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"Marito" Abdo y Efraín Alegre, las opciones de poder en las elecciones de Paraguay

Este domingo vota el pueblo paraguayo. Su economía se expande a 4.5% anual, pero el nivel de pobreza alcanza a casi el 30% de la población.

Este domingo vota Paraguay y dos candidatos concentran la atención: el oficialista Mario Abdo apoyado por el presidente Cartes y el liberal Efraín Alegre que llega con la indicación del exmandatario Lugo.

Es extraño el caso de Paraguay, al que la prensa internacional llama "el país más conservador del América del Sur".

Hace 15 años que su economía no para de crecer a un promedio anual de 4% del PBI. Sin embargo la tercera parte de su población está hundida en la pobreza.

La pujanza ha podido incluso con la mala distribución.

Gracias a la soja, tenues salarios y escasa actividad sindical, y merced a los bajos impuestos (maquilas mediante), las inversiones se concentran en territorio paraguayo, fundamentalmente provenientes de Argentina y Brasil.

Paraguay ya es el sexto productor mundial de soja, y sigue creciendo. José Berea, presidente de la Cámara de Exportadores de Cereales, argumenta que supieron aprovecharse de las peleas de los grandes y les ganan con impuestos y sueldos bajos.

"Mientras Argentina le ponía trabas a la industria fluvial, acá Paraguay le brindó impuestos bajos, salarios acordes a mercado y hoy es la tercer flota mundial de barcazas. Paraguay supo leer bien lo que pasaba en Argentina".

Gracias a ello la pobreza bajó del 50% al 27%. Pero la indigencia -que es algo más que estadística- es algo que rompe los ojos en La Chacarita, a pocos metros del Parlamento, y en gran parte del país.

Al mismo tiempo, la ciudad muestra trazos de abundancia en algunas zonas. Hay nuevos barrios, nuevos shoppings, en los últimos años comienzan a verse edificios de diseño. Cada vez más la gastronomía de élite se abre paso, las marcas más prestigiosas instalan sus tiendas en la ciudad capital.

"Ahora tenemos la clase media más pujante de toda la región. Venimos atrasados porque venimos de abajo pero el crecimiento es muy fuerte, la clase media se duplicó", señala Lea Giménez, la joven ministra de Hacienda.

"Paraguay cambió por completo. En la época de la dictadura la economía se basaba en falsificación de productos, contrabando, narcotráfico, tráficos de armas. Ahora es completamente diferente", explica Carlos Fernández, gobernador del Banco Central.

"Hace unos años -cuenta al diario madrileño- fuimos a Brasil y les dijimos "están en crisis, ¿qué hacemos? Tienen dos posibilidades: sigan importando de China o les ofrecemos Paraguay para que empresas brasileñas se vayan y produzcan con un costo similar o menor que en China. Tienen un impuesto del 1% las maquilas. Y todo a pocos kilómetros de San Pablo. Es el modelo mexicano. Brasil es para América Latina lo que es Estados Unidos para el mundo. Ya hay más de 13.000 empleos en las maquilas y están creciendo al 50% anual".

Abdo y Alegre tienen sus recetas para lo que falta por hacer.

El primero es un apellido ligado al dictador Alfredo Stroessner, que gobernó con mano duro por casi 40 años. El padre del candidato fue secretario del caudillo militar.

No reivindica la era, aunque dice que algunas cosas se hicieron bien durante ese mandato de facto. Pone como ejemplo la represa de Itaipú, motivo al mismo tiempo de orgullo e indignación de los paraguayos.

Fue la obra que determinó la autosustentabilidad energética, pero también fue un caso de sobrefacturación astronómica que enriqueció a una minoría a la que los paraguayos llaman "Barones de Itaipú".

No es casual que el Partido Colorado esté identificado con los grandes intereses financieros. El propio presidente Horacio Cartes es un dueño de un conglomerado de 25 empresas, con fuerte énfasis en la industria tabacalera.

Muchos de ellos han gobernado Paraguay (Cubas, Wasmosy) y ahora llega Abdo, quien también vive en la zona más rica de Asunción, y es -para muchos ciudadanos- una nueva generación que llega para más de lo mismo.

Él se defiende: "Yo tenía 15, 16 años en el final de Stroessner, no hacía política ni militancia en ese tiempo. Yo rescato las políticas que generaron un impacto positivo, y eso no significa reivindicar a la persona".

"Marito" Abdo es un político joven y popular. Estudió marketing en Estados Unidos y cree saber lo que quiere la ciudadanía. Ganó en regla la interna de su sector político a un candidato apoyado por el mandatario.

Representa el ala más conservadora de su partido, también promete reformas radicales de la justicia para reducir la corrupción, un mal endémico del país.

El otro gran candidato, Efraín Alegre, líder del Partido Liberal, típico personaje de la clase media, ha logrado unir a buena parte de la izquierda y el Frente Guasú del obispo Lugo, un candidato que espera en las sombras que la prohibición reeleccionista esté resuelta en 2023.

Consultado por El País de Madrid, Alegre diagnosticó: "Hay un crecimiento económico pero que no es inclusivo. Paraguay tiene enorme recursos naturales pero dos millones de pobres sobre seis millones de habitantes",

Alegre admite la gran dificultad de ganarle al Partido Colorado. "Llevan gobernando desde los 40. Hay unos 300.000 funcionarios públicos, el 95% son del Partido Colorado. El clientelismo es muy fuerte".

Paraguay tiene el desafío de recuperar al 27% de trabajadores campesinos expulsados por la robotización de las nuevas plantaciones sojeras, o la deforestación que provoca el cultivo.

En 2003 el país había tocado fondo. Entró en default selectivo, la pobreza llegó al 50%, quebró el segundo banco del país.

Alegre admite que eso quedó atrás gracias a un acuerdo no firmado entre todo el sistema político.

Sin embargo, cree que el crimen organizado sigue más vigente que nunca.

"El contrabando es el cáncer del Paraguay. Tenemos un presidente que es su negocio, pero ese cáncer afecta al pequeño productor", asegura Alegre.

La confrontación entre él y Abdo representa la lucha "entre república y mafia".

El sacerdote jesuita Francisco "pai" Oliva, un hombre identificado con el trabajo social, lo explicó así: "Hay dos Paraguay: el de los poderosos económicamente hablando con sus empleados políticos y doctores, 1,5 millones de personas, y después el resto, campesinos y clase media baja, y cada vez más baja que está cayendo en la pobreza e indígenas. Hay 100.000 indígenas totalmente abandonados, no hay políticas públicas para ellos ni nada".

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