosa canciller Angela Merkel retorna a sus raíces en Templin, ciudad de la ex-RDA comunista donde creció. "Aquí, ella es totalmente natural", dice uno de los pobladores.
Angela Merkel retorna a sus raíces en la ciudad de su infancia
A dos semanas de unas elecciones legislativas que pondrán fin a sus 16 años al frente de Alemania, la poderosa canciller Angela Merkel retorna a sus raíces en Templin, ciudad de la ex-RDA comunista donde creció. "Aquí, ella es totalmente natural", dice uno de los pobladores.
En un soleado día de septiembre, la canciller hace una visita oficial a la ciudad donde vivió desde los tres años de edad hasta terminar su bachillerato.
Con su atuendo de canciller -chaqueta color melocotón, pantalón negro, zapatos confortables-, Merkel inaugura las obras de una nueva guardería y planta un tilo en el "jardín ciudadano" de esta ciudad del Brandenburgo que celebra sus 750 años, con uno de retraso debido a la pandemia.
La ceremonia es campechana, con sus discursos oficiales y sus diversiones locales. Pacientemente, la mujer de Estado escucha a una niña que se esfuerza en interpretar un extracto de la 9ª sinfonía de Beethoven en acordeón, y luego va a saludar, a buena distancia, al centenar de habitantes congregados para la ocasión.
"Pese a la tutela del Estado y a la falta de libertad que teníamos", dice Merkel aludiendo al régimen autoritario de la ex-RDA, "tengo muchos buenos recuerdos de mi infancia y mi juventud aquí en Templin".
"De aquí vengo, aquí tengo mis raíces, y siempre estarán aquí", proclama entre aplausos.
Los 16.000 habitantes de la localidad, con numerosos vestigios medievales, conocen a otra Angela Merkel, no oficial, simple.
"Ella es una de los nuestros. Cuando está aquí, es totalmente natural, como nosotros", cuenta Manuel Wichmann, educador de 46 años, que aunque "no vota CDU", el partido conservador de la canciller, elogia la estabilidad que ha aportado al país.
Merkel, de 67 años, vuelve regularmente a esta ciudad, situada a 80 km al norte de Berlín, donde están enterrados sus padres.
Nacida en Hamburgo el 17 de julio de 1954, Angela Kasner era aún un bebé cuando la familia se muda a Alemania del Este, una opción a contracorriente en la época, incluso si la frontera no había sido aún cerrada por el telón de acero.
Tras varias etapas, se instalan en 1957 en Templin, donde su padre, pastor luterano, dirige un seminario de formación a la teología con la voluntad de intentar remediar la falta de eclesiásticos en una RDA hostil a la religión.
Su madre, profesora de inglés, no estaba autorizada a dar cursos de este "idioma del enemigo". Se ocupaba entonces de los niños, Angela, la mayor, Marcus, nacido en 1957, e Irene, siete años más tarde.
Viven en una casa de muros verdes y amarillos colindante con un centro para discapacitados psicomotores.
La casa de la infancia y ese centro siguen ahí, igual que el colegio, cercano, hoy convertido en una escuela Montessori.
Angela Merkel posee en una aldea próxima una modesta casa de cuatro piezas, con vistas al campo, su "datcha", como ella la llama con humor.
Ahí se refugia a veces los fines de semana con su marido Joachim Sauer y recobra fuerzas en la región del Uckermark, conocida por sus grandes bosques y lagos, asiste a la misa, y se funde con el entorno.
"Es completamente normal. Cuando va a hacer compras, apenas se la nota, está casi de incógnito", relata Bernd Retter, un jubilado de 68 años, quien dice haber asistido a la misma escuela que la canciller.
Entonces, ella no llamaba la atención, afirma el hombre. Salvo por su talento de estudiante, pues era excelente en matemáticas y en ruso, y obtendrá su bachillerato con la nota máxima antes de ir a estudiar Física en Leipzig.
Aunque no comparte sus convicciones, el alcalde de la ciudad, Detlef Tabbert, miembro de la izquierda radical, no oculta su orgullo por tener a una originaria de Templin convertida en "primera mujer de Alemania", y saluda su gestión de las crisis.
"Quizá le haya servido la mentalidad de la gente de la región", dice con una sonrisa en los labios, y enumera "la calma, la paciencia y, cuando es necesario, una buena dosis de tenacidad".
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FUENTE: AFP
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