Luis Becerra engañó a mucha gente durante más de 30 años. Su talento para la tarea resulto innegable.
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Quedó al descubierto "Leandro", el espía que se infiltró en la FOEB y el PS
Divulgación del archivo del exmilitar Elmar Castiglioni está poniendo en evidencia a agentes de Inteligencia que hicieron tarea ilegal en democracia.
Todo comenzó en los primeros años 80. Entró a trabajar a Fábrica Nacional de Cerveza y al cabo de un tiempo ya era suplente del máximo referente de la poderosa FOEB, Richard Read.
Se afilió al Partido Socialista y logró ser íntimo de dirigentes historicos, como el líder bancario Eduardo "Lalo" Fernández.
Durante décadas, Luis Becerra fue simplemente un "compañero".
A los espías se les enseña que para crear un personaje se lo monta desde hechos reales para sea consistente.
Becerra contó a todos que fue militar, pero dijo que había sido destituido al ser sorprendido por pasar material a organizaciones sediciosas en los años 70.
Con esta historia detrás, sembró cierta dosis de empatía con los referentes de izquierda a los que iba conociendo.
En poco tiempo iba no solo creando amistades, sino además metiéndose en el riñón de las organizaciones a las que se afiliaba.
La divulgación del archivo del militar fallecido Elmar Castiglioni -incautado por la Justicia y revelado por Brecha- permitió desenmascarar a Luis Becerra, quien en realidad nunca dejó de pertenecer a los cuadros de Inteligencia del Ejército. Hasta que se jubiló en 2005 fue el agente 03-E . También era conocido bajo el alias "Leandro".
Las investigaciones posteriores revelaron que Becerra prestó 41 años de servicio, ocho en "servicios militares simples" y 33 en "servicios civiles", es decir encubierto.
No fue el único infiltrado en organizaciones de izquierda. Las notas del periodista Samuel Blixen dan cuenta de varios. Uno de ellos refiere, por ejemplo, a un fotógrafo que trabajó para el semanario Mate Amargo y era de total confianza de los tupamaros.
Su acceso a los archivos de los principales referentes del movimiento lo hizo un activo de importante para la Inteligencia militar.
Durante los años de la crisis de 2002 el presidente Jorge Batlle y su entorno inmediato fueron espiados de cerca. Lo mismo durante el gobierno del Frente Amplio. En ese sentido, el archivo Castiglioni confirmó la sospecha de la exministra de Defensa Azucena Berruti: era espiaba por su propio entorno.
En ese sentido el caso de Becerra, sin ser el más importante, reviste condiciones simbólicas. Es que todo se trata de confianza, algo que el espía E-03 sabia ganarse en el día a día.
Después de su jubilación Becerra abandonó las tareas en Montevideo pero no dejó de "militar".
Se radicó en Lavalleja y a cabo de poco tiempo ya ocupaba puestos de dirección en el Frente Amplio local, según publicó El País.
ASOMBRO EN SU ENTORNO
Actualmente está integrado al Club de Leones de Minas, en el que ha ocupado posiciones importantes. Actualmente está fuera de la directiva pero sigue muy activo en la organización, según relató El País el pasado domingo en un informe especial.
Este lunes, el portal web de El Observador divulga la identidad de Becerra acompañada por una foto suya en una lista del Club de Leones del año 2010.
La historia de espionaje asombró a su actual entorno. Algunos sabían de su borroso pasado militar, pero siempre apuntalado por su posterior militancia socialista y gremial.
Fuentes del Club de Leones de Minas dijeron a El Observador que se tratará en directiva la situación de Becerra.
Ahora que su vida quedó expuesta las cosas no serán fáciles para él.
Hasta ahora su nombre no había salido en los medios. Algunos de los que hablaron de él sin dar su nombre fueron Richard Read y Lalo Fernández, quienes dieron impulso a la carrera de Becerra en las organizaciones de las que formó parte.
Lalo contó que iba a su casa y que tenía una relación cercana. Read contó que le asignó gestiones delicadísimas en el sindicato de la bebida. Fernández ha intentado comunicarse con él infructuosamente.
LOBOS SOLITARIOS
La divulgación del "archivo Castiglioni", un exmilitar fallecido en 2015, ha comenzado a mostrar que algunas heridas no están cerradas en la sociedad uruguaya.
Castiglioni fue oficial de inteligencia durante la dictadura y paso a retiro pocos años atrás. En los años previos a su muerte fue vocero de la organización Unidad y Concordia liderada por militares que defendían su actuación durante los años del "proceso".
Pero en su casa atesoraba cajas y cajas de expedientes, información confidencial y fichas personas de personalidades políticas sindicales y sociales del Uruguay que demuestran que el espionaje siguió siendo una práctica cotidiana aún en democracia.
No se sabe aún si este material era oficial o si, como dijo el ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, José Bonilla, fue la obra de un "lobo solitario".
Bonilla explicó recientemente que muchos espías siguen con su "hobby" una vez que se retiran, y sugirió que el caso de Castiglioni podría se uno de ellos, alguien que siguió trabajando en forma ilegal por fuera de la institucionalidad.
La justicia ordenó que el material incautado sea analizado por una comisión en la que están varias personalidades académicas como, por ejemplo, Álvaro Rico, decano de humanidades.
FOTO: La lista de Leones fue divulgada ayer por El Observador.
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