Una pregunta sin respuesta

    En mis primeros años como periodista de televisión, me marcó la cobertura periodística de dos noticias durante los mundiales de Estados Unidos y Francia.

     

    En mis primeros años como periodista de televisión, me marcó la cobertura periodística de dos noticias durante los mundiales de Estados Unidos y Francia.

    En 1998, mientras algunos colegas compartían una picadita en Chatelet Les Halles, -el barrio parisino donde instalamos nuestro búnker- y payaban sobre lo hermosa que había sido la "Fette-football", que abría el gran evento del 98 en las principales calles de la Ciudad Luz, yo estaba en el medio de la celebración y esquivaba -con mi entrañable amigo Willy Ledesma- piedras, botellas y balas de gomas comprobando que los hooligans no eran un invento de mentes trasnochadas.

    En 1994, por terquedad periodística se me ocurrió en un día libre de competencia, ir con Fernando Sonino al IBC y al Estadio Cotton Bowl de Dallas y me encontré en medio de un increíble caos mediático porque se confirmaba una noticia que el mundo suponía: Maradona positivo.

    Hoy, instalado en mi oficina de Subrayado, después de muchas coberturas futboleras, me confieso -y asumo- que ese hecho disparó mi furia contra el Dios de los Argentinos.

    Era mi ídolo y me sentí estafado por el vicio blanco como el día de sus noches oscuras.

    Desde ese instante, proclamé contra viento y marea que el más grande de todos los tiempos era O Rey Pelé.Pero la vida -y la madurez- permiten cambiar sobre la marcha.

    Sobretodo, si llega un tercero a pugnar por lo juzgado.

    El Año que me encontré con Pelé

    Fue hace unos meses.

    La casualidad sentó a Pelé frente a mi, en uno de los tantos eventos del Banco Santander, enfundado en su saco rojo, con las canas disimuladas por algún shampoo milagroso y con apuro de Ejecutivo de Wall Street.

    Cuando le pregunté por el momento del fútbol uruguayo y su fantástica ubicación en el Ranking FIFA -en ese entonces estábamos terceros- se fue por las ramas. "Le falta ganar un campeonato", me dijo y eludió -con la misma precisión que desairó a Mazurkiewicz en el 70- cualquier referencia a la Copa América de Argentina 2011.

    Sin embargo, elogió el buen juego de estos tiempos y lo comparó al que tenían nuestros equipos cuando él jugaba en Santos.

    El Rey no sale de su laberinto.

    Enmarcó la batalla actual por el cetro MVP entre Messi y el CR7 y -astuto- sacó de la troya a Neymar porque "sólo tiene un año de carrera". De todos modos, se entusiasmó y lo alabó al sentenciar que es más habilidoso que Lío y "maneja las dos piernas".

    Para O Rey el diez está en extinción. En un fútbol moderno, en constante movilidad,  donde mandan la velocidad y la presión y faltan los espacios. Tal vez, por eso, se excusó de proclamar a Riquelme como el mejor de América en el primer semestre escudado en que no vio todos los partidos de la pasada Santander Libertadores.

    Pelé subió a su podio histórico a varios cracks. "Tres es poco", aseguró mientras evocó a Yashin, Garrincha, Amadeo Carrizo, Didí,  Di Stefano, Beckembauer, Maradona, Cruyff y Platini.

    Queda claro que Pelé es el Rey de lo políticamente correcto pero no le queda otra que tentarse cuando un colega español le pregunta quien ganaría hoy un partido entre el Brasil de los 70 y el campeón de la Euro.

    Antes de partir, me miró cómplice y recordó la fuerza - y algo más- del Cholo Ledesma -curiosamente, el inolvidable tío de Willy- en aquellas batallas contra Peñarol en la vieja Copa.

    Pelé me dijo aquél día -finalmente- "sigan así que Uruguay va a ganar un torneo".

    Lo miré y no le recordé el pasado reciente.

    Al fin y al cabo... Frente a mí estaba el Rey.

    El más imperfecto de los Dioses y el increíble recordman

    Fue Eduardo Galeano quien definió a Maradona como el más humano de los Dioses, capaz de cometer en cinco minutos -y ante Inglaterra- los dos goles más contradictorios de la historia del fútbol: el gol del artista y el gol del ladrón.

    Síntesis ambulante de las debilidades humanas, Barrilete cósmico del orgasmo futbolero, Don Diego de La Gente, -como el mismo confesó- recibió una patada en el culo en el corazón de Villa Fiorito y cayó en la cima del mundo sin otra compañía que la de zurda contradictoria.

    No había discusión en la Argentina Grandiosa de los debates frívolos y la tinellización que jaquea mentes débiles sobre el mejor domador de pelotas de todos los tiempos.

    Hasta que apreció Messi...

    Puede ser definido como astro de probeta, deportista perfecto formado en las entrañas de Barcelona, sin más vicio que descoser la pelota y festejar con un pote de helado y un partido de PlayStation un triunfo con hat track incluído. Llegó para enredar la madeja de una pregunta sin respuesta: ¿Quién es el mejor de toda la historia?

    Fue mi hijo Francisco, en su precoz interrogatorio futbolero, el que me arrinconó exigiendo una definición. Antes, siempre respondí O Rey porque Maradona era impuro.

    Ahora, no sé que decir...

    Balbuceo...

    Invento...

    Me niego a dar respuesta.

    En fútbol, como en la vida, no hay que matar a los viejos para dar lugar a los que llegan.

    Edson, Diego y Lio..

    Los tres...

    Para qué elegir uno.

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