Los encierros de toros llegaron a Estados Unidos

En Petersburg, Virginia, se hizo una pista para realizar esta tradicional fiesta de Pamplona, en España. Muchos fanáticos y varios activistas en contra. Mirá el video.

 

Tras soñar con ello desde niño, Jim Kennedy, de 60 años, finalmente corrió delante de los toros, aunque no lo hizo en las populares fiestas de la española ciudad de Pamplona, sino en "The Great Bull Run", el primer encierro celebrado en Estados Unidos.

"Es formidable. Lo quería hacer desde que era un niño. Iría a España en un santiamén si pudiera, pero no tengo el dinero", dice tras esquivar una docena de bestias de 400 kilos.

Casi sin aliento, este sexagenario, enfermo de cáncer, no oculta su emoción al contar que decidió venir con dos amigos para "completar su lista" de cosas que hacer antes de morir.

Su blanca cabellera contrasta con los miles de jóvenes que participaron en el encierro el fin de semana en el Virginia Motorsports Park, un circuito de carreras de autos y motocicletas en las afueras de Petersburg, Virginia.

Para la ocasión se erigió una cerca a un lado de la pista y se apisonó tierra -por lo que se gastó 50.000 dólares- "porque queremos que los toros estén seguros y las personas estén seguras", dijo Rob Dickens, el organizador del evento, que espera llevar a otras nueve ciudades a lo largo de Estados Unidos.

El recorrido barroso de 400 metros es más corto -menos de la mitad- y menos vertiginoso que las sinuosas calles de piedra de Pamplona, donde se celebran cada julio los San Fermines, envueltos en la fama y el romanticismo gracias al escritor estadounidense Ernest Hemingway.

Pero ante cualquier eventualidad los 4.000 entusiastas, que pagaron como mínimo unos 50 dólares, debieron firmar un permiso que eximía a los organizadores de responsabilidad legal por muerte o lesiones.

"Firmar es decir 'no voy a demandarlos y si lo hago no voy a ganar', así que no estoy preocupado", dice Dickens, que tuvo la idea al ver frustrado un viaje a la cita del año pasado en Pamplona. 

SUPERMAN Y TANGAS. Como los "mozos" que corren por la ciudad navarra, muchos en Petersburg, incluyendo numerosas mujeres, visten de blanco y pañuelo rojo. No obstante, esto es Estados Unidos, y en el grueso de entusiastas hay varios Superman, Batman, vikingos... y varios hombres en tanga.

Antes de cada carrera -ocho en total- los altoparlantes retumban la melodía de "El bueno, el malo y el feo", seguida de las reglas: la primera y la última, no tocar los toros.

Un falso cementerio de corneados y el verso "¡Perded toda esperanza los que entráis" - alusivo al infierno en la Divina Comedia, de Dante- intentan sembrar el temor y la emoción.

Pero tras los primeros encierros, los toros no despiertan mucho miedo. "No es tan aterrador, pero es de todos modos emocionante", describe Nick, un joven de 24 años de Virginia, tras la primera carrera, que cree "fue un calentamiento para España, el próximo año".

"Si hiciéramos eso (como en Pamplona), en Estados Unidos nos matarían", señala con ironía Preston Fowlkes, dueño de los 26 toros, traídos de su rancho en Kentucky.

"¿ALGUIEN LE PREGUNTÓ A LOS TOROS?". Pero no todo el mundo está contento. Con pancartas en las que se leía "¿Alguien le preguntó a los toros?", "Para los toros no es emocionante" o "Los encierros atentan contra los derechos de los animales", una quincena de manifestantes protestaban a las afueras.

"Promueven la imagen de que les importa el bienestar de los animales, pero lo que les interesa es hacer dinero", reclama Will Lowrey.

Para el presidente del grupo de defensa de animales The Humane Society, Wayne Pacelli, que se acercó para ver la acción, el evento es "tonto" pero "no alcanza los niveles" de las peleas o matanzas de animales.

AFP.

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