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Elecciones en EE.UU.: casi 100 millones ya votaron y Trump tiene a sus abogados en gateras

El presidente quiere evitar que sea contadas boletas que lleguen después de mañana, martes.

Donald Trump confirmó que intentará que el recuento de los votos finalice el mismo martes y advirtió que tiene listo a su equipo de abogados para concretar su cometido ante los jueces.

“No creo que sea justo que tengamos que esperar mucho tiempo después de las elecciones” para saber el ganador, dijo el líder republicano, que puso en duda la honestidad del sistema en los estados gobernados por demócratas, algo sin precedentes en EEUU.

Más de 94 millones de estadounidenses han votado anticipadamente (mucho más que los 58,3 millones que lo hicieron en 2016), y entre ellos una considerable mayoría está registrado como demócrata. Sin embargo, en varios estados el conteo de estos votos es posterior al de los sufragios del martes, por lo que los resultados iniciales favorecerían a Trump.

“Creo que es terrible que se puedan recolectar papeletas después de una elección”, dijo Trump, abriendo la posibilidad de que votos emitidos legalmente y en fechas correctas no sean incluidos en el conteo. La polémica es mayor por las boletas que, por demoras del correo, llegarían en los días posteriores al martes. Algunos estados han habilitado la inclusión de esos votos, siempre que hayan sido enviados antes de la fecha límite.

“Tan pronto como terminen las elecciones, iremos con nuestros abogados”, advirtió Trump. “Debieron mandar sus boletas hace mucho tiempo, debieron mandarlas hace un mes. Es una decisión ridícula”, comentó el mandatario ante sus seguidores.

En concreto, citó el caso de Pensilvania, uno de los estados más reñidos, poniendo en duda la integridad del sistema, sin citar evidencias al respecto. Allí, se espera que los primeros conteos favorezcan desproporcionalmente al presidente, ya que los votos anticipados (mayormente demócratas) solo comenzarán a procesarse el martes, una tarea que demoraría varios días, según confirmaron las autoridades locales. Trump comentó: “No queremos estar en una posición en la que se le permita ver llegar todos los días boletas (y pensar) ‘a ver si solo podemos encontrar 10.000 votos más”.

Jason Miller, asesor de campaña de Trump, ya había dejado flotar una intención de interrumpir los conteos de votos para proclamarse ganador.

“El presidente Trump estará por delante en la noche electoral. Creemos que estaremos en más de 290 votos electorales en la noche. Después los demócratas van a tratar de robarnos la elección”, dijo en televisión Jason Miller. Es muy improbable que la campaña republicana logre la noche del martes la mayoría del colegio electoral (a partir de 270), lo que da a entender que la campaña republicana dará por finales los conteos provisorios, cuando todavía falten procesar miles de boletas"

En un adelanto de lo que pueden ser las disputas judiciales, en las últimas horas la Corte Suprema de Texas rechazó una petición de abogados republicanos que solicitaban la anulación de 127 mil votos en el condado de Harris (al que corresponde Houston), de población ampliamente demócrata. Los sufragios emitidos desde los automóviles (en un sistema drive-through) habían sido puestos en duda por candidatos oficialistas, pese a haber sido avalados por las autoridades estatales.

Tener más votos, perder la elección

"Hermoso". Así es como Donald Trump, un outsider de la política, calificó su llegada a la presidencia de Estados Unidos tras las elecciones de 2016, en las que se impuso a la demócrata Hillary Clinton.

Ello, pese a que la exprimera dama y exsecretaria de Estado había recibido casi tres millones de votos más que el candidato republicano.

Pero, al ganar por estrecho margen en estados clave, Trump logró reunir los 270 votos del Colegio Electoral necesarios para llegar a la Casa Blanca.

En víspera de las elecciones del martes en las que Trump vuelve a disputar la presidencia, esta vez ante el demócrata Joe Biden, las normas de este sistema indirecto, que algunos consideran anacrónico, vuelven a ser objeto de atención.

- ¿Por qué un Colegio Electoral? -

Los 538 integrantes del Colegio Electoral se reúnen el las respectivas capitales de sus estados cada cuatro años tras la elección para designar al ganador.

Para ganar, un candidato presidencial debe obtener la mayoría absoluta de los votos del Colegio: 270.

Este sistema, originado en la Constitución de 1787, establece una elección presidencial indirecta en una sola ronda.

Los padres fundadores vieron en este sistema un compromiso entre una elección presidencial con sufragio universal y una elección por parte de miembros del Congreso, algo que no se consideraba suficientemente democrático.

Desde entonces, se han propuesto infructuosamente centenares de enmiendas para modificar o abolir al Colegio Electoral.

El debate se reavivó con la victoria de Trump de 2016 sobre Clinton.

- ¿Quiénes son los 538? -

La mayoría de sus integrantes son funcionarios locales electos o líderes partidarios, pero sus nombres no aparecen en las boletas de sufragio, por lo que sus identidades son prácticamente desconocidas para los votantes.

Cada estado tiene tantos votos en el Colegio como miembros en la Cámara de Representantes (número que depende de su población) y en el Senado (dos por cada estado de la Unión, independientemente de su tamaño).

California, por ejemplo, tiene 55 votos en el Colegio, Texas 38 y los estados escasamente poblados como Alaska, Delaware, Vermont y Wyoming solo tienen tres cada uno.

La Constitución otorga a cada estado la facultad de decidir cómo computa los votos. Salvo en Nebraska y Maine, el candidato que obtiene más votos se lleva, en teoría, todos los electores de ese estado en el Colegio.

- Institución polémica -

En los comicios de noviembre de 2016, Trump obtuvo 306 votos en el Colegio Electoral. Indignados, millones de estadounidenses firmaron una petición para pedir a sus integrantes republicanos que bloquearan su designación como presidente.

El esfuerzo fue en vano, pues solo dos de ellos, en Texas, desertaron, por lo que Trump terminó siendo ungido presidente por 304 votos.

Los republicanos denunciaron que la movida no fue más que un acto desesperado por parte de activistas que se negaban a aceptar la derrota.

La situación de 2016 de ganar la Casa Blanca sin obtener la mayoría del voto popular no carece de precedentes. En total, ocurrió cinco veces.

El primero fue John Quincy Adams, en 1824, en detrimento de Andrew Jackson.

Más recientemente, la elección de 2000 terminó prácticamente en un empate en Florida entre el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore.

Gore obtuvo unos 500.000 votos más que Bush a nivel nacional, pero el republicano terminó ganando en Florida, por lo que se impuso con una mayoría de 271 votos en el Colegio Electoral.

- "Electores infieles" -

Nada en la Constitución obliga a los electores del Colegio a votar de una forma u otra. Si algunos estados les exige respetar el voto popular y no lo hacían, los llamados "electores infieles" estaban sujetos a una simple multa.

Pero en julio de 2020, la Suprema Corte dictaminó que los estados pueden imponer penas contra esos electores desleales con leyes que les obliguen a votar siguiendo el sufragio popular en su estado.

Entre 1796 y 2016, unos 180 electores emitieron votos contrarios a la fórmula presidencial que ganó en su estado, aunque nunca determinaron el resultado de la elección.

Los electores se reunirán el 14 de diciembre para votar la fórmula presidencial, porque la ley establece que el Colegio se "reunirá el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre".

El 6 de enero de 2021, el Congreso certificará al ganador, que asumirá el cargo el 20 de ese mes.

¿Y Biden?

Mientras tanto, los candidatos siguen apelando a sus publicidades y a la esperanza del electorado.

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Joe Biden, de 77 años, un prestigioso político demócrata, intenta llegar por tercera vez en su larga carrera en Washington a lo más alto de la política mundial. Lo intenta pese a las pruebas presentadas por los seguidores de Trump -Rudolf Giuliani fue el encargado de diseminar la noticia- de que uno de los hijos el candidato Hunter Trump utilizó su status familiar para permtitir el cabildeo de empresas ucranianas durante el mandato de Obama.

“Los e-mails secretos de Biden”. “Un ejecutivo ucranio agradeció a Hunter Biden la oportunidad de reunirse con su papá vicepresidente”. La sorpresa de octubre de la campaña de Trump, como se conoce a esas bombas informativas destinadas a cambiar a última hora el curso de una campaña presidencial, llegó el miércoles día 14. Fue en la primera página del New York Post, el tabloide estadounidense de Rupert Murdoch, uno de los diarios de mayor circulación del país.

La historia del New York Post se basa en una breve correspondencia electrónica, en particular un correo de abril de 2015, supuestamente enviado a Hunter Biden por Vadym Pozharskyi, asesor de Burisma. El e-mail dice así: “Querido Hunter, gracias por invitarme a [Washington] DC y darme una oportunidad de conocer a tu padre y pasar un rato juntos. Es realmente un honor y un placer”. Del tenor del mensaje no se deduce si la supuesta invitación se concretó y la reunión tuvo lugar. La campaña de Biden ha asegurado en un comunicado que ha revisado la agenda del exvicepresidente de aquellos meses y que no está anotada ninguna reunión como la que describe el tabloide.

Lo cierto es que Hunter Biden integró el directorio de la empresa ucracniana Burisma Holdings desde abril de 2014. Se especula que habría recibido ese generoso reconocimiento laboral para que ejecutivos de esa compañía lograran el apoyo de Washington.

A cuenta de más, Biden Sr. defendió al débil gobierno Víctor Yanukovich, un político satélite de Vladimir Putin, luego depuesto y exiliado en Moscú tras la entrega de Crimea -la mitad rica en yacimientos- a los rusos.

Esto explicó también el movimiento de Biden en marzo de 2016 para presionar al gobierno de Ucrania para que cesaran al principal fiscal del país, Viktor Shokin, quien había estado liderando una investigación sobre el dueño de Burisma.

Hunter dejó el directorio en 2017, pero los oscrura pista ecos de esa pista llegan hasta su papá candidato presidencial.

Los pro y los contra

Lo cierto es que el abismo que ha cavado el presidente expone ya reflejos ominosos para el establishment y Wall Street que por multitud de motivos han hecho de Biden su alternativa. Se reflejan en otro tipo de tendencias, un “pos americanismo” que va tomando formato de doctrina y que excluye a EE.UU. del sistema de decisión, con Alemania entre los primeros en manifestarlo.

Trump no cuenta con un balance de éxitos, es decir de poder, para contrarrestar ese efecto excluyente. La guerra comercial contra China fue una pérdida de tiempo y de dinero, que no modificó el balance binacional superavitario para Beijing. Tampoco detuvo el crecimiento tecnológico chino. Ni se produjo un regreso en manada de las empresas relocalizadas a Estados Unidos. El globalismo, que detesta esta Casa Blanca, está solo cuestionado por la pandemia pero indemne en la interacción actual y futura de las economías planetarias.

En EE.UU., el auge económico que enarbola el mandatario como un suceso propio, fue producto de un extraordinario aumento del gasto público, de la baja de impuestos a los sectores de mayores ingresos y resultado del envión de los ajustes que construyó su predecesor, Barack Obama, al costo de dejar una enorme masa abandonada en la banquina del reparto, que es de donde provienen quienes votaron como lo hicieron en 2016.

Trump ha sido, en este sentido, una ilusión óptica como lo es siempre el populismo, lo cual no quita su capacidad de daño. Es coherente que un experimento tal se arme con mentiras y paradojas. El mandamás norteamericano acusa a Biden de que de ganar haría de EE.UU. otra Venezuela. Lo interesante es que esa dialéctica centrifuga sentimientos propios. Es Trump quien se modela en el caudillismo latinoamericano con su autoritarismo, violación de límites republicanos, personalismo y desprecio por el otro.

¿Y si perdiera Trump?

El presidente estadounidense, Donald Trump, no habla públicamente sobre la posibilidad de ser derrotado en las urnas por Joe Biden.

Pero si eso ocurre el martes, ¿cómo podría ser su vida tras su partida de la Casa Blanca el 20 de enero de 2021?

Si con regularidad evoca su vida previa a la política - "Tuve una vida magnífica" - no ha referido a cómo podría ser después.

A la luz de los últimos cuatro años, es difícil de imaginar un retiro discreto y el anonimato.

- ¿Un regreso a la televisión? -

Trump podría verse tentado de regresar a la pantalla chica.

Si se hizo conocido como promotor inmobiliario en los años 80 y 90, fue el reality show "The Apprentice" (El Aprendiz) el que le permitió ingresar a todos los hogares estadounidenses.

Coproductor de este programa que presentó entre 2004 y 2015, Trump logró, pese a los vaivenes en su imperio de bienes raíces, proyectar una imagen de empresario fuerte y carismático.

En un gran salón de reuniones de la Trump Tower, el magnate recibía a los aspirantes y destituía a uno por programa, utilizando la mentada frase: "You're fired!" ("¡Estás despedido!").

Desde su llegada a la Casa Blanca, deploró en varias ocasiones la postura de Fox News por no ser lo suficientemente trumpista para su gusto.

Los telespectadores "quieren una alternativa ahora. ¡Y yo también!", tuiteó hace algunos meses.

2021 podría ser una oportunidad para comenzar, ya sea desde cero -aunque la inversión inicial podría ser prohibitiva- o desde canales amigables ya existentes, como One America News y NewsMax TV.

- ¿Los tribunales? ¿Prisión? -

Si deja la Casa Blanca, el horizonte judicial de Trump podría oscurecerse significativamente.

En Nueva York, es objeto de dos investigaciones, cada una de las cuales podría conducir a un juicio en su contra.

La primera, una causa penal iniciada por el fiscal de Manhattan Cyrus Vance, es sobre posibles actos de evasión fiscal, fraude de seguros y manipulación contable.

La segunda, en la órbita civil, fue lanzada por la fiscal del estado de Nueva York, Letitia James, para determinar si la Trump Organization mintió sobre la envergadura de sus activos para obtener préstamos y ventajas fiscales.

- ¿2024? -

En teoría, nada impide a Trump volver a intentar llegar a la Casa Blanca en 2024.

La constitución prohíbe servir más de dos mandatos al hilo, pero dos no consecutivos es una posibilidad.

Solo un hombre acertó en esa apuesta: Grover Cleveland, a fines del siglo XIX.

Elegido en 1884, fue derrotado en 1888 y reelegido en 1892.

Pero para ello tendría grandes obstáculos políticos a superar. Por un lado el Partido Republicano podría verse tentado a pasar la página del trumpismo, pero también podría surgir la cuestión de la edad.

Grover Cleveland tenía 56 años cuando comenzó su segundo mandato. Donald Trump tendría 78.

- Varios caminos -

En el tono provocador y burlón que tanto ama, Trump ha mencionado varias "pistas" en los últimos meses.

En junio evocó, entre risas, la posibilidad de realizar un "road trip" con su esposa Melania.

"Tal vez vaya a Nueva York por carretera con la Primera Dama. Creo que me compraré una casa rodante y viajaré con la Primera Dama".

En una nota menos romántica, se detuvo hace unos días durante un mitin de campaña en Pensilvania para admirar camiones estacionados a la distancia.

"¡Lindos camiones! ¿Crees que podría subirme a uno de ellos e irme? Me encantaría, solo conducir y hacer carretera".

En una visita a The Villages, la mayor comunidad de jubilados de Florida, evocó una opción más apacible.

"Me voy a mudar a The Villages. No es una mala idea. ¡Me gusta mucho!".

Pero hay una opción más radical.

"No me voy a sentir muy bien", dijo hace unas semanas, en alusión a la humillación que según él representaría una derrota ante Biden, a quien apoda "Joe el Dormilón".

"Puede que me vaya del país".

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