EN DOS COLORES

Ruben Rada, la pasión entre la música y Peñarol: "El sueño mío era ser jugador de fútbol, el plan b fue cantar"

Rada destacaba siempre en las entrevistas su amor por el carbonero y que su regreso al país se debió porque extrañaba a Peñarol y a sus amigos.

"La Ámsterdam es mi tribuna, donde fui toda la vida", decía Ruben Rada en una entrevista.

Una vida en amarillo y negro, entre lonja y madera, disfrutando y sufriendo en oro y carbón, fútbol, música y pasión. Su padrino Omar lo llevaba al estadio Centenario, pero a ver a Nacional.

"En la época de Atilio García, yo tenía 7, 8 años. Hasta que un día vino mi madre con 5 camisetas, 5 pantalones, medias, tobilleras, zapatos de fútbol que había comprado de Peñarol. Entonces estaba arriba de la cama, se vistieron todos mis hermanos de Peñarol y quedó un equipito ahí y me lo puse", contó.

Rada relató en esa entrevista que siempre vivió a 5 o 6 cuadras del estadio. "El sueño mío era ser jugador de fútbol, el plan b fue cantar", dijo.

Tenía 7 años, las secuelas de la tuberculosis que sufrió entre los 2 y 4 años terminaron con sus sueños de futbolista.

"Hasta los 17 años me presenté a jugar al fútbol en varios cuadros y quedaba, pero cuando me sacaba la ficha médica, tenía los dientes bien, todo bárbaro, pero salió una mancha en el pulmón", contó.

El 16 de julio de 1950 cumplió 7 años, el Maracanazo le dio felicidad y muchas monedas para comer con aceite por varios días.

Repartía diarios en el estadio para que la gente se sentara en el frío cemento del Centenario donde también abría las puertas de los taxis. Nunca pagó una entrada en las canchas montevideanas, treparse a un árbol era una de las formas de colarse, así vio a Peñarol 5 veces campeón con Máspoli, Obdulio Varela y Ghiggia, como protagonistas.

"Vine al Uruguay porque extrañaba a mis amigos y porque extrañaba a Peñarol. Cuando entré al estadio el primer día y vi salir a Peñarol, era lo único que quería ver salir a Peñarol del vestuario. Fue para mí algo emocionante", manifestó en otra entrevista.

En un programa de televisión confesó que lo mejor que había visto en su vida había sido a Juan Eduardo Hohberg, el argentino que jugó en Peñarol. "Después Spencer, mi negrito. Spencer y Joya", subrayó.

A estos dos últimos les dedicó una canción que decía: "Joya y Spencer van de la mano, llegan al cielo los dos hermanos. Dios los recibe tambor en mano con un candombe ecuaperuano".

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