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Barra bravas y violencia en el fútbol, problema de nunca acabar

En los últimos años, cada episodio de violencia estuvo asociado a anuncios de paquetes de medidas que nunca se llevaron a cabo e investigaciones que nunca han dado frutos

Nuevamente el fútbol uruguayo atraviesa una crisis por la violencia en las canchas. Ayer la justicia procesó sin prisión a cinco hinchas tricolores por los hechos de violencia tras el partido entre Nacional y Newell`s por Copa Libertadores.  

Hoy El País informa que la Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía está investigando a bandas criminales que operan dentro de las hinchadas de fútbol. Se tienen identificados unos 40 hinchas -fundamentalmente de Peñarol y Nacional- vinculados a hechos delictivos graves.

No es la primera vez que se anuncian estas investigaciones a nivel de barra bravas. En 2012 hubo un paciente seguimiento de Inteligencia que llevó tres meses para arribar a la previa del clásico de noviembre con decenas de detenidos en forma preventiva, entre ellos Jorge Fulino Tainsa, conocido como ·El Abuelo”.

En marzo de 2012, la Policía identificó a una decena de grupos de barra bravas considerados “peligrosos”, grupos de 10 o 15 “referentes”, y los dio a conocer a través de la prensa. Subrayado hizo un informe en base a ello.

Entre estas agrupaciones volvieron a la consideración pública estaban bandas como “Lucas Píriz” -vinculada a la muerte del hincha de Peñarol Rodrigo Aguirre.

La principal barra de Nacional es la llamada La banda del Parque está encargada de la seguridad interna. estaba dividida pero hace un tiempo se unificó.

Peñarol no le va en zaga en materia de hinchas violentos. La barrabrava madre se llama "La Caterva" y está integrada con varios subgrupos de triste notoriedad como Los Feos, la 14, la del León, la del Tuerto y la banda del Maxi.

Los cánticos donde se anuncian muertos dan la pauta que estas organizaciones -vinculadas en muchos casos a notorios asesinatos- no tienen ninguna intención de terminar con sus actividades.

La hinchada de Peñarol canta estribillo como éste: "Le dicen el matador al carbonero/ la banda de los borrachos y los faloperos/ya le matamos a uno, le vamo a matar a dos/ cuidate villero puto que sos cagón/Dale Peñarol.

Cierto sector de la hinchada tricolor responde con este tipo de cánticos: "El bolso va caminando al Centenario/ el manya pide custodia porque es cagón/ ya mandamos a Cerro para el descenso/ y vamo a mandar a un manya para el cajón/ tricolor, tricolor

Los problemas de inseguridad en el fútbol siguen desde entonces. A posteriori de ello, la dirigencia del fútbol uruguayo viajó a Inglaterra para conocer el sistema que derrotó a los hooligans. Antes inclusive de estos hechos, en 2006 el Ministerio del Interior trajo expertos de ese país como Chris Whalley para adoctrinar a la fuerza policial.

Ahora se plantean otras cosas. La Policía decidió no ingresar a los estadios. Pero en abril de 2013 había tomado otras determinaciones en base a criterios de seguridad impartidos por países que vencieron a la violencia de los hinchas. Se habló concretamente del modelo inglés.

El paquete de medidas incluía un equipo especial de la Guardia Republicana destinado a mantener la seguridad en escenarios deportivos. Otra promesa incumplida tal vez por problemas de costos: ingreso al estadio con tarjetas magnéticas entre cuyos datos están cargadas las cédulas de identidad de los hinchas.

El anuncio del "paquete se produjo justo cuando Nacional y Peñarol sacaron a relucir grandes enseñas durante sus partidos. Los tricolores desplegaron una bandera de 600 metros de largo por 50 de ancho, en tanto los aurinegros estrenaron una de 300 metros por 50. Debajo de esas banderas pasa de todo.

En Uruguay existe un largo historial de intentos inconclusos de solucionar los problemas derivados de las barra bravas.

En 2008 se firmó un “protocolo de acuerdo” tras incidentes en un partido entre Nacional y Danubio. Los clubes se comprometieron a no repartir entradas entre los hinchas problemáticos. El convenio incluía la obligación, a mediano plazo, de que las personas se identificaran en la puerta de los estadios y estrictas normas exigiendo ver los partidos en los respectivos asientos.

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