Abdulrazak Gurnah, escritor de origen tanzano galardonado este jueves con el premio Nobel de Literatura, ha sido un agudo observador de los efectos del colonialismo y la inmigración durante una carrera de 35 años aclamada por la crítica.
Abdulrazak Gurnah, autor accidental convertido en la voz de los desplazados
Abdulrazak Gurnah, escritor de origen tanzano galardonado este jueves con el premio Nobel de Literatura, ha sido un agudo observador de los efectos del colonialismo y la inmigración durante una carrera de 35 años aclamada por la crítica.
"Soy un observador. (...) Escribo lo que sucede en el mundo en que vivo y actualmente (la cuestión migratoria) es el gran tema, la gran preocupación del mundo en que vivo", declaró Gurnah a la AFP.
"Es la historia de nuestro tiempo", insistió en una conversación telefónica el premiado, quien se dijo "invadido" por las emociones y "muy orgulloso" por un reconocimiento "completamente inesperado".
Nacido en Zanzíbar en 1948, el autor africano comenzó a escribir con 21 años luego de trasladarse al Reino Unido a finales de los años 1960 para estudiar.
"En cierto sentido, fue algo con lo que tropecé por accidente más que el cumplimiento de un plan. (...) En gran medida, tuvo que ver con la abrumadora sensación de extrañeza y diferencia que sentí allí", recordaba en una entrevista al diario The Guardian.
Su primera novela no llegó hasta 20 años después, "Memory of Departure" (1987), seguida por "Pilgrims Way" un año después y "Dottie" en 1990. Las tres exploraban las experiencias de los inmigrantes en el Reino Unido de aquella época.
El reconocimiento de la crítica le llegó gracias a su cuarta novela, "Paradise" (1994), ambientada en el África Oriental colonial durante la Primera Guerra Mundial y que entró entre los finalistas al prestigioso Booker Prize británico.
Su obra de 1996 "Admiring Silence" narra la historia de un joven que regresa a Zanzíbar 20 años después de marcharse a Inglaterra, donde se casó con una británica y trabajó como profesor.
Una historia similar a la suya, que no pudo volver a su tierra hasta 1984, aunque conservó los vínculos. "Voy allí tanto como puedo. Es de donde vengo. En mi cabeza, todavía vivo allí", dijo a la AFP.
En su primera entrevista concedida a la Fundación Nobel, el galardonado hizo un llamamiento a Europa para que cambie su visión de los refugiados de África y reconozca "que tienen algo que aportar".
"No vienen con las manos vacías", afirmó el escritor, subrayando que son "personas con talento y energía".
Sus obras están "dominadas por las cuestiones de la identidad y el desplazamiento, y cómo éstas, son moldeadas por los legados del colonialismo y la esclavitud", escribió sobre él el académico Luca Prono en la web del British Council.
"Todos los relatos de Gurnah se basan en el impacto que emigrar a un nuevo contexto geográfico y social tiene en la identidad de sus personajes", subrayó.
"Las cuestiones que planteo no son nuevas", reconoció el escritor a The Guardian sobre su propio trabajo. "Pero si no son nuevas, están firmemente influenciadas por lo particular, por el imperialismo, por la dislocación, por las realidades de nuestro tiempo", consideraba.
"Y una de las realidades de nuestro tiempo es el desplazamiento de tantos extranjeros hacia Europa", insistía ante el rotativo británico.
En 2001, con "By the Sea", Gurnah volvió a tratar el tema mediante la historia de Saleh Omar, un solicitante de asilo que acaba de llegar al Reino Unido.
Sus últimas obras incluyen "Desertion", de 2005, preseleccionada para el premio de escritores de la Commonwealth de 2006, y "The Last Gift" (2011), que la revista Publishers Weekly describió como una "novela inquietante" que contiene "una trama sólida con poderosas reflexiones sobre la mortalidad, el peso de la memoria y la lucha por establecer una identidad poscolonial".
La última novela de Gurnah, "Afterlives", salió a la venta el año pasado y cuenta la historia de un niño que fue vendido a las tropas coloniales alemanas.
El escritor, que vive en el sur de Inglaterra, se jubiló recientemente como profesor de Literatura Inglesa y Postcolonial en la Universidad de Kent.
Bashir Abu-Manneh, jefe del departamento de Literatura Inglesa, destacó el jueves su "lucha por la voz individual, por la justicia, por sentirse en casa en un mundo siempre cambiante".
"Nadie que escriba hoy en día ha articulado tan bien los dolores del exilio y las recompensas de la pertenencia. Canterbury y Kent son a la vez su exilio y su hogar", agregó.
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FUENTE: AFP
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