El misterioso Sanaulá Ghafari dirigió el espectacular resurgimiento del grupo yihadista Estado Islámico en Afganistán, el EI-K, con múltiples ataques contra el detestado régimen de los talibanes. Un macabro balance lo pone ahora en el punto de mira de Washington.
El jefe del Estado Islámico en Afganistán se pone en la mira de EEUU
El misterioso Sanaulá Ghafari dirigió el espectacular resurgimiento del grupo yihadista Estado Islámico en Afganistán, el EI-K, con múltiples ataques contra el detestado régimen de los talibanes. Un macabro balance lo pone ahora en el punto de mira de Washington.
Estados Unidos ofreció el lunes hasta 10 millones de dólares por información que conduzca a la "identificación o ubicación" del líder del Estado Islámico-Khorasan (EI-K), también conocido bajo el nombre de Shahab al Muhajir.
"Ghafari es responsable de aprobar todas las operaciones de EI-K en todo Afganistán y de organizar los fondos para llevar a cabo las operaciones", según el Departamento de Estado, que lo había inscrito en noviembre en la lista negra estadounidense de terroristas extranjeros.
Poco se sabe sobre Ghafari, incluso su origen: algunos lo consideran afgano, otros iraquí.
Jefe del EI-K desde mediados de 2020, es presentado por la propaganda como un comandante militar, uno de los "leones urbanos" del EI en Kabul, que "participó en la planificación y la organización de operaciones de guerrilla y ataques suicida" según la ONG Counter-Extremism Project (CEP).
Inicialmente vinculado a la red ultraconservadora Haqqani, facción históricamente cercana a Al Qaida y hoy integrada en los talibanes, Ghafari, gracias a su "competencia" y "su acceso a las redes", permitió el EI-K sobrevivir a los violentos ataques de los talibanes y de los norteamericanos en 2020.
Desde entonces, el EI-K exhibe una devastadora eficacia. La sociedad Jihad Analytics (JA), especialista en el análisis de la yihad y en el ciber, destaca que el grupo reivindicó 340 ataques en 2021, un nivel récord desde 2018, cuando el grupo estaba clasificado como una de las cuatro organizaciones terroristas mas sangrientas por el índice mundial del terrorismo.
A Ghafari se le atribuye el atentado del aeropuerto de Kabul del 26 de agosto 2021 (185 muertos, entre ellos 13 soldados estadounidenses), pero también operaciones sofisticadas como el asedio a la prisión de Jalalabad durante 20 horas en 2020, como recuerdan los investigadores Amira Jadoon y Andrew Mines en la revista War on the rocks.
"Su objetivo ha sido (..) aumentar los ataques sectarios contra minorías vulnerables y luego lanzar una guerra contra los talibanes", destacan.
Todo ello, desarrollando una estrategia a la vez acorde con las ambiciones planetarias del EI central, y al mismo tiempo centrada en las realidades locales afganas, vivero de una multitud de grupúsculos yihadistas.
Así, Ghafari "pidió a sus comandantes intermedios realizar actividades sociales en las zonas controladas por el EI-K, lo que refuerza su imagen de líder" y le ha permitido suplantar a algunos jefes tribales, estima Asif Fuard, investigador en la General Sir John Kotelawala Defence University, en Sri Lanka.
"El EI-K podrá socavar el poder de los talibanes iniciando una diplomacia intertribal y seduciendo a la población local decepcionada por el gobierno" agrega.
Pero las ambiciones de este hombre de solamente 27 años, según el CEP, no se limitan a Afganistán. El grupo de expertos de Naciones Unidas sobre terrorismo indica que el EI-K desarrolla un "programa regional más amplio, amenazando a los países vecinos de Asia central y del sur de Asia."
Además Ghafari está hoy a cargo, según el CEP, de la oficina Al-Sadiq del EI que administra una zona que cubre a Afganistán, Bangladés, India, Maldivas, Pakistán, Sri Lanka y Estados de Asia central.
Ghafari es por otra parte muy apreciado por el EI central, con el que tiene estrechos vínculos. El líder de EI-K puede así esperar cooptar más combatientes extranjeros, como antaño lo hiciera el EI en Siria y Irak, en los tiempos del autoproclamado califato (2014-2019).
Los ataques suicida del EI-K, en un contexto de crisis económica y porosidad de las fronteras, "podrían transformar a Afganistán en un nuevo punto caliente para los partidarios del EI del Medio Oriente y de Asia central y del sur" advierte Uran Botobekov, experto kirgís sobre el movimiento yihadista.
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FUENTE: AFP
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