Somos mejores… ¿somos buenos?: Uruguay crece más y supera a sus vecinos

La marcha de la economía uruguaya siempre ha estado muy condicionada por lo que sucede con nuestros grandes vecinos, Argentina y Brasil.

La marcha de la economía uruguaya siempre ha estado muy condicionada por lo que sucede con nuestros grandes vecinos, Argentina y Brasil. Por mucho tiempo, el crecimiento de Uruguay se parecía mucho al promedio de los gigantes regionales. Sin embargo, en los últimos años nos hemos “cortado solos”: mientras Argentina y Brasil entraron en crisis, Uruguay siguió de largo, creciendo, con apenas una frenada a fines de 2015 y principios de 2016, que ya está superada: este año se estima que la economía crecerá más de 3%.

De tal manera que, al comparar nuestro PBI con el de nuestros vecinos, y contrastar lo que sucedió en los últimos años, Uruguay lidera: entre 1997 y 2017 crecimos 67%, contra 54% de Brasil y 49% de Argentina. Cuando tomamos el período 2010-2017, la diferencia es aún más notoria: Uruguay crece 22% contra 7% y 2% de Argentina y Brasil.

Efectivamente, el desempeño de Uruguay ha sido notoriamente mejor y esto se debe –en buena medida- a virtudes propias, de la conducción de los gobiernos de turno, y del país en general, de su institucionalidad, con sus virtudes y defectos.

Para empezar, hay que recordar la salida de la crisis del 2002, en la cual el país no puso como excusa la grave crisis social para incumplir contratos o repudiar la deuda (como sí sucedió en Argentina). Uruguay pidió plazo para cumplir sus deudas hasta el último peso, pero además se planteó que las empresas tenían que hacer lo mismo: no hubo quitas ni perdonazos. Los ahorristas de los bancos que se fundieron –vaya si lo sabrán- hicieron la pérdida, muchos empresarios quebraron o debieron malvender para subsistir. Los años siguientes no fueron fáciles, pero esa conducta responsable fue premiada con la confianza de muchos inversores externos que –aprovechando oportunidades- llegaron con capital. En 2004 gana por primera vez la izquierda, el Frente Amplio, en una transición política ejemplar sin cucos ni fantasmas, y el gobierno que arrancó en 2005 se aplicó a “reducir las vulnerabilidades” (deuda estatal, emergencia social), manteniendo principios básicos del funcionamiento económico, sin renunciar a su impronta política, que en el ámbito de la economía se expresó con claridad en la Reforma Tributaria del 2007. Ninguno de estos cambios impidió que Uruguay siguiera creciendo, ayudado –obviamente- por un contexto externo muy favorable, principalmente por el aumento de la demanda y los precios de nuestros principales productos (China comenzaba a perfilarse como el socio comercial clave).

Argentina crecía a más velocidad, claro: con mínimo endeudamiento y comenzando a aplicar insostenibles subsidios energéticos a la industria; pan para el hoy, hambre para luego, como quedó demostrado. Brasil también crecía fuerte bajo los gobiernos de Lula, que incorporó un equipo económico más ortodoxo y liberal que socialista (Meirelles, el actual ministro de Economía de Temer, fue el presidente del Banco Central en tiempos de Lula). Al igual que Uruguay, las políticas sociales y salariales de Lula expandieron el mercado interno, sacando a millones de brasileños de la pobreza e incorporándolos a los circuitos básicos del consumo.
Asimismo, Uruguay comenzaba a recoger los frutos de la política forestal, con la puesta en marcha de la primera planta de celulosa en 2007 (seguiría otra en 2014), que dio un impulso agregado al PBI. En contraste, el gobierno argentino entró en colisión con el sector agropecuario, clave en su economía, por el aumento de impuestos al comercio, lo que tendría pésimas consecuencias luego.

En 2008 irrumpe la crisis financiera global y, sin embargo, a pesar de los perjuicios, la economía uruguaya superó el trance y siguió creciendo. Se acumularon más inversiones en energía, turismo, comercio. Los precios internacionales de nuestros productos llegaron a máximos históricos y es en esos años donde Uruguay se “despega” de Argentina, cuya economía se estanca por sus malos fundamentos: el déficit fiscal creció y la inflación fue detrás, solo mitigada por insostenibles subsidios, y con retenciones a las exportaciones que perjudican la producción, en una economía que se cerraba sobre sí misma. En Uruguay, la inflación también fue un problema, pero a niveles mucho más manejables, las exportaciones crecieron y la economía alcanzó un gran dinamismo.

En Brasil, el escenario era el de una expansión exagerada, que quedó expuesta cuando cayeron los precios externos. Los norteños entraron en una grave crisis fiscal que –sumada a la crisis política por los casos de corrupción- llevó a la destitución de Dilma Rouseff. La caída de los precios también pegó duro en Uruguay y el PBI se estancó. Pero la acumulación de inversiones y la expansión del consumo han permitido la recuperación en los últimos meses, lo que pone a Uruguay claramente arriba de Argentina y Brasil en su trayectoria del PBI.

Esta “victoria regional” no debe marearnos: la economía uruguaya tiene debilidades y ser los mejores de la clase regional no da para echar campanas al vuelo. La situación fiscal es delicada, no tan grave como las de los vecinos, pero con similar tendencia. A pesar de los aumentos de impuestos (que complican a personas y empresas), las cuentas no cierran.

Los salarios suben o se mantienen, pero el empleo cae y es preocupante. Y además, las inversiones ya no tienen la dinámica previa. Detrás de esto hay, a mi juicio, dos factores clave: por un lado, la pérdida de competitividad por aumento de costos (tarifas, costos por falta de infraestructura, problemas de formación de los trabajadores); por otro lado, una erosión de la confianza por cambios normativos que afectan a los negocios, sumado a excesos sindicales que se subestiman cuando el contexto es positivo, pero que emergen como dificultades serias cuando el impulso económico no es tan firme. La complicada experiencia de Hyundai en la construcción de la planta para UTE, todo lo que fue el proceso de construcción de Montes del Plata, el cambio de reglas al grupo que compró Farmashop, son algunos ejemplos de otros varios en los que los inversores no encontraron lo que esperaban. Son cosas que hay que corregir y superar si se quiere mantener el liderazgo regional y seguir creciendo.

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