Matías Bernat, de 20 años, sufrió una verdadera odisea en la madrugada del sábado último.
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La odisea de Matías Bernat, secuestrado por delincuente el sábado de noche
La víctima estaba con amigos en la puerta. El agresor ofreció drogas, los robó y luego se llevó al joven -arma en el cuello- a dar un paseo loco
Es un joven como cualquier otro: estudiante de educación física, a punto de recibirse. En vacaciones ayuda en el negocio de sus padres en la Ciudad Vieja. Hasta no hace mucho jugó en las inferiores de Nacional.
En su cuenta de Facebook aparece de bebé en brazos de "El chino" Recoba y luego abrazado a él en el final de su carrera. Matías posa en la foto vestido de jugador de Nacional emocionado por el reencuentro con el ídolo.
El fin de semana estaba con dos amigos en la puerta de su casa en Acevedo Díaz, entre Hugo Prato y Maldonado.
No estaban haciendo gran cosa: comían papas fritas y conversaban hasta que un hombre se les acercó.
No lo conocían. Venía tomando cerveza, fumando algo que Matias identificó como "bazoco", una mezcla de marihuana con pasta base.
Matías lo identificó así en una nota con El País: "camperón de Peñarol, morral, gorrito, vaquero y championes con resortes".
El sujeto les ofreció droga y le dijeron que no. Pidió plata y le dijeron que no. Sacó un arma de fuego y pidió los celulares de los tres. Allí no tuvieron alternativa.
Después le sacó la billetera a otro de los amigos de Matías. Adentro había 20 pesos. El delincuente los chicaneó: "¿vieron cómo había plata?".
La víctima le advirtió que no le daba para nada, ni para la bajada de bandera de un taxi.
El delincuente redobló la apuesta: "no me importa, me sirve todo. Dame los championes".
Otra vez apuntó hacia Matías. Le pidió la campera y también los championes.
Cuando se estaba sacando el abrigo se cayeron accidentalmente las llaves del auto.
Matías le dijo no saber dónde estaba el coche.
El agresor vio allí otra oportunidad. Tomó las llaves y usando el desbloqueador de la alarma identificó el vehículo.
Amenazándolo con el arma, tomó a Matías de rehén. Ya adentro del coche, le dijo: "Ellauri y la rambla".
La composición de lugar no podía ser más tétrica: un arma cargada, un hombre en mal estado mental, un destino imposible.
Matías no sabia qué hacer. Durante todo el viaje tuvo el arma en el cuello y a veces en las piernas.
Cada tanto, el sujeto abría el tambor para mostrarle que había balas. También abrió la ventana y estuvo a punto de disparar hacia la calle sin punto fijo.
En la mitad del camino, el delincuente cambió de idea: "vamos al faro" de Punta Carretas, le dijo.
Matías cree que el hombre pensaba que lo estaban persiguiendo.
Atravesaron Bulevar Artigas y en Echeverría, frente a la escuela Francia, la víctima decidió negociar otra cosa: "te dejo el auto en punto muerto, yo así no puedo seguir manejando".
El ladrón no sabía manejar pero aceptó la propuesta.
A cambio, Matías le dio un breve curso de manejo. Le quiso explicar cómo hacer los cambios. Cuando el delincuente metió reversa y se trancó el automóvil, la víctima aprovechó la agitación y el descuido para huir.
Corrió con todas sus fuerzas sin mirar atrás. Se escondió en una estación de servicio cercana y desde allí llamó a la Policía. Lo tuvieron varios minutos haciéndole preguntas, como por ejemplo el color de los celulares robados.
Horas después, el denunciante volvió al lugar con la Policía. La demora ocurrió por falta de personal, le explicaron.
Por suerte, el auto seguía allí con las llaves puestas. Se había llevado todo lo que les habia robado a los tres amigos, salvo un champión que quedó relegado en la fuga.
FOTO: Matías Bernat, Facebook
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