Famoso ladrón de bancos "asqueado" de robos a embarazadas

El uruguayo Mario Vittete, preso en Argentina, confiesa no entender los nuevo códigos de la delincuencia. "Antes éramos Robin Hood"

El ladrón uruguayo preso en Argentina Mario Vittete Sellanes, cerebro del llamado "robo del siglo", dijo estar asqueado de la falta de códigos de la nueva delincuencia, en especial por los últimos asaltos a mujeres embarazadas.

"Antes, en estas sociedades uno jugaba a Robin Hood o al justiciero. Ahora cada cual para sí, y el resto no importa. Porque a la hora de otorgar un beneficio liberador siempre está primero el 'gil' y de última un chorro, pero nunca un ladrón", explica.

El maragato Vittete, quien se considera un "profesional del delito", cree que una cosa es robar y otra atacar personas vulnerables.

"Un acto así es por pasión, sadismo, resentimiento o locura. Nunca para robar", comentó al diario Perfil desde su celda en la cárcel de General Alvear en la Provincia de Buenos Aires.

El estratega del robo al Banco Río de Acasuso, por el cual está sentenciado a 21 años y 6 meses de prisión, sostiene que los presos que balearon a una mujer embarazada merecen toda la condena social, aún entre sus pares.

"Si fuera por pasión, antiguamente les decíamos 'mataconcha', y no eran muy discriminados. Sí se discriminaba a los infanticidas, sean hombres y mujeres, y la pasaban muy mal. Nadie que va a robar le da un tiro a una embarazada", advierte.

Como muchos ladrones de la vieja guardia, Vittete -a quien se le conoce como "El Hombre Araña por robar escalando edificios-, cree que el que mata o balea a una mujer "va a hacer cualquiera". "Lo que salga: robar, matar, ultrajar, y todo por un celular y 20 pesos para el paco (pasta base)".

Esa realidad que ocurre en Argentina también es trasladable a Uruguay, donde según el director del Observatorio de Violencia y Criminalidad, Javier Donnangelo, más del 55% de las rapiñas tienen como foco celulares y cifras de dinero inferiores a los 500 pesos.

"Antes aquí, en estas prisiones, éramos pocos y conocidos. Un individuo así no socializaba casi con nadie. Ahora es al revés: el bicho raro soy yo. Antes a un paquero le daba un “bife” con la mano abierta y a mí me presentaba sus respetos", comenta

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