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Los detalles de la estafa millonaria, la fuga y la caída de Mónica Rivero

Rivero logró robar de la empresa Lestido U$S 7,6 millones en una década. Mantuvo a su familia, realizó viajes y apostó la plata en el Conrad; donde era clienta VIP.

El principio del final de una historia de más de una década de estafas, apuestas en el Conrad y viajes por el mundo; empezó el pasado miércoles 27 cuando Mónica Rivero fue detenida en la Barra de Chuy.

Según un informe que publicó el diario El País, un grupo de policías interceptaron una camioneta Montana de color gris, con chapa brasileña. En ella viajaban un hombre y una mujer. Al solicitarle los documentos, ella hace alusión a que nos los lleva consigo pero le indicó a los oficiales que su nombre era “Ana Fernández”.

Sin embargo, los policías muestran una foto de Mónica Rivero; una mujer desaparecida desde el 13 de febrero de 2017 que era buscada por estafa, lavado de activos y robo. En ese instante, “Ana” reconoció su verdadera identidad.

En 2017 la importadora de autos y camiones Lestido, reconoció un faltante en su caja de U$S 198.000. Mónica Rivero con 24 años de trabajo en la empresa y amparada en su rol de jefa de finanzas y tesorera; montó una estrategia contable que le permitió robar un total de U$S 7,6 millones de dólares en 10 años.

Rivero engañó a sus superiores, a la auditora internacional KPMG y a los proveedores. Además se convirtió en jugadora VIP del reconocido casino Conrad y gozaba de grandes beneficios, a pesar de que tenía un sueldo nominal de $ 81.287, según El País. Allí llegó a jugar U$S 4.244.924 entre 2007 y 2017, como informó el medio.

Mónica reconoció los delitos cometidos frente a la policía y en virtud de las pruebas reunidas en la investigación, fue condenada a prisión por delito continuado de estafa y falsificación de documento, por la jueza fiscal Ana Ruibal.

Maniobra de fraude millonaria

Tras los expedientes judiciales a los que tuvo acceso El País, el medio pudo realizar una reconstrucción de los hechos.

El 10 de febrero de 2017, Rivero sabía que había llegado el final de su maniobra de fraude. Su jefe le informó que desde KPMG realizarían una auditoría, estudiando los comprobantes de la contabilidad y de los asientos. Según expresó su jefe superior ante Ruibal, Mónica preguntó para qué era la investigación. “(Él) le contestó que en general se hace para buscar fraudes o desviaciones. Le comentó que era una cosa normal. Fue ella la que preguntó para qué era el trabajo. Eso nos llamó la atención, porque en general esas cosas no trascienden demasiado".

Ese día Rivero se retiró antes de la empresa, y salió del lugar con una cartera negra y un bolso de tela negra; como consta en las cámaras de seguridad según publicó el medio. El lunes siguiente, su marido la llevó a la peluquería de Luis Alberto de Herrera y Ramón Anador; a la que Rivero nunca entró.

Según sus declaraciones a Interpol, ella decidió irse “porque sabía que en la empresa estaba la auditoría” y no sabía cómo tapar el dinero que había sacado para jugar. Así emprendió su rumbo hacia la Barra del Chuy, con unos U$S 80.000; de los cuales una parte se los robó de la caja fuerte y el resto lo había ganado en el casino con su hermana.

Al tomar conocimiento de su desaparición, desde la empresa comienzan a revisar sus fondos. Según publicó El País uno de los principales directivos de la automotora, dijo que ella, en su rol de tesorera, recibía las cajas de dinero y depósitos de proveedores. Y agregó que “está asombrado de todo”.

La primera denuncia se realizó cuando la empresa pudo constatar un faltante de dinero inicial, que asciende a U$S 200.000. Del que hay que descontar lo que Rivero se llevó días atrás, y la diferencia fue dinero que Rivero sacó de la empresa entre diciembre, enero y los días de febrero; según El País.

Lestido decidió realizar una primera auditoría interna y allí se pudo constatar que la tesorera había robado un total de U$S 2,5 millones, de las cuentas de sus proveedores Audi y Man. Luego de ampliar la denuncia, y al finalizar la investigación interna, Lestido comprobó que el fraude total fue de U$S 7,6 millones. De esta forma, la denuncia pasó a Crimen Organizado, donde se comenzó a investigar un posible lavado de activos.

Rivero comenzó a robar en 2006. El primer año se quedó con U$S 83.680 y cómo pasó desapercibida, llegó a robar U$S 1.293.233 en 2011. La tesorera recibía de los proveedores de Lestido las “confirmaciones de saldo”, según informó El País. El procedimiento de la estafadora, era modificar los saldos de las cuentas adeudadas por la empresa.

Así enviaba a KPMG la suma fraguada y extraía el dinero del pago a proveedores. Si esto era reclamado, ella se encargaba de trasladar el pasivo a otro proveedor o sacar fondos de otros depósitos. De esta forma, según consta en el informe de la auditoría, ella “creaba asientos contables falsos sobre depósitos en efectivo” y así justificaba el dinero que faltaba de la empresa.

Una vez que la empresa auditora pidió a Lestido que la confirmación de los saldos se hiciera sin empleados intermedios, se verificaron las diferencias existentes entre la información enviada por los proveedores y la que mandaba Rivero. Sin embargo ya era tarde, debido a que la tesorera ya se había escapado. Antes de que la empresa KPMG fuera desvinculada de Lestido, confirmó que la suma robada asciende a U$S 7,6 millones.

La plata invertida en viajes, joyas, jugadas en el Casino y casas

Una vez que la familia dio a conocer lo sucedido en la empresa y la realidad comenzó a salir a la luz, un grupo de Crimen Organizado llegó a la vivienda de Rivero en Las Acacias. Allí vivía su hermano y hermana y detrás en un apartamento, Rivero y su marido. Del allanamiento, se encontraron dos computadores, siete celulares, prendrives, una tablet, un grabador, cuatro tarjetas de puntos del Conrad U$S 6.000; según publicó el diario.

Del apartamento, incautaron 4.918 pesos argentinos, 300 dólares, 355 euros, 7.900 pesos uruguayos, tres billeteras, una tarjeta de crédito, 14 cajas vacías de joyería Revello, cadenas, relojes, pulseras, anillos (31 joyas en total, de oro, de plata, con brillos), cuatro celulares, cuatro pasaportes, un Ipad y tarjetas varias.

Pero a su vez, la investigación también puso foco en el Conrad; ya que Rivero, su marido y su hermano eran clientes VIP; donde llegaron apostar más de U$S 3,2 millones. Tenían tarjetas con puntos, que los podían canjear en el restaurante, masajes, spa, entre otros servicios. El jerarca del Conrad, reconoció que eran personas conocidas, y que jugaban y se llevaban dinero en efectivo. A su vez, el jerarca dijo que tienen “políticas muy estrictas, garantizamos que ciertas cosas no ocurren, pero el detalle de los ingresos creo que no lo tenemos. Y constató que el monto final del gasto era de US$ 3.598.097 con la tarjeta a nombre del marido de Rivero, y US$ 646.827 con la del hermano.

Según el diario, la estafadora gastó el dinero en apuestas y en viajes que realizó a Buenos Aires, Europa, Estados Unidos y el Caribe. Pero también le daba dinero a su hermano mensualmente, le pagaba el gimnasio, le regaló U$S 80.000 para pagarse un apartamento y le daba dinero para apostar en el casino. Además Rivero y su marido eran dueños de un apartamento en La Aguada, que tenían alquilado, y cambiaron de auto cuatro veces entre 2004 y 2015.

Sin embargo, todos los bienes están embargados desde febrero 2017 ya que desde esa fecha los familiares subsistieron con sus cuentas de sueldo, según informó el diario. En el proceso de investigación se les cuestionó, al marido y a su hermano, de dónde sacó Mónica todo ese dinero. Ambos respondieron que nunca se lo preguntaron, que creían que era de las apuestas.

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