Barcos pequeños de migrantes, grandes tensiones entre Francia y el Reino Unido

"En el momento en que están en un barco en el mar, ya han ganado". Maxence, gendarme, forma parte de un dispositivo cofinanciado por el Reino Unido en el norte de Francia para impedir que los migrantes alcancen las costas británicas.

"En el momento en que están en un barco en el mar, ya han ganado". Maxence, gendarme, forma parte de un dispositivo cofinanciado por el Reino Unido en el norte de Francia para impedir que los migrantes alcancen las costas británicas.

Días atrás, sus prismáticos infrarrojos sorprendieron durante la noche a 80 migrantes listos para atravesar el canal de la Mancha, cuando recibían los botes cerca del puerto de Calais (norte), frente a las costas de Inglaterra.

"Estábamos a unos 200 metros cuando escuchamos puertas cerrarse", explica este jefe adjunto de poblada barba. "Salimos con todas las luces y alarmas encendidas, así como con gases lacrimógenos por si nos atacaban".

Los migrantes se dispersaron y los hombres que organizaban la travesía se marcharon en su vehículo, dejando las embarcaciones en la playa, una pequeña victoria para sus equipos agotados del trabajo nocturno y las caminatas por la arena.

Según los guardacostas franceses, 15.400 personas intentaron atravesar el canal de la Mancha en 2021 hasta agosto, un 50% más que en 2020. A fines de ese mes, 828 llegaron a las costas británicas en un solo día, más que en el conjunto de 2018 (600).

Esto desata el malestar del Reino Unido, que pagó a Francia cientos de millones de euros en la última década para impedir estas travesías. El gobierno conservador de Boris Johnson, uno de los adalides del Brexit, exige "resultados".

- "Chantaje financiero" -

"Francia tendrá que ponerse las pilas si quiere ver el dinero", dijo en septiembre la ministra del Interior británica, Priti Patel. "El pago se hará si hay resultados", agregó ante los diputados conservadores, según el diario The Times.

Dos meses antes, Londres había desbloqueado 62,7 millones de euros (72,6 millones de dólares al cambio actual) adicionales para esta cooperación.

Su homólogo francés, Gérald Darmanin, le respondió en Twitter que "Francia no aceptará ninguna práctica contraria al derecho marítimo, ni ningún chantaje financiero".

Los antimigrantes británicos estudian cualquier tipo de proyecto para impedir lo que consideran una invasión de su isla, como la construcción de una barrera flotante en la Mancha o la devolución de las embarcaciones a aguas francesas.

Las fuerzas francesas excluyen por su parte interceptar los barcos cuando han zarpado de la costa para evitar provocar accidentes mortales en un mar famoso por su tráfico denso de embarcaciones, sus fuertes corrientes y sus frías aguas.

A pesar de la tensión, la cooperación entre ambos países era patente durante una reciente patrulla a la que se invitó a la AFP. Más allá, a unos 30 kilómetros, se podían vislumbrar los acantilados de Inglaterra.

Los contribuyentes británicos pagan el vehículo de servicio de Maxence, así como los prismáticos infrarrojos que su equipo utiliza. Londres financia también motos y drones, así como el salario de unos 90 reservistas que patrullan en la zona.

- Medios irrisorios -

Pero estos medios parecen irrisorios ante un fenómeno que ganó fuerza. "Se necesitaría una persona cada 300 metros" para cerrar el litoral, estima el comandante de gendarmería Alexandre Gerland.

Los traficantes de migrantes utilizan además barcos cada vez más grandes y tácticas cada vez más sofisticadas. Los gendarmes por su parte no pueden utilizar sus drones, al impedirlo la legislación.

"Hay intentos por saturación. Envían cuatro, cinco, seis embarcaciones al mismo sector, sabiendo que incluso si detenemos uno, el resto pasará", explica Gerland.

El modo operativo de los migrantes cambió después de años centrados en esconderse en los camiones y autos que cruzan al Reino Unido en ferris o a través del túnel bajo el canal de la Mancha, donde aumentó la vigilancia. Ahora toman la ruta marítima.

"Es realmente difícil", se lamenta Ibrahim, un centroafricano de 36 años, cerca del principal hospital de Calais. "Hace cuatro meses que estoy aquí. Conozco a algunos amigos que lo consiguieron".

Los traficantes exigen más de 1.700 euros (1.970 dólares) para cruzar el canal de la Mancha, una cantidad inabordable para Ibrahim, que se ve condenado a vivir en la calle. Pero no se resigna.

"Espero", afirma este antiguo vendedor que atravesó el Mediterráneo el año pasado, desde Libia hasta Italia. "A veces, en la vida, hay que esperar".

dp/jf/tjc/es

FUENTE: AFP

Temas de la nota

Dejá tu comentario