"Síndrome de la falsa esperanza": cuando queremos cambiar y no podemos

Cada año intentamos cambios de vida que luego no se producen. Expectativas altas y metas irreales

Cada año nuevo soñamos con empezar una dieta y convertirnos en atletas de alta competencia. Estar flacos, dejar de fumar, comer sano, lucir rozagantes como en una publicidad.

Pero en febrero ya sabemos que nada de eso ocurrirá.

La investigadora canadiense Janet Polivy -master en Psicología- bautizó este fenómeno como 'síndrome de la falsa esperanza' y determinó que se da por una combinación de metas poco realistas con una falta de comprensión del propio comportamiento.

El resultado negativo de muchos de estos esfuerzos por realizar cambios en su comportamiento diario hace que sea difícil de entender por qué tantas personas insisten una y otra vez en ellos.

Según los datos de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Scranton publicado en 'Journal of Clinical Psychology', sólo el 8% de las personas que se proponen algún cambio a principio de año acaba teniendo éxito.e Por cierto, el principal propósito suele ser perder peso.

Polivy cree que normalmente somos poco realistas a la hora de plantear nuestros objetivos, ya que solemos pensar que son fáciles de lograr en un período irrazonablemente corto de tiempo. Por consecuencia no valoramos el esfuerzo que habría que hacer.

Embarcarse en un proceso de cambio a menudo induce una sensación de control sobre nuestra propia vida, lo que nos envuelve de un sentimiento de optimismo que reemplaza las lecciones de experiencias previas.

Las personas tienden a exagerar los efectos del cambio, como que al perder peso conseguiremos pareja o seremos capaces de correr una maratón.

También hay que tener en cuenta que algunos malos hábitos, como fumar o comer en exceso, a menudo son el resultado de problemas emocionales subyacentes que necesitan ser tratados, con lo que abordar el cambio se convierte en algo mucho más difícil.

Polivy destaca que esta realidad no supone que debamos dejar de intentar cambios, ya que muchos de ellos son factibles.

El problema está en que hay que aprender a distinguir entre objetivos realistas y no realistas y, particularmente, saber reconocer el exceso de confianza, ya que éste engendra falsas esperanzas. Las frustraciones son parte de una ecuación en la que las expectativas exageradas y la realidad hacen su parte.

 

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