AFP

El carbón, un contaminante inevitable en el duro invierno afgano

En el mercado de Kabul, el carbón llega por toneladas ante la inminencia del frío invierno boreal. Aunque los precios suban, los afganos apenas disponen de opciones para calentarse, creando uno de los aires más contaminados del mundo.

En el mercado de Kabul, el carbón llega por toneladas ante la inminencia del frío invierno boreal. Aunque los precios suban, los afganos apenas disponen de opciones para calentarse, creando uno de los aires más contaminados del mundo.

"La contaminación causa severas enfermedades respiratorias (...) Todos los afganos saben lo que hace el carbón", dice Amanullah Daudzai, un cliente vestido con el tradicional atuendo shalwar de color beige.

Tres meses después de la victoria talibán que desalojó al gobierno prooccidental, la economía de Afganistán se colapsa.

En estas condiciones desesperadas, Daudzai asegura que el carbón es todavía la más barata de las alternativas.

"Si tuviéramos electricidad y gas, la gente no usaría carbón", dice uno de los comerciantes, Abdullah Rahimi.

Ninguno de la cuarentena de trabajadores de Rahimi parece haber escapado del polvo negro que ha penetrado hondo en las arrugas de los empleados más veteranos.

Está bien incrustado en las uñas de los trabajadores jóvenes, alguno sin siquiera 15 años, y probablemente en sus bronquios.

- Una lejana cumbre -

La cumbre climática de la COP26 en Glasgow queda muy lejos, y no solo geográficamente. Allí casi 200 naciones firmaron un acuerdo para tratar de disminuir el calentamiento global y situaron al carbón como uno de los principales culpables.

Afganistán, uno de los países más pobres del planeta, es un contaminante modesto, a nivel mundial.

En 2018, un afgano medio generaba 0,2 toneladas de emisiones de CO2, muy lejos de las 15 de media de un ciudadano estadounidense, según los datos del Banco Mundial.

Sin embargo, Kabul a menudo aparece entre las diez ciudades más contaminadas del mundo.

Cada invierno, el aire de la capital, ubicada a 1.800 metros de altitud, se vuelve tóxico, nutrido por el humo de los calefactores domésticos que queman carbón, madera o cualquier otra cosa que pueda arder, desde basura casera a neumáticos.

Desde las montañas circundantes, se puede observar claramente una espesa nube tóxica que envuelve la cuenca donde viven cinco millones de personas.

"El calentamiento global es un problema para todo el mundo. Somos conscientes de ello", dice Daudzai.

"El clima se está volviendo cada vez más cálido. No nieva aquí cada invierno como solía ocurrir", añade.

- Hambre y miseria -

Pero en Kabul, el medio ambiente está lejos de ser el primer motivo de preocupación. Desde que los talibanes recuperaron el poder en agosto, la ayuda internacional se ha reducido, y la economía está en parte paralizada. El desempleo se dispara, los sueldos no son pagados, y se extienden el hambre y la miseria. Y, desde luego, se vende menos carbón.

"Antes se vendía la carga de un o dos camiones en un día. Ahora son necesarios 15 a 20 días" se lamenta Abdula Rahimi. Los precios del carbón han aumentado un 9% desde hace un año, debido al transporte más caro.

Mohamad Yusuf Mangal, un agente inmobiliario de 21 años, acaba de comprar cinco toneladas. Necesitará seis mas para calentarse todo el invierno. "Los negocios están a nivel cero" pero "debemos comprar carbón para sobrevivir" al invierno, dice.

En otro mercado Sharifa Atayee, viuda de 38 años con cinco niños a su cargo, llega para informarse sobre los precios. Renuncia. "Es muy caro este año", dice. Ignora cuando podrá comprar carbón.

Antes, trabajaba en la policía, pero ya no tiene empleo desde la llegada de los talibanes. Ahora, sin trabajo, ha tenido que vender todo su oro y sus joyas, pero con ello no le basta para sobrevivir.

ctx/emd/st/ecl/leg/dbh-me/zm

FUENTE: AFP

Temas

Dejá tu comentario