Li Keqiang, el liberal "mufa" que será el primer ministro chino

De origen familiar humilde, sin brillo mediático, fue un estudiante "intelectualmente superior". Tiene fama de hmbre de mala suerte en un país muy supersticioso.

Hasta ahora "segundo" en la sombra de Wen Jiabao, Li Keqiang es el sucesor natural del saliente primer ministro chino, cargo en el que podrá comprobar si la combinación de su tendencia liberal y el arraigo a sus humildes orígenes son útiles para mantener el crecimiento económico de la potencia asiática.

A diferencia de Xi Jinping, su compañero de carrera hacia la cúpula del poder chino como más que probable sucesor del presidente Hu Jintao, Li carece de brillo mediático y su origen humilde y su desconocida vida personal le han mantenido en un segundo plano, a pesar de estar a punto de entrar en la elite política mundial.

Su padre era un funcionario local de bajo rango de la provincia de Anhui (este), donde nació en 1955, y su esposa es profesora de Economía en una universidad de Pekín.

Como su mentor Hu Jintao, empezó su formación política en la Liga de Juventudes Comunistas en la que entró mientras ejercía "labores rurales" en un remoto campo de reeducación de su provincia en plena Revolución Cultural.

Cuando la situación se calmó, ya a finales de los años 70, llegó a la capital ávido de conocimientos y se matriculó en Derecho en la Universidad de Pekín, licenciatura que acabó con nota y remató con un doctorado en Economía.

En su etapa como estudiante se le consideró "moral e intelectualmente superior", una definición que quedó constatada al ocupar el puesto de jefe del Partido Comunista chino (PCCh) de la provincia de Henan (próxima a su hogar natal) con sólo 43 años, el líder más joven de su categoría.

Sin embargo, Henan fue un capítulo agridulce para Li. Su mandato estuvo plagado de desastres que afrontó con cierta "pasividad", según las críticas, y que incluyeron desde una ola de crímenes hasta una serie de graves incendios.

La sucesión de los más peregrinos incidentes le dieron fama de "gafe", una reputación que no es baladí en un país con un arraigado apego a la superstición. Pero las críticas más acerbas vinieron por otros derroteros.

Li heredó de su predecesor un caso de miles de contagios de VIH en la provincia que, supuestamente, intentó encubrir al verse incapaz de encontrar una solución.

Su redención llegó años después al buscar soluciones a largo plazo para Henan, huyendo así de la tradicional querencia oficial por los parches. Cuando dejó el puesto en 2004, el PIB de la provincia había ascendido diez puestos en el ránking nacional.

Entre entonces y 2007, mientras estuvo al mando de la provincia septentrional de Liaoning, el actual viceprimer ministro promovió que al menos un miembro de cada familia tuviese un trabajo, una iniciativa que bajó los índices de paro y recibió el aplauso de la población menos pudiente.

Ya con sólidas credenciales y de la mano de Hu, en 2007 consiguió entrar en el Comité Permanente del Partido, el selecto grupo de nueve miembros que compone el máximo órgano de poder de la formación, y apenas un año después, ascender a viceprimer ministro.

En su actual cargo ha destacado por pertenecer al ala más liberal del Gobierno e instar, desde hace dos años, a cambiar la estructura económica y fomentar la demanda interna, en la línea de Wen Jiabao.

Definido como "comprometido y bien informado" en uno de los cables filtrados por Wikileaks, una de las recetas de Li para combatir la acuciante desigualdad socio-económica que padece el país es modernizar el modelo agrario y hacerlo "competitivo y eficaz".

Así lo sostuvo también en el artículo "Trabajemos de la mano" que firmó para el diario "El País" en enero de 2011, poco después de ser recibido a lo "Bienvenido Mr.Marshall" en España, donde prometió yuanes y acuerdos financieros a la maltrecha economía ibérica.

Li no tuvo entonces reparo en reconocer que en la potencia asiática "todavía hay gente que no tiene acceso al agua potable y vive en chozas... En la China de hoy coexisten lo avanzado y lo rezagado con las nuevas y viejas contradicciones entrelazadas".

Ese retrato de la potencia asiática refleja bien el carácter del líder, quien tendrá que demostrar si la combinación de su apego a sus orígenes y su tendencia liberal son de utilidad a un país que no quiere que un precipitado crecimiento arrase con sus milenarias raíces. EFE

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