Moldavia celebra el domingo unas elecciones parlamentarias anticipadas convocadas por la nueva presidenta, Maia Sandu, que quiere reforzar su posición frente a las fuerzas prorrusas.
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Moldavia celebra elecciones anticipadas que podrían debilitar la influencia rusa
Moldavia celebra el domingo unas elecciones parlamentarias anticipadas convocadas por la nueva presidenta, Maia Sandu, que quiere reforzar su posición frente a las fuerzas prorrusas.
Elegida a finales de 2020 para suceder a Igor Dodon, considerado un protegido de Moscú, la nueva jefa de Estado prometió frenar la corrupción endémica de este pequeño país, situado entre Ucrania y Rumanía, sacudido por repetidas crisis políticas desde su independencia de la Unión Soviética en 1991.
Esta execonomista del Banco Mundial, de 48 años, tenía las manos atadas por el parlamento, controlado por el partido de Igor Dodon. Durante más de seis meses, le ha sido imposible formar gobierno o aplicar sus políticas.
Tras una larga lucha con los diputados, Sandu consiguió en abril disolver la asamblea y convocar elecciones legislativas. Su objetivo era "deshacerse de este parlamento corrupto lo antes posible" y "devolver el país a la normalidad", dijo.
Un eslogan que parece haber convencido a muchos de sus compatriotas, cansados de crisis y escándalos de corrupción.
"Puede que no haya hecho mucho todavía, pero sabemos que es honesta y honrada", dijo a la AFP Elena Ranga, una profesora de rumano de 43 años. "Por fin dejamos de avergonzarnos de nuestro presidente".
Para Maia Sandu, la victoria de su partido Acción y Solidaridad (PAS, centro-derecha) el domingo sería crucial.
"La señora Sandu necesita una mayoría" para "llevar a cabo las reformas prometidas en la lucha contra la corrupción y la integración europea", explica Sergiy Gerasymchuk, experto en política moldava del centro de análisis Prisma Ucraniano de Kiev.
Según los últimos sondeos, el PAS tiene entre el 35% y el 37% de las intenciones de voto, frente al entre 21% y 25% de sus rivales del Bloque Electoral Comunista y Socialista (BECS), una alianza euroescéptica y rusófila liderada por Dodon y otro expresidente, Vladimir Voronin.
Y estas cifras solo tienen en cuenta a los moldavos que viven en el país. Sin embargo, la diáspora representa más de un tercio del electorado y su preferencia fue mayoritariamente para Sandu en las presidenciales. La diáspora podría darle otros 10 o 15 puntos el domingo, según los expertos.
"Se ha convertido en un símbolo del cambio", dice el politólogo Alexei Tulbure.
Pero no todos comparten este entusiasmo. "Prometió mucho pero hizo poco", dice Alexander Volodin, un jubilado de 72 años que votará al BECS.
Si el partido de Sandu no consigue la mayoría absoluta, podría formar una coalición con el bloque del empresario Renato Usatii.
Para muchos analistas, la votación del domingo puede ser un golpe para Moscú, que quiere mantener a Moldavia en su esfera de influencia.
"La mayoría parlamentaria será proeuropea y la influencia rusa disminuirá", predice Gerasymchuk.
Moldavia, una pequeña exrepública soviética de 3,5 millones de habitantes, oscila de unas elecciones a otras entre los partidarios de estrechar lazos con Moscú y los de la integración europea.
La victoria de Sandu en las elecciones parlamentarias supondría el riesgo de "convertir a Moldavia en una marioneta de Occidente contra Rusia", advirtió recientemente Dodon.
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FUENTE: AFP
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