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Asumió el presidente de Haití poniendo fin a una larga crisis política

El empresario Jovenel Moïse asumió con un llamado a la unidad para permitir el crecimiento del golpeado país caribeño.

Tras ser investido como presidente 58 de Haití, Jovenel Moïse prometió este martes restaurar el orden y llamó a la unidad nacional para permitir el desarrollo económico de este país marcado por la inestabilidad política desde el fin de la dictadura, en 1986.

"Los felicito, porque eligieron la democracia en vez de la anarquía, el camino de la paz antes que el de la violencia, el orden y el progreso en lugar del desorden y la delincuencia que hacen que nuestro país retroceda", declaró el nuevo presidente en su primer discurso oficial.

Moïse, un exportador de bananas de 48 años, inicia su carrera política en el cargo más importante del Estado después de que el mandatario saliente, Michel Martelly, lo eligiera a comienzos de 2015 como su sucesor y candidato del Partido Haitiano Tet Kale (PHTK).

Tras haber agradecido a sus partidarios, en su mayoría surgidos de las clases más poderosas, Moïse centró su discurso en el despegue económico de Haití.

"Voy a trabajar para que la gente de la diáspora que quiere regresar a casa puede hacerlo sin tener miedo, para que la diáspora haga negocios y cree empleos y participe verdaderamente en el desarrollo", dijo.

Según las autoridades, entre 2 y 3 millones de ciudadanos haitianos viven en el extranjero, mientras el país está habitado por unos 10 millones de personas.

Para numerosos parlamentarios, esta investidura es una prueba de estabilidad.

"El pueblo haitiano ha hablado: eligió confiarle las riendas del poder a un hombre joven, un hombre dinámico, un hombre que parece tener ideas para sacar al país de la miseria y la inestabilidad política que desde hace mucho tiempo frena su crecimiento y su desarrollo", dijo Youri Latortue, presidente de la Asamblea Nacional.

La personalidad del nuevo gobernante, casi un total desconocido para el pueblo, contrasta con el carácter extravagante de su predecesor, muy dado a usar lenguaje soez en público.

Su elección pretende poner fin a la larga crisis política que empezó en octubre de 2015, cuando el empresario ganó en primera vuelta las presidenciales pero los resultados fueron anulados debido a fraudes masivos.

En febrero de 2016, cuando Martelly concluyó su mandato de cinco años y dejó un vacío político por falta de un sucesor, el Parlamento eligió como presidente interino a Jocelerme Privert, entonces jefe del Senado.

Las elecciones fueron reprogramadas para octubre, pero los estragos que dejó el huracán Matthew sólo cuatro días antes de la votación la volvieron a postergar al 20 de noviembre.

Finalmente, a inicios de enero pasado, la interminable crisis electoral haitiana pareció llegar a su fin cuando Moïse fue confirmado ganador con el 55,60% de los votos.

"El pueblo haitiano merece tener dirigentes democráticamente electos", escribió el portavoz del departamento de Estado Mark Toner en un comunicado, en el que sostiene que "Estados Unidos reafirma (su) compromiso con el pueblo y el gobierno de Haití".

Canadá también confirmó "su relación de amistad y su solidaridad con Haití", a través de su ministerio de Desarrollo Internacional y de la Francofonía.

CEREMONIA MODESTA. Más de 2.000 personas fueron invitadas a la toma de posesión, dividida en tres actos: la jura del cargo en el Parlamento, una ceremonia religiosa. y el discurso del flamante jefe del Estado haitiano.

Los organizadores quisieron hacer gala de austeridad, ya que Haití sufre una grave crisis económica con una deuda de más de 2.000 millones de dólares y un crecimiento limitado, que se calcula que no superará el 1% este año.

Según el equipo de transición de Moïse, los costos de la investidura ascienden a un millón de dólares, un presupuesto bajo comparado con el de sus predecesores René Preval y Martelly, quienes gastaron más de 4 y 2 millones de dólares respectivamente.

El mandatario electo dijo que invitó a sus 53 rivales de la campaña presidencial como señal para suavizar las tensiones políticas.

TENSIONES A FUEGO LENTO. Pero la temperatura política se mantiene alta, después de que varios miembros de la oposición denunciaran un fraude en la elección de Moïse en la primera vuelta presidencial.

El empresario bananero también es sospechoso de lavado de dinero, según un informe administrativo que reapareció después de que parlamentarios exigieran el fin de la investigación previo a su toma de posesión.

El caso se abrió en 2013 como un proceso de rutina de la Unidad central de información financiera (UCREF), cuyo jefe Sonel Jean-François envió un reporte secreto sobre la investigación a la fiscalía, según reveló el 18 de enero.

Sin embargo, el juez a cargo del caso no tomó iniciativa alguna hasta que cuatro senadores opositores demandaron información sobre los hallazgos de la investigación.

El juez envió sus conclusiones al procurador del Estado, quien hasta ahora no ha hecho declaraciones públicas.

El suspenso socava la frágil popularidad de Moïse en Haití, donde el malestar de la población se vincula a la escasa campaña durante las elecciones y a la desconfianza hacia la capacidad de los gobernantes para mejorar las condiciones de vida en el país.

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