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Cine de luto: murió Max von Sydow, un gigante del cine que supo ser Dios y el Diablo

El mítico actor sueco de cine fue un icónico intérprete para Bergman, pero también brilló en Hollywood. Fue Jesús, Satanás y un viejo y heroico exorcista.

Max von Sydow, un gigante del cine a escala mundial, murió el domingo 8 de marzo a los 90 años.

Con una carrera de siete décadas, y a lo largo de 163 títulos, el actor impactó al espectador en 1956 cuando jugó al ajedrez con la Muerte, y cuestionó a Dios, en la mítica El séptimo sello de Ingmar Bergman. Por entonces con poco cine y bastante teatro, Sydow reveló sus marcas de fábrica: el talento y la disposición espiritual para cada papel que le tocara componer, fuera protagónico o una aparición de cinco minutos.

Resaltó siempre su voz cavernosa, su elevada estatura (1.93) y un rostro inusual en el cual enlazó la nariz recta y los ojos duros con una quijada permanentemente desencajada, conjunto que le daba la apariencia de una estatua gótica que acabara de cobrar vida.

Con ese arsenal el actor ostenta el récord de haber sido Dios y el Diablo: Jesús en La más grande historia jamás contada, y Satanás en La tienda de los deseos malignos, sobre novela de Stephen King.

En el medio había sido el padre Merrin de El exorcista, donde representó el poder de Dios en su lucha contra Lucifer.

Sydow actuó 11 veces para Bergman, de quien declaró que fue lo mejor que le pasó en su vida, pero además habría que recordar otros roles en Escandinavia, como el díptico Los emigrantes y La nueva tierra, o Pelle el conquistador, que le valió una nominación al Oscar.

Pero además triunfó en Hollywood, donde además de ser Jesús, Satán y el padre Merrin intervino en Flash Gordon, Conan el bárbaro, Duna, Star Wars y Juego de tronos, sin olvidar dos hitos del cine de espionaje (¿Quién es Quiller? y Los tres días del Cóndor) y su participación junto a Woody Allen en Hannah y sus hermanas, Steven Spielberg en Sentencia previa y Martin Scorsese en La isla siniestra.

Fue una larga y diaria tarea en la que el viejo maestro regaló su arte a todos.

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