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La pregunta más difícil que le hicieron al fiscal de homicidios Juan Gómez

No se la hizo un juez o un abogado defensor, ni un acusados o familiar de la víctima. La respuesta conformó a todos.

Las primeras audiencias, allá por noviembre, acaparaban el interés de todos porque nadie sabía en verdad como iban a resultar.

A siete meses de implementado el nuevo Código del Proceso Penal, esta semana se vivió uno de los acuerdos más llamativos entre las partes que derivó en un juicio abreviado por homicidio, pero esa no fue la noticia.

Cuatro personas iban a recibir una sentencia por homicidio agravado producto de uno de los denominados ajuste de cuentas ocurrido en marzo. Otro titular, pero tampoco fue esa la noticia.

Las pruebas irrefutables de la Policía Científica, algunos testigos protegidos y otros elementos llevaron a los sujetos a confesar y abrir allí la posibilidad de un juicio abreviado que en los hechos significó una pena menor a la inicialmente propuesta, que era de las más altas del Código. Pero eso tampoco fue la noticia.

Mientras se esperaba la sentencia del juez, en el pasillo se encontraron varias de las personas que habían participado de la audiencia.

Dos estudiantes de abogacía, la defensa de los imputados, el fiscal y la familia de los acusados: dos mujeres y dos niños, de siete la pequeña y de cuatro el varón.

En un momento de la espera, donde prácticamente todos sabían ya el resultado del juicio, la niña, que había presenciado la audiencia, se separó de su madre y caminó unos pasos hacia el fiscal. Con su dedo índice le tocó la panza y le dijo: “Señor, por qué mi papá no puede volver a mi casa?”

Tras un día intenso de trabajo, Juan Gómez mostró con su rostro que esa era la pregunta más difícil que le habían hecho durante la jornada, y pensó unos segundos, mientras todos esperaban por su respuesta con cierta tensión en el aire, y en absoluto silencio.

“Mirá, las personas mayores a veces hacemos cosas por las que tenemos que estar un rato en otro lado, pero tu papá te quiere y va a volver a tu casa, quedáte tranquila que es así”, le respondió.

La niña siguió mirándolo unos segundos más y tras darse por satisfecha en su inquietud volvió a la silla donde su madre la esperaba con notoria sorpresa.

Nadie más habló en ese pasillo, mientras se esperaba la sentencia.

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